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SOCIEDAD
Es demasiado
Javier Machado, Cubanacán Press
SANTA CLARA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) -
Los cortes eléctricos que se están
produciendo en el país van más allá
de lo que el cubano puede soportar. Programados
por la Empresa Eléctrica incluye varios
horarios diariamente.
Una nota de prensa difundida en el mes de abril
afirmaba que en ese mes se someterían las
unidades electro energéticas a reparaciones
capitales para garantizar la demanda eléctrica
de las vacaciones de verano que se avecinan, pero
lo cierto es que ya mayo está diciendo
adiós y es ahora cuando los apagones se
han intensificado a todo lo largo del país,
donde circuitos han tenido hasta 15 horas de interrupción
sin que existieran roturas en las líneas
o en el transformador.
Aún no había ocurrido el solsticio
de verano para el Hemisferio Norte y la fuerza
del Sol, como de fuente de luz y calor del planeta,
hacía mellas en Cuba acentuado con la intensa
sequía. El insoportable calor socava la
estabilidad emocional de los cubanos que no disfrutamos
de aire acondicionado en nuestros hogares y, como
es natural, sin electricidad no trabajan ni esos
equipos ni los ventiladores.
El plan de ahorro ha llegado a los centros gastronómicos
y redes comerciales que operan con divisas donde
se ha reducido el consumo energético bajo
fuertes medidas de reducción de luminarias
encendidas y la explotación al mínimo
de los equipos de aire acondicionado. En ocasiones
cuando se entra en uno de esos locales parece
que un aire caliente y abrasador choca contra
el rostro y al respirarlo denota su enrarecimiento.
No he escuchado en la prensa oficial la implantación
de nuevas restricciones de consumo energético,
pero caminar por una ciudad como Santa Clara de
noche se hace un peligro debido a la oscuridad.
Todas las luminarias públicas en horario
en que no hay apagón están apagadas.
Calles tan importantes como Cuba, Colón,
Unión y Maceo viven perennemente a oscuras,
excepto los destellos que salen de las casas.
Hace unos días estuve en horario nocturno
en el hospital provincial Arnaldo Milián
Castro y allí percibí el mismo problema.
Ya en la entrada en el mismo pasillo por donde
entran y salen los acompañantes, de unos
25 metros de largo, se ilumina con dos luminarias
de 20 watts cada una. Al arribar al pasillo central
por donde entran las urgencias, que tiene el mismo
largo o un poco más que el anterior, pero
de mayor ancho, igual; dos tubos de luz fría
son los encargados de mantener la penumbra en
sus espacios. Si eso es aquí, en la zona
principal, ¿cómo será en
otras dependencias?, me pregunté en silencio.
Pero lo cierto es que es muy difícil vivir
en una aldea primitiva como es la ciudad de Santa
Clara por estos días. Llegar del trabajo
sobre las 5 de la tarde para comenzar los preparativos
de la comida y sin percatarse que hoy le toca
el apagón programado, comenzar las labores,
escoger el arroz y cuando lo echa en la Liya arrocera,
pum, te sorprende la oscuridad. Es duro para el
cubano y debe ser más duro para que alguien
en otro punto del planeta acostumbrado al respeto
de sus derechos como persona, entienda el dilema
que sufrimos los cubanos.
Son muchos los que se expresan acerca de la verdadera
operatividad de los medios caseros cuya distribución
y venta se ha prometido. Se han enseñado
varias veces por la televisión, pero lo
cierto es que hasta ahora las ciudades de Santa
Clara y la de Cienfuegos son las únicas
que han recibido la arrocera china y fíjese,
digo ciudades, no provincias.
Se comenta que existe en el país petróleo
venido de Venezuela en cantidades suficientes
para mover no sólo a las centrales electro
energéticas, sino para echar andar el paralizado
transporte urbano, intermunicipal e interprovincial.
Pero no es lo mismo lo que se dice a los hechos.
Desgraciadamente, vivo en un circuito que no
tiene protección alguna, porque en él
no existen hospitales, fábricas u otras
entidades protegidas por el Estado. Mi circuito
corona su territorio en la parte más amplia
del gran barrio El Condado, símbolo de
pobreza desde la época colonial y subyacencia
de los barracones más extendidos de la
comarca.
Sobre sus actuales habitantes cae con toda la
fuerza, además de la pobreza, el hambre,
las necesidades habitacionales, la insalubridad
y otros problemas superados por las sociedades
modernas; la falta de electricidad para hacerles
la vida más agobiante. Para ellos, así
como para muchos otros que viven en diversos rincones
del país, es demasiado el sufrimiento almacenado
en varias décadas de vida, ahora incrementada
con los cortes eléctricos.
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