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DESDE
LA CARCEL
La
torre de la libertad
José Ubaldo Izquierdo Hernández,
prisionero de conciencia condenado a 16 años
que cumple en la penitenciaría de Guanajay
GUANAJAY, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - Erigida
símbolo del exilio cubano en Estados Unidos,
se levanta majestuosa una torre en la costa sur
floridana. Durante más de cuatro décadas
ha significado un monumento imperecedero a quienes,
buscando la necesaria libertad del ser humano,
rompieron cadenas de oprobio y enajenación
para vivir por siempre en la tierra donde miles
de ellos disfrutan de las libertades fundamentales
que les brinda su bien llamada segunda patria.
Noventa millas al sur, en territorio cubano,
exactamente a 46 kilómetros al oeste de
la capital del país, otra torre (sin libertad)
se ha convertido en el lugar escogido por seres
humanos sin luz para reclamar la universalmente
reconocida declaración de derechos del
hombre.
Otrora campanario de la capilla católica
de la penitenciaría de Guanajay (hoy convertida
en teatro) la torre de mi testimonio se ha transformado
de la noche a la mañana en una especie
de tribuna donde los reos trepan para reclamar
mejores tratos de sus carceleros, o simplemente
demandar cualquiera de los beneficios que les
corresponden según el actual reglamento
penitenciario.
Todo comenzó en las postrimerías
del pasado año, cuando un reo trepó
como felino la elevada torre (unos 20 metros),
y allí se instaló durante horas,
acompañado por varios peñascos de
soldadura que arrancó de su cúpula
para defenderse de posibles acciones de la guarnición
penitenciaria.
El reo, a quien apodan "El Yan", reclamaba
a la jefatura carcelaria su traslado para la prisión
de Quivicán, por la cercanía de
ésta a su lugar de residencia y a sus familiares.
"El Yan" hizo valer sus reclamos lanzando
una andanada de piedras contra el director de
la cárcel, teniente coronel Wilfredo Velázquez
Domínguez, quien, en el lugar, accedió
a la demanda del recluso tras esquivar los rudimentarios
proyectiles que casi hacen blanco en la cabeza
y espalda del sexagenario militar.
Días después, el osado prisionero
fue trasladado hacia la cárcel de Quivicán,
sin que su actitud significara procedimiento judicial
alguna contra su persona por parte de las autoridades
de la penitenciaría de Guanajay.
Semanas más tarde (mediados de diciembre
de 2004), otro dúo de intrépidos
alpinistas trepó, utilizando una soga,
la cima de la famosa altura, y una vez más,
instalados allí, iniciaron una serie de
demandas a la dirección del penal, que
en esta ocasión se mostró más
reacia a acceder a los reclamos de sus demandantes.
Más de 15 horas duró el improvisado
espectáculo. El "Guaso" y "Tornillo"
hicieron hasta lo imposible para resistir la constante
llovizna invernal y el fuerte viento que de rumbo
norte batía sobre ellos que, sujetados
a un farol ubicado en la cúpula de la torre,
reclamaban su traslado para las prisiones de Melena
y Pinar del Río, respectivamente. En horas
de la madrugada ambos reos bajaron de la famosa
torre, después que las autoridades accedieron
a cumplir con sus demandas.
Una semana después "Guaso" y
"Tornillo" fueron trasladados a las
prisiones que solicitaron, sin mayor contratiempo
que el palpable descontento de la dirección
del penal, que amenazó con tomar medidas
drásticas con todo aquel recluso que intentara
nuevamente tomar la torre como escudo para ser
reivindicado.
Pero no hay regla sin excepción, y no
siempre el factor suerte se une al dolor y el
sufrimiento del ser humano encarcelado.
Recientemente un cuarto "escalador"
se lanzó a la conquista de la célebre
torre guanajense, pero esta vez los resultados
no fueron nada satisfactorios, y el reo alpinista
no corrió la misma suerte de sus antecesores.
Rafael Martínez González, apodado
"Washington" (por un tatuaje que lleva
impreso en uno de sus brazos con el nombre del
ilustre presidente norteamericano) subió
al otrora campanario demandando se le concediera
una visita conyugal (pabellón matrimonial
en el argot penitenciario), que le había
sido suspendido por las autoridades carcelarias.
Ese día su esposa se vio obligada a permanecer
largas horas en las afueras del recinto penal,
sin lograr contacto alguno con su marido.
"Washington", tras subir a la torre,
la emprendió a pedradas contra una de las
luminarias colocadas en la cúpula, hasta
desintegrarla, y después lanzarla al patio
de la cárcel, lo que provocó la
ira del director de la prisión, quien ordenó
no acceder a sus demandas y enviarlo a un calabozo
de castigo.
Días más tarde, el desdichado reo
era trasladado a la célebre prisión
"Cinco y medio", en la occidental provincia
de Pinar del Río, comunicándosele
que sería encausado y presentado ante los
tribunales por la actitud asumida.
Hace varias semanas Rafael Martínez González
fue enviado otra vez a esta penitenciaría
de Guanajay, donde espera ser presentado a los
tribunales municipales.
Por suerte para este último "escalador",
su apodo nada tiene que ver con Nixon, Reagan
o Bush, pues de ser así, sus posibilidades
de ser enjuiciado por usar un alias del enemigo
imperialista serían indiscutiblemente elevadas.
Quizás no sea "Washington" el
único de los reos que por reclamar sus
derechos resulte encausado y procesado en la cárcel
de Guanajay, pero sí es cierto que su celebridad
es ya legendaria entre cientos de prisioneros
que miran hacia la famosa torre con deseos de
escalarla un día, y desde allí disfrutar,
aunque por poco tiempo, del derecho de todo ser
humano a ser libre.
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