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RELIGION
La
fiesta del Carmen, reverdecer de la fe en un pueblo
habanero
LA HABANA, Cuba - 18 de julio (Miguel Saludes
/ www.cubanet.org) - La fiesta del Carmen, patrona
de Cojímar, volvió a ser una bella
manifestación religiosa este 16 de julio,
cuando la procesión salió por las
calles del pueblo costero, aunque manteniendo
el recorrido restringido que se la ha impuesto
desde que en 1999 se autorizara esta tradicional
peregrinación. Los cojimeros pasearon durante
aproximadamente una hora la imagen de la Virgen,
acompañada por los acordes de la banda
municipal de Guanabacoa.
Monseñor Ramón Suárez Polcari,
canciller archidiocesano, estuvo al frente de
la caminata, y en las tres paradas que se hicieron
en el recorrido dirigió las oraciones y
cantos. Una vez concluida la procesión
dio comienzo la misa, que fue presidida por el
propio Polcari, acompañado en el altar
por el padre Juan Muñoz, de los escolapios
y los diáconos Margarito Hernández
y Ángel Alvarez. Con esta acción
eucarística culminaba un programa de tres
días de celebraciones de un acontecimiento
que tiene especial connotación para los
pobladores de esta localidad. Y es que la fe cristiana
y la veneración a la Madre del Señor
bajo la advocación carmelitana están
muy arraigadas en la historia de Cojímar.
Los primeros documentos que dan fe de la solicitud
para erigir una ermita en el pueblo situado al
este de la capital datan del 11 de enero de 1866,
cuando Don Pio García, sacristán
de la Asunción de Guanabacoa y residente
en el poblado de pescadores, solicitó al
obispo de La Habana el permiso para realizar una
colecta con el fin de reunir fondos y levantar
el templo. Según señalan otras fuentes,
en Cojímar existía una casa abierta
al público desde 1823 en la residencia
de Don Cecilio Jácome, dedicada a la devoción
mariana de Nuestra Señora del Rosario,
por lo que el 3 de noviembre de 1837 el Cabildo
de la Villa de Guanabacoa acordó dar ese
nombre al caserío. Pero el oratorio apenas
rebasó dos años y esta advocación
fue decayendo. Por otra parte, como suele ocurrir
con nombres impuestos abruptamente, el nombre
original nunca fue omitido ni siquiera por las
autoridades eclesiásticas.
La primera piedra de la iglesia se colocó
el 26 de diciembre de 1877 en los terrenos donados
por Julián de Ganchegui, canónigo
y dueño de terrenos en esa localidad. El
11 de enero de 1879 se concluye la construcción
del templo dedicado a Nuestra Señora del
Carmen, y el 19 de enero de ese mismo año
se elevó en el altar mayor la imagen de
la Virgen con el oficio de la primera misa. Desde
entonces tomaron posesión de la ermita
los padres franciscanos asentados en la villa
guanabacoense, quienes la siguen atendiendo en
la actualidad.
Después de ser ocupado militarmente por
las tropas españolas durante la guerra
de 1895, el templo quedó en ruinas al concluir
el conflicto armado. Entre 1903 y 1904, en ocasión
de visitar el poblado el matrimonio Arredón
González, la esposa de éste decide
cooperar con la reparación. De esos momentos
da fe la poetisa Dolores Rodríguez de Tió,
veraneante en Cojímar, quien escribió
estos versos dedicados a la patrona del poblado:
Ya retornarás a tu altar
que alzado en esta colina
con su majestad domina
la vasta anchura del mar.
La obra de restauración concluyó
en 1905, pero once años después,
el ciclón del 26 causará nuevas
destrucciones en el recinto católico, dejando
solamente en pie algunas paredes y parte de la
fachada principal. El campanario quedó
completamente destruido. Sobre las ruinas se celebró
una misa de campaña el 22 de mayo de 1927
en presencia del Comité Gestor organizado
para las obras de reconstrucción, las que
terminaron el 7 de septiembre de 1928. La población
aportó más de la mitad del dinero
necesario, que fue completado con la donación
hecha por Joaquín Boada, catalán
que dejó el recuerdo de su nombre en la
quinta de descanso que aún se alza en la
calle Real, cercana a la iglesia. La imagen que
ocupó el altar en esta ocasión fue
ofrendada por el propio Boada en agradecimiento
a un milagro concedido a su familia. Los cojimeros
orgullosos de su historia local han vuelto a llenar
el recinto de su pequeña iglesia, nombrada
parroquia el 3 de diciembre de 2000.
Una parte de la homilía de Monseñor
Polcari versó precisamente sobre historia:
la concerniente a la Virgen del Monte Carmelo,
aclararando el verdadero sentido de fe que guió
a os fundadores de la congregación dirigida
a la oración, la contemplación y
el seguimiento de Cristo según el ejemplo
de su madre. La otra historia a la que se refirió
el celebrante es a la personal de nuestro pueblo
que dejó la fe a un lado por temores, conveniencias,
o simplemente para acoger nuevas corrientes de
pensamiento declaradas como verdaderas y que fueron
expuestas de manera deslumbrante.
A esta realidad no estuvo ajena la comunidad
cojimera que vio languidecer su vida religiosa.
No obstante, un pequeño número de
feligreses mantuvo encendida la llama de la fe
y con ella la esperanza que un día renació
con vitalidad. Entonces la gente retornó
a la iglesia en busca de Dios, aumentaron las
peticiones de sacramentos y la imagen de la Virgen
salió a las calles de su pueblo.
Ciertamente, queda mucho por andar en ese camino
de recuperación espiritual, y las personas
agobiadas y desesperadas buscan vías engañosas
o falsas que le garanticen encontrar sosiego y
paz en medio de la realidad que enfrentan. A esto
también se refirió el sacerdote
cuando citó las palabras de Elías
en momentos muy parecidos vividos por el pueblo
de Israel y que al decir del profeta, andaban
con las muletas de los dioses falsos que se habían
agenciado. "Solamente con una fe fuerte es
que puede reverdecer la esperanza", dijo
Suárez Polcari al concluir su homilía.
Muchos pensamientos y deseos fueron expresados
a viva voz o desde lo más escondido del
alma por los fieles que festejaron en estos días
a su Patrona. Las situaciones de la dura cotidianidad,
las familias divididas por el éxodo continuo,
los familiares en prisión, lo inestable
de sus vidas, la falta de confianza en un futuro
promisorio para los más jóvenes
en su propia tierra, y otras tantas complejas
situaciones que solamente pueden ser aceptadas
y cambiadas a la luz del Dios de la Verdad que
dio palabra de Vida Eterna.
Referencias
Las piedras cuentan su historia.
Joaquín Hernández
Anotaciones para la historia de la Iglesia de
Cojímar. José Luis Cléber.
Profesor de español. Seminarista paúl
en el Seminario San Carlos de La Habana.
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