PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 3, 2005
 

ECONOMIA INFORMAL
Dos vueltas más a la tuerca del cuentapropismo

Miguel Saludes

LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Desde el año pasado corrían rumores sobre ciertas medidas que serían aplicadas con relación a los trabajadores por cuenta propia y cuya implementación traerían como consecuencia, si no de inmediato, una progresiva reducción del número de los que tienen licencia para realizar este tipo de labores en Cuba.

La publicación de la resolución 11/2004, aprobada en el mes de noviembre, confirmó lo que ya se comentaba sobre ciertas normativas que serían puestas en vigor en el transcurso del nuevo año por las que varios tipos de actividades no recibirían licencias. Entre los cuarenta trabajos relacionados en la lista restrictiva, aparecen los llamados animadores de fiestas infantiles (payasos y magos), los elaboradores-vendedores de vinos y de artículos varios de uso del hogar (ratoneras, artículos de yarey, palitos de tendedera, etc.), operadores de audio y vendedores de prensa. A ellos también se suman los expendios de comida y bebida mediante servicio gastronómico, poniendo énfasis en los que mantienen sillas y mesas en un área de su vivienda destinada a este servicio.

Las explicaciones que acompañan a cada uno de los incisos señalados no ofrecen, en su mayoría, una razón convincente de la negativa para dar nuevos permisos para estas labores. Casos como el de los aserradores de madera, pudieran ser comprensibles teniendo en cuenta el problema de la tala indiscriminada de árboles. Pero que un payaso tenga que cumplir y presentar documentos acreditativos como que está evaluado para hacer reír al público infantil, es inexplicable.

Lo mismo ocurre con los fabricantes de vinos, los cuales, según señala la resolución y cito textualmente, deben cumplir con las normas sanitarias establecidas al respecto. Es obvio que si alguien tiene un negocio de elaboración de bebidas o alimentos debe cumplir con ciertos requerimientos de salubridad e higiene sin los cuales no puede ser autorizado a elaborar los mismos. Pero no se entiende que no se den nuevos permisos porque hay que cumplimentar tales reglas. Esto se traduce en algo parecido al desesperante juego del Cuento de la Buena Pipa, que siempre nos deja parados en el mismo punto de partida sin dar una respuesta concreta.

Lo anterior se repite en la mayoría de los acápites, como en el caso de los que fabrican y venden artículos ligeros de uso variado en el hogar. La explicación que aquí se señala es que las materias primas para confeccionar estas mercancías deben estar sujetas a las indicaciones establecidas por al Empresa de Recuperación de Materias Primas. No queda claro entonces el motivo de no dar más estas licencias cuando alguien pudiera cumplir con dichas indicaciones.

Por su parte, los vendedores de diarios y revistas ahora tendrán que estar vinculados con la entidad estatal encargada de distribuir la prensa en los diferentes territorios en que se encuentran divididos los municipios del país. Esto redundará negativamente en contra de varias personas, casi todas de edad avanzada, que deambulan por las calles vendiendo lo que han logrado afanar tras largas permanencias en los kioscos que venden periódicos a la población.

En cuanto a los restaurantes conocidos popularmente como paladares, no se expone siquiera un motivo para eliminar las licencias, lo que viene a ser casi como un cierre por decreto.

Pero la cosa no se queda en la reducción de licencias y hasta su desaparición en un plazo más o menos breve. Muchas de las que continuarán siendo autorizadas están ceñidas por las mismas regulaciones que determinan la no entrega del grupo de cuarenta. De esta manera, los que confeccionan artesanías quedarán condicionados en aquellos trabajos hechos con materiales como el yeso, la madera, el aluminio y hasta el barro. Todos estos caen dentro de las limitaciones de materias primas cuyo uso debe estipular el organismo estatal que las controla.

La otra vuelta de llave que cierra aún más a los cuentapropistas, también contenida en esta resolución, dictamina que éstos deben estar vinculados a un centro laboral, señalando uno de sus incisos que los que estén en edad laboral y deseen ejercer la actividad de cuentapropista deben cumplimentar como requisitos, además de no presentar impedimentos físicos o de salud, el estar vinculados laboralmente a una entidad estatal. Sólo así tendrán derecho a la licencia quienes se encuentren en esa situación, a no ser que se hayan agotado las posibilidades de empleo en su municipio de residencia y no encuentren trabajo. Se presume que esta probabilidad extrema no se verificará muy fácilmente.

No se entiende el motivo de que personas que están ejerciendo una actividad laboral reconocida tengan ahora además que realizar un trabajo dentro del marco estatal, cuando se sabe que no existen suficientes capacidades de empleo para todos los que la necesitan. La única explicación plausible para esto puede hallarse en la disminución paulatina del número de licencias para trabajadores por cuenta propia y su futuro cierre.

Desde que comenzaron a circular las malas nuevas, muchos comenzaron a buscar frenéticamente ubicación como serenos y custodios. Uno de los que se encuentra en esta situación es Efraín, un joven que se desempeña como mensajero de bodegas. Hace unos días este cuentapropista fue citado para la renovación de su licencia, y en la oficina encargada de estos asuntos le informaron que para renovarle la licencia debe acatar la reglamentación concerniente al vínculo de trabajo con el Estado.

Desvinculado laboralmente de su anterior trabajo, optó por hacer los mandados de una numerosa clientela del barrio, algo que le ha permitido subsistir sin mayores contratiempos. Pero ahora Efraín necesita una plaza y preferentemente la de vigilante nocturno, lo cual resulta bien difícil. La última esperanza que tenía de conseguirla fue con un amigo que administra un centro nocturno, pero aquél ya no tenía dónde colocar a más personas, de tantas que habían acudido en pos de este codiciado puesto. Y es lógico que así lo hagan, porque mientras la noche la dedican al trabajo estatal, les queda el día para desarrollar sus actividades particulares que es en definitiva la que les rinde mayores dividendos.

La otra preocupación que mantiene en vilo a Efraín es la sombra de la Ley contra la Vagancia, que se dice será aplicada a aquellos individuos que se desentiendan del trabajo en los centros de producción controlados estatalmente.

Algunos trabajadores particulares señalan que otra situación que ahoga el desarrollo de esta actividad es la que impide que las personas con determinadas habilidades en un trabajo y en el que se desenvuelven con independencia, empleen en el mismo a familiares cercanos. La excepción de ayuda familiar se otorga sólo a los casos de elaboración y venta de alimentos. Un señor especializado en materia de chapistería se queja de que no puede emplear a su hijo en un negocio que puede convertirse en toda una tradición, como ocurría en épocas pasadas con aquellos oficios heredados de padres a hijos, como el de los famosos cerrajeros de la Casa Wong.

Se dice que muchos cuentapropistas han pedido sindicalizarse, pero esta posibilidad es prácticamente imposible en la actual concepción político-ideológica que rige en el país. La misma no admite que personas de un mismo ramo u oficio se organicen como una sociedad de trabajadores vinculados por un tipo de trabajo. Una de las razones que se ha dado para que los particulares ingresen en centros laborales es que puedan pertenecer al sindicato respectivo.

Todavía en La Habana se pueden apreciar las huellas de organizaciones laborales y gremiales que existieran en la capital en tiempos pasados. Una de ellas es el círculo de Cantineros de Prado y el Panteón de los Vendedores en el Cementerio de Colón.

Lo contradictorio de todo esto es que los cuentapropistas recibieron el pasado fin de año una carta donde se les felicita por su aporte a la economía del país. Entre ellos estaba Efraín. La carta dirigida a los contribuyentes resaltaba el lema Mi aporte cuenta, y estaba enmarcada en una campaña de declaración y pagos tributarios del venidero 2005. Al final, la misiva cerraba con los mejores deseos de la entidad gubernamental ONAT (Oficina Nacional para la Administración Tributaria) para la vida personal y profesional de estos contribuyentes. Paradójico feliz año el que le espera a muchos de ellos con la aplicación de las nuevas medidas.


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