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CULTURA
La verdad sea dicha
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - Resulta
increíble ver cómo los amigos de
afuera conocen más las interiores del régimen
de Fidel Castro que nuestros escritores y periodistas.
Ni Retamar, Barredo, Randy o César López
pudieran escribir un libro como "Gabo y Fidel.
El paisaje de una amistad". Los autores,
Ángel Esteban, de Zaragoza, y Stépanie
Panichelli, de Bruselas, se dan el lujo de saber
casi todos los secretos de un gobernante y de
un régimen cerrado a cal y canto. Todo
lo que ocurre en la cima de la nomenclatura, sea
lo malo, lo regular y lo peor de sus dolores,
padecimientos y traumas. Un verdadero testimonio
para la posteridad.
A mi entender, mucho antes de que se supieran
las labores como agente secreto del régimen
cubano realizadas por Gabriel García Márquez,
Ángel y Stéphanie escribían
que Gabo llevaba propuestas de uno a otro país
"como embajador único y siamés
del comandante barbudo".
Señalan (nada bueno para el escritor colombiano)
que sus amigos, o casi todos, son presidentes,
porque los intelectuales le interesan cada vez
menos; que recibió de manos de Fidel Castro
una mansión en el mejor barrio de La Habana
"como premio a su compromiso con la revolución".
La teoría que despliega el libro de estos
experimentados filólogos sobre la amistad
Gabo-Fidel es un verdadero paisaje anacrónico
en medio de un pueblo que sufre miseria y represión,
y donde el autor de "Cien años de
soledad" aclara que no se siente extranjero,
porque es aquí donde es más feliz.
Sin embargo, los cubanos viven tan felices y contentos
que prefieren ser tragados por los tiburones en
viaje clandestino hacia cualquier otro país
a vivir en ese paisaje, y porque están
del socialismo hasta la coronilla.
Como son amigos de Cuba, o sea, del pueblo, Ángel
y Stéphanie no tienen a menos destacar
en su libro que a Fidel Castro no le han perdurado
sus amistades históricas, que organizó
una huelga con los trabajadores asalariados de
su padre y contra éste, acusándolo
de explotador, que se envenenó de ambición
política cuando ingresó en la Universidad
en 1945, y que su objetivo fundamental era liderar
la Federación Estudiantil Universitaria
(FEU).
Explican, a modo de ser veraces con un pasado
no tan remoto, que Fidel Castro promovió
manifestaciones contra el gobierno constitucional
de Ramón Grau San Martín, a quien
quiso dar muerte lanzándolo por el balcón
de Palacio, según propuso a sus colegas,
para proclamar la revolución estudiantil
en una reunión entre el presidente y un
grupo de estudiantes.
Produce espanto leer las primeras páginas
de este libro y conocer detalles de cómo
el jefe de estado estuvo involucrado, aunque sin
pruebas finales, en tres atentados: a un miembro
de la UIR, a Manolo Castro y al policía
Oscar Fernández, muerto de un balazo, y
que pudo identificar a Fidel antes de expirar.
Estos son los amigos de Cuba: Ángel y
Stéphanie. No del régimen. Stéphanie
se especializó en asuntos sobre Cuba en
el Instituto de Literatura y Lingüística
de La Habana durante año y medio. Esteban
resultó finalista en los premios Casa de
las Américas.
Para portada del libro escogieron una foto donde
se ve al comandante en jefe en traje isotérmico
color negro, con las piernas desnudas y una sonrisa
muy poco usada en la televisión o en sus
discursos (según sus amigos investigadores)
"estudiados", gracias a un abultado
repertorio de citas martianas.
"Malos tiempos para la lírica y malos
tiempos par el cisne insular, que ya no canta.
Herido de muerte, sólo da coletazos, como
un pez. ¿Hasta cuándo?"
Así termina este magnífico libro
editado por Espasa, en 2004.
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