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ECONOMIA
INFORMAL
Dos vueltas más a la tuerca del cuentapropismo
Miguel Saludes
LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Desde
el año pasado corrían rumores sobre
ciertas medidas que serían aplicadas con
relación a los trabajadores por cuenta
propia y cuya implementación traerían
como consecuencia, si no de inmediato, una progresiva
reducción del número de los que
tienen licencia para realizar este tipo de labores
en Cuba.
La publicación de la resolución
11/2004, aprobada en el mes de noviembre, confirmó
lo que ya se comentaba sobre ciertas normativas
que serían puestas en vigor en el transcurso
del nuevo año por las que varios tipos
de actividades no recibirían licencias.
Entre los cuarenta trabajos relacionados en la
lista restrictiva, aparecen los llamados animadores
de fiestas infantiles (payasos y magos), los elaboradores-vendedores
de vinos y de artículos varios de uso del
hogar (ratoneras, artículos de yarey, palitos
de tendedera, etc.), operadores de audio y vendedores
de prensa. A ellos también se suman los
expendios de comida y bebida mediante servicio
gastronómico, poniendo énfasis en
los que mantienen sillas y mesas en un área
de su vivienda destinada a este servicio.
Las explicaciones que acompañan a cada
uno de los incisos señalados no ofrecen,
en su mayoría, una razón convincente
de la negativa para dar nuevos permisos para estas
labores. Casos como el de los aserradores de madera,
pudieran ser comprensibles teniendo en cuenta
el problema de la tala indiscriminada de árboles.
Pero que un payaso tenga que cumplir y presentar
documentos acreditativos como que está
evaluado para hacer reír al público
infantil, es inexplicable.
Lo mismo ocurre con los fabricantes de vinos,
los cuales, según señala la resolución
y cito textualmente, deben cumplir con las normas
sanitarias establecidas al respecto. Es obvio
que si alguien tiene un negocio de elaboración
de bebidas o alimentos debe cumplir con ciertos
requerimientos de salubridad e higiene sin los
cuales no puede ser autorizado a elaborar los
mismos. Pero no se entiende que no se den nuevos
permisos porque hay que cumplimentar tales reglas.
Esto se traduce en algo parecido al desesperante
juego del Cuento de la Buena Pipa, que siempre
nos deja parados en el mismo punto de partida
sin dar una respuesta concreta.
Lo anterior se repite en la mayoría de
los acápites, como en el caso de los que
fabrican y venden artículos ligeros de
uso variado en el hogar. La explicación
que aquí se señala es que las materias
primas para confeccionar estas mercancías
deben estar sujetas a las indicaciones establecidas
por al Empresa de Recuperación de Materias
Primas. No queda claro entonces el motivo de no
dar más estas licencias cuando alguien
pudiera cumplir con dichas indicaciones.
Por su parte, los vendedores de diarios y revistas
ahora tendrán que estar vinculados con
la entidad estatal encargada de distribuir la
prensa en los diferentes territorios en que se
encuentran divididos los municipios del país.
Esto redundará negativamente en contra
de varias personas, casi todas de edad avanzada,
que deambulan por las calles vendiendo lo que
han logrado afanar tras largas permanencias en
los kioscos que venden periódicos a la
población.
En cuanto a los restaurantes conocidos popularmente
como paladares, no se expone siquiera un motivo
para eliminar las licencias, lo que viene a ser
casi como un cierre por decreto.
Pero la cosa no se queda en la reducción
de licencias y hasta su desaparición en
un plazo más o menos breve. Muchas de las
que continuarán siendo autorizadas están
ceñidas por las mismas regulaciones que
determinan la no entrega del grupo de cuarenta.
De esta manera, los que confeccionan artesanías
quedarán condicionados en aquellos trabajos
hechos con materiales como el yeso, la madera,
el aluminio y hasta el barro. Todos estos caen
dentro de las limitaciones de materias primas
cuyo uso debe estipular el organismo estatal que
las controla.
La otra vuelta de llave que cierra aún
más a los cuentapropistas, también
contenida en esta resolución, dictamina
que éstos deben estar vinculados a un centro
laboral, señalando uno de sus incisos que
los que estén en edad laboral y deseen
ejercer la actividad de cuentapropista deben cumplimentar
como requisitos, además de no presentar
impedimentos físicos o de salud, el estar
vinculados laboralmente a una entidad estatal.
Sólo así tendrán derecho
a la licencia quienes se encuentren en esa situación,
a no ser que se hayan agotado las posibilidades
de empleo en su municipio de residencia y no encuentren
trabajo. Se presume que esta probabilidad extrema
no se verificará muy fácilmente.
No se entiende el motivo de que personas que
están ejerciendo una actividad laboral
reconocida tengan ahora además que realizar
un trabajo dentro del marco estatal, cuando se
sabe que no existen suficientes capacidades de
empleo para todos los que la necesitan. La única
explicación plausible para esto puede hallarse
en la disminución paulatina del número
de licencias para trabajadores por cuenta propia
y su futuro cierre.
Desde que comenzaron a circular las malas nuevas,
muchos comenzaron a buscar frenéticamente
ubicación como serenos y custodios. Uno
de los que se encuentra en esta situación
es Efraín, un joven que se desempeña
como mensajero de bodegas. Hace unos días
este cuentapropista fue citado para la renovación
de su licencia, y en la oficina encargada de estos
asuntos le informaron que para renovarle la licencia
debe acatar la reglamentación concerniente
al vínculo de trabajo con el Estado.
Desvinculado laboralmente de su anterior trabajo,
optó por hacer los mandados de una numerosa
clientela del barrio, algo que le ha permitido
subsistir sin mayores contratiempos. Pero ahora
Efraín necesita una plaza y preferentemente
la de vigilante nocturno, lo cual resulta bien
difícil. La última esperanza que
tenía de conseguirla fue con un amigo que
administra un centro nocturno, pero aquél
ya no tenía dónde colocar a más
personas, de tantas que habían acudido
en pos de este codiciado puesto. Y es lógico
que así lo hagan, porque mientras la noche
la dedican al trabajo estatal, les queda el día
para desarrollar sus actividades particulares
que es en definitiva la que les rinde mayores
dividendos.
La otra preocupación que mantiene en vilo
a Efraín es la sombra de la Ley contra
la Vagancia, que se dice será aplicada
a aquellos individuos que se desentiendan del
trabajo en los centros de producción controlados
estatalmente.
Algunos trabajadores particulares señalan
que otra situación que ahoga el desarrollo
de esta actividad es la que impide que las personas
con determinadas habilidades en un trabajo y en
el que se desenvuelven con independencia, empleen
en el mismo a familiares cercanos. La excepción
de ayuda familiar se otorga sólo a los
casos de elaboración y venta de alimentos.
Un señor especializado en materia de chapistería
se queja de que no puede emplear a su hijo en
un negocio que puede convertirse en toda una tradición,
como ocurría en épocas pasadas con
aquellos oficios heredados de padres a hijos,
como el de los famosos cerrajeros de la Casa Wong.
Se dice que muchos cuentapropistas han pedido
sindicalizarse, pero esta posibilidad es prácticamente
imposible en la actual concepción político-ideológica
que rige en el país. La misma no admite
que personas de un mismo ramo u oficio se organicen
como una sociedad de trabajadores vinculados por
un tipo de trabajo. Una de las razones que se
ha dado para que los particulares ingresen en
centros laborales es que puedan pertenecer al
sindicato respectivo.
Todavía en La Habana se pueden apreciar
las huellas de organizaciones laborales y gremiales
que existieran en la capital en tiempos pasados.
Una de ellas es el círculo de Cantineros
de Prado y el Panteón de los Vendedores
en el Cementerio de Colón.
Lo contradictorio de todo esto es que los cuentapropistas
recibieron el pasado fin de año una carta
donde se les felicita por su aporte a la economía
del país. Entre ellos estaba Efraín.
La carta dirigida a los contribuyentes resaltaba
el lema Mi aporte cuenta, y estaba enmarcada en
una campaña de declaración y pagos
tributarios del venidero 2005. Al final, la misiva
cerraba con los mejores deseos de la entidad gubernamental
ONAT (Oficina Nacional para la Administración
Tributaria) para la vida personal y profesional
de estos contribuyentes. Paradójico feliz
año el que le espera a muchos de ellos
con la aplicación de las nuevas medidas.
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