PRENSA INDEPENDIENTE
Julio 19, 2005
 

RELIGION
La fiesta del Carmen, reverdecer de la fe en un pueblo habanero

LA HABANA, Cuba - 18 de julio (Miguel Saludes / www.cubanet.org) - La fiesta del Carmen, patrona de Cojímar, volvió a ser una bella manifestación religiosa este 16 de julio, cuando la procesión salió por las calles del pueblo costero, aunque manteniendo el recorrido restringido que se la ha impuesto desde que en 1999 se autorizara esta tradicional peregrinación. Los cojimeros pasearon durante aproximadamente una hora la imagen de la Virgen, acompañada por los acordes de la banda municipal de Guanabacoa.

Monseñor Ramón Suárez Polcari, canciller archidiocesano, estuvo al frente de la caminata, y en las tres paradas que se hicieron en el recorrido dirigió las oraciones y cantos. Una vez concluida la procesión dio comienzo la misa, que fue presidida por el propio Polcari, acompañado en el altar por el padre Juan Muñoz, de los escolapios y los diáconos Margarito Hernández y Ángel Alvarez. Con esta acción eucarística culminaba un programa de tres días de celebraciones de un acontecimiento que tiene especial connotación para los pobladores de esta localidad. Y es que la fe cristiana y la veneración a la Madre del Señor bajo la advocación carmelitana están muy arraigadas en la historia de Cojímar.

Los primeros documentos que dan fe de la solicitud para erigir una ermita en el pueblo situado al este de la capital datan del 11 de enero de 1866, cuando Don Pio García, sacristán de la Asunción de Guanabacoa y residente en el poblado de pescadores, solicitó al obispo de La Habana el permiso para realizar una colecta con el fin de reunir fondos y levantar el templo. Según señalan otras fuentes, en Cojímar existía una casa abierta al público desde 1823 en la residencia de Don Cecilio Jácome, dedicada a la devoción mariana de Nuestra Señora del Rosario, por lo que el 3 de noviembre de 1837 el Cabildo de la Villa de Guanabacoa acordó dar ese nombre al caserío. Pero el oratorio apenas rebasó dos años y esta advocación fue decayendo. Por otra parte, como suele ocurrir con nombres impuestos abruptamente, el nombre original nunca fue omitido ni siquiera por las autoridades eclesiásticas.

La primera piedra de la iglesia se colocó el 26 de diciembre de 1877 en los terrenos donados por Julián de Ganchegui, canónigo y dueño de terrenos en esa localidad. El 11 de enero de 1879 se concluye la construcción del templo dedicado a Nuestra Señora del Carmen, y el 19 de enero de ese mismo año se elevó en el altar mayor la imagen de la Virgen con el oficio de la primera misa. Desde entonces tomaron posesión de la ermita los padres franciscanos asentados en la villa guanabacoense, quienes la siguen atendiendo en la actualidad.

Después de ser ocupado militarmente por las tropas españolas durante la guerra de 1895, el templo quedó en ruinas al concluir el conflicto armado. Entre 1903 y 1904, en ocasión de visitar el poblado el matrimonio Arredón González, la esposa de éste decide cooperar con la reparación. De esos momentos da fe la poetisa Dolores Rodríguez de Tió, veraneante en Cojímar, quien escribió estos versos dedicados a la patrona del poblado:

Ya retornarás a tu altar
que alzado en esta colina
con su majestad domina
la vasta anchura del mar.

La obra de restauración concluyó en 1905, pero once años después, el ciclón del 26 causará nuevas destrucciones en el recinto católico, dejando solamente en pie algunas paredes y parte de la fachada principal. El campanario quedó completamente destruido. Sobre las ruinas se celebró una misa de campaña el 22 de mayo de 1927 en presencia del Comité Gestor organizado para las obras de reconstrucción, las que terminaron el 7 de septiembre de 1928. La población aportó más de la mitad del dinero necesario, que fue completado con la donación hecha por Joaquín Boada, catalán que dejó el recuerdo de su nombre en la quinta de descanso que aún se alza en la calle Real, cercana a la iglesia. La imagen que ocupó el altar en esta ocasión fue ofrendada por el propio Boada en agradecimiento a un milagro concedido a su familia. Los cojimeros orgullosos de su historia local han vuelto a llenar el recinto de su pequeña iglesia, nombrada parroquia el 3 de diciembre de 2000.

Una parte de la homilía de Monseñor Polcari versó precisamente sobre historia: la concerniente a la Virgen del Monte Carmelo, aclararando el verdadero sentido de fe que guió a os fundadores de la congregación dirigida a la oración, la contemplación y el seguimiento de Cristo según el ejemplo de su madre. La otra historia a la que se refirió el celebrante es a la personal de nuestro pueblo que dejó la fe a un lado por temores, conveniencias, o simplemente para acoger nuevas corrientes de pensamiento declaradas como verdaderas y que fueron expuestas de manera deslumbrante.

A esta realidad no estuvo ajena la comunidad cojimera que vio languidecer su vida religiosa. No obstante, un pequeño número de feligreses mantuvo encendida la llama de la fe y con ella la esperanza que un día renació con vitalidad. Entonces la gente retornó a la iglesia en busca de Dios, aumentaron las peticiones de sacramentos y la imagen de la Virgen salió a las calles de su pueblo.

Ciertamente, queda mucho por andar en ese camino de recuperación espiritual, y las personas agobiadas y desesperadas buscan vías engañosas o falsas que le garanticen encontrar sosiego y paz en medio de la realidad que enfrentan. A esto también se refirió el sacerdote cuando citó las palabras de Elías en momentos muy parecidos vividos por el pueblo de Israel y que al decir del profeta, andaban con las muletas de los dioses falsos que se habían agenciado. "Solamente con una fe fuerte es que puede reverdecer la esperanza", dijo Suárez Polcari al concluir su homilía.

Muchos pensamientos y deseos fueron expresados a viva voz o desde lo más escondido del alma por los fieles que festejaron en estos días a su Patrona. Las situaciones de la dura cotidianidad, las familias divididas por el éxodo continuo, los familiares en prisión, lo inestable de sus vidas, la falta de confianza en un futuro promisorio para los más jóvenes en su propia tierra, y otras tantas complejas situaciones que solamente pueden ser aceptadas y cambiadas a la luz del Dios de la Verdad que dio palabra de Vida Eterna.

Referencias

Las piedras cuentan su historia. Joaquín Hernández
Anotaciones para la historia de la Iglesia de Cojímar. José Luis Cléber. Profesor de español. Seminarista paúl en el Seminario San Carlos de La Habana.


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