|
SOCIEDAD
Un lugar lóbrego
José Antonio Fornaris, Cuba Verdad
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - El
pasado miércoles miré desde la avenida
Rancho Boyeros hacia el llamado Palacio de la
Revolución, y pude percatarme de que el
edificio se ve como húmedo, oscuro. Allí
están las sedes del Comité Central
del Partido Comunista, del Consejo de Estado y
del Consejo de Ministros.
Este inmueble fue edificado como Palacio de Justicia
en los tiempos en que el general golpista Fulgencio
Batista gobernaba en Cuba.
Los edificios que rodean la Plaza (Biblioteca
Nacional, Ministerio de Comunicaciones, Teatro
Nacional de Cuba, Ministerio de las Fuerzas Armadas)
fueron construidos con los mismos materiales y
tienen una terminación y un diseño
de similares características. Sin embargo,
ninguno de éstos tiene el aspecto un tanto
desagradable que a la vista ofrece ese palacio.
Si a esto se suma que se encuentra situado a la
espalda del monumento a José Martí,
en lo que fue diseñado como Plaza Cívica
(Plaza de la Revolución la llamó
el gobierno que llegó al poder en 1959),
y que en lo más alto se ven auras tiñosas
dando vueltas a su alrededor, el entorno toma
aspecto malsano, luctuoso.
Parece como si en los alrededores estuviera algún
gran cadáver político, algo así
como el cadáver de un régimen. Imagino
que en lugares como ése se han asentado
personajes penosos para la humanidad, ya fueran
reales o ficticios.
En ese lugar tiene sus oficinas centrales el
señor que acaba de decir, después
del paso de un huracán que ha causado cuantiosos
daños al pueblo cubano, que no se aceptará
ayuda humanitaria de Estados Unidos ni de la Unión
Europea.
Esa decisión no fue consultada con nadie,
ni se trata de una cuestión de orgullo
nacional, cosa que de ser así podría
ser entendible y hasta apoyada. Se trata simplemente
de una cuestión de intereses políticos.
Ese ciudadano, no cabe duda, se debe sentir muy
por encima de todos los demás habitantes
de este país. Y es evidente que ni él
ni ninguno de sus familiares o allegados se va
a ir a convivir con los que perdieron sus humildísimas
viviendas y sus pocos bienes materiales.
"Hay piedra suficiente y brazos de sobra
para hacerle a cada familia cubana una vivienda
decorosa. Pero si seguimos esperando por los milagros
del becerro de oro, pasarán mil años
y el problema estará igual". Eso aseguró
hace unos cuantos años ese individuo.
Durante decenios ha hecho lo que le ha parecido
con los cuantiosos recursos del país. Si
los hubiera empleado en satisfacer las apremiantes
necesidades de nuestra población, los ciclones
no podrían derribar las viviendas porque
serían verdaderamente casas.
No tengo idea de qué se podrá hacer
en el futuro con el edificio que un día
aspiró a albergar a los representantes
de la justicia. Ese rol no se le podrá
asignar porque en él no sólo nunca
se ha visto la balanza de la justicia, sino que
ni siquiera la justicia ha estado de visita en
ese lugar.
|