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POLITICA
Dos
Ana Belén
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubane.org) - Las
dos se llaman Ana Belén. Son altas, agraciadas
y contemporáneas. Las dos cantaron al castrismo
por los mismos años. Una es norteamericana.
La otra, española. Esta última comenzó
a cantar en La Habana, si mi memoria no me falla,
en los inicios de la década del setenta.
Para recibir los beneficios del régimen
se inspiró en los poemas de Nicolás
Guillén, quien la contemplaba cayéndosele
la baba en los jardines de la Unión de
Escritores y Artistas de Cuba, en el Vedado.
Cantaba también aquello de "Existe
un país en los trópicos, donde el
sol es un sol de verdad, y a la sombra de bosques
exóticos imagínate lo bien que se
está".
Pero los que no estaban bien eran los cubanos,
pues un poco después, en 1980, miles entraron
en la embajada de Perú en busca de libertad,
y en sólo unas horas.
En cambio, Ana Belén (la española)
sí que estaba bien, disfrutando de hoteles
cinco estrellas y recibiendo el halago oficial.
Salía por televisión casi a diario
y se escuchaba en la radio el día entero.
Ahora, pienso yo, se le han cerrado las puertas
de esta parte del trópico. Ana Belén
cometió la "falta" de firmar
en 2003, junto a cien intelectuales de varios
países un documento en contra de las draconianas
condenas a prisión de 75 opositores pacíficos
y periodistas independientes cubanos. Desde entonces
no la vemos en la pantalla chica, y no la escuchamos
en las estaciones radiales. Se zafó, como
dice su canción de "los locos que
el mundo no traga". ¡Quién sabe
si por primera vez tomó conciencia de que
"dar vueltas a un sueño probable"
es verlo convertido en pesadilla si el sueño
es soñado por las víctimas de una
sociedad totalitaria.
En su querido Madrid se ha quedado Ana Belén
con su buen vino y su miel, rueda que te rueda
en filmes donde actúa, por cierto, muy
bien.
La otra Ana Belén no tuvo suerte. Por
cantar al castrismo desde el Departamento de Defensa
de Estados Unidos, fue condenada a 25 años
de cárcel. Poco faltó para que le
aplicaran la pena de muerte. Pero se declaró
culpable. Colaboró explicando en qué
habían consistido todos sus cantares, y
salvó su piel.
Durante 17 años estuvo cantando para el
castrismo desde el mismo Pentágono, en
Washington. Como ha tenido tan mala suerte ni
siquiera los medios de prensa de Fidel Castro
la han mencionado. Ni se incluye, por ejemplo,
en la campaña por la libertad de los prisioneros
del Imperio. Nada, como si no hubiera existido
Ana Belén Montes. Como si se la hubiera
tragado la tierra después que envió
a La Habana el último documento altamente
clasificado, relacionado con la defensa nacional
de los Estados Unidos.
Fue detenida en septiembre de 2001, días
después del ataque terrorista a las Torres
Gemelas, precisamente también en los momentos
en que Rusia comenzaba a desmantelar la base cubana
de Lourdes, dedicada al espionaje electrónico.
Decir que el aparato de espionaje cubano, a pesar
del hambre que sufre la población, tiene
suficientes recursos para ser altamente sofisticado,
es obvio.
Veo sus fotos por separado. Me sorprende cierto
parecido entre ellas: nariz aguileña, cabellos
lacios color pardo. Las dos cantaron y gustaron
de un régimen político duro que
encarcela a los disidentes. Llevan hasta el mismo
nombre.
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