PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 1, 2005
 

SOCIEDAD
Es demasiado

Javier Machado, Cubanacán Press

SANTA CLARA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - Los cortes eléctricos que se están produciendo en el país van más allá de lo que el cubano puede soportar. Programados por la Empresa Eléctrica incluye varios horarios diariamente.

Una nota de prensa difundida en el mes de abril afirmaba que en ese mes se someterían las unidades electro energéticas a reparaciones capitales para garantizar la demanda eléctrica de las vacaciones de verano que se avecinan, pero lo cierto es que ya mayo está diciendo adiós y es ahora cuando los apagones se han intensificado a todo lo largo del país, donde circuitos han tenido hasta 15 horas de interrupción sin que existieran roturas en las líneas o en el transformador.

Aún no había ocurrido el solsticio de verano para el Hemisferio Norte y la fuerza del Sol, como de fuente de luz y calor del planeta, hacía mellas en Cuba acentuado con la intensa sequía. El insoportable calor socava la estabilidad emocional de los cubanos que no disfrutamos de aire acondicionado en nuestros hogares y, como es natural, sin electricidad no trabajan ni esos equipos ni los ventiladores.

El plan de ahorro ha llegado a los centros gastronómicos y redes comerciales que operan con divisas donde se ha reducido el consumo energético bajo fuertes medidas de reducción de luminarias encendidas y la explotación al mínimo de los equipos de aire acondicionado. En ocasiones cuando se entra en uno de esos locales parece que un aire caliente y abrasador choca contra el rostro y al respirarlo denota su enrarecimiento.

No he escuchado en la prensa oficial la implantación de nuevas restricciones de consumo energético, pero caminar por una ciudad como Santa Clara de noche se hace un peligro debido a la oscuridad. Todas las luminarias públicas en horario en que no hay apagón están apagadas. Calles tan importantes como Cuba, Colón, Unión y Maceo viven perennemente a oscuras, excepto los destellos que salen de las casas.

Hace unos días estuve en horario nocturno en el hospital provincial Arnaldo Milián Castro y allí percibí el mismo problema. Ya en la entrada en el mismo pasillo por donde entran y salen los acompañantes, de unos 25 metros de largo, se ilumina con dos luminarias de 20 watts cada una. Al arribar al pasillo central por donde entran las urgencias, que tiene el mismo largo o un poco más que el anterior, pero de mayor ancho, igual; dos tubos de luz fría son los encargados de mantener la penumbra en sus espacios. Si eso es aquí, en la zona principal, ¿cómo será en otras dependencias?, me pregunté en silencio.

Pero lo cierto es que es muy difícil vivir en una aldea primitiva como es la ciudad de Santa Clara por estos días. Llegar del trabajo sobre las 5 de la tarde para comenzar los preparativos de la comida y sin percatarse que hoy le toca el apagón programado, comenzar las labores, escoger el arroz y cuando lo echa en la Liya arrocera, pum, te sorprende la oscuridad. Es duro para el cubano y debe ser más duro para que alguien en otro punto del planeta acostumbrado al respeto de sus derechos como persona, entienda el dilema que sufrimos los cubanos.

Son muchos los que se expresan acerca de la verdadera operatividad de los medios caseros cuya distribución y venta se ha prometido. Se han enseñado varias veces por la televisión, pero lo cierto es que hasta ahora las ciudades de Santa Clara y la de Cienfuegos son las únicas que han recibido la arrocera china y fíjese, digo ciudades, no provincias.

Se comenta que existe en el país petróleo venido de Venezuela en cantidades suficientes para mover no sólo a las centrales electro energéticas, sino para echar andar el paralizado transporte urbano, intermunicipal e interprovincial. Pero no es lo mismo lo que se dice a los hechos.

Desgraciadamente, vivo en un circuito que no tiene protección alguna, porque en él no existen hospitales, fábricas u otras entidades protegidas por el Estado. Mi circuito corona su territorio en la parte más amplia del gran barrio El Condado, símbolo de pobreza desde la época colonial y subyacencia de los barracones más extendidos de la comarca.

Sobre sus actuales habitantes cae con toda la fuerza, además de la pobreza, el hambre, las necesidades habitacionales, la insalubridad y otros problemas superados por las sociedades modernas; la falta de electricidad para hacerles la vida más agobiante. Para ellos, así como para muchos otros que viven en diversos rincones del país, es demasiado el sufrimiento almacenado en varias décadas de vida, ahora incrementada con los cortes eléctricos.


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