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SOCIEDAD
El
loquito del barrio
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - Desde
hace muchos años se puso de moda que cada
barrio de nuestros pueblos y ciudades tuviera
su loquito. No me refiero al loquito del caricaturista
oficial René de la Nuez, sino a ese otro
que sin guión, dirección ni asesoramiento,
grita de forma espontánea a caja destemplada
las verdades que el resto de la gente calla por
miedo o por costumbre hace 46 años.
El loquito de mi barrio le resulta simpático
a casi todos mis vecinos. Lo que suelta por la
boca es mucho durante los largos apagones, cuando
lleva muchos días la canasta básica
sin ofrecer las limosnitas de alimentos, cuando
la balita de gas se demora más de lo indicado,
o cuando tumban la telenovela por un discurso
del jefe de estado.
Algunos dicen que no está loco. Que no
es la luna llena lo que lo altera. Deambula por
calles y aceras en la medianoche, cantando corridos
mejicanos con letras inventadas por él,
llamando sinvergüenza al que se lo merece,
o acusando de ladrón al más pinto
de la paloma, con nombre y apellido. Estos son
quienes le temen. No tanto a su imaginación
como a su lengua. Porque imaginación tiene,
sobre todo anoche, cuando explicó con lujo
de detalle mientras cantaba por qué el
ciclón no había pasado todavía,
pues llevaba décadas azotándonos.
Como no tenemos luz eléctrica desde el
jueves pasado, la noche del domingo el loquito
estaba en su punto. Lo que gritaba a voz en cuello
no puedo repetirlo aquí. No olvidemos que
por decir ciertas duras verdades puedo ir de cabeza
a un calabozo, y ya estoy bastante vieja para
esos gustos, nada extravagantes en la Cuba de
Fidel Castro.
Pero, sinceramente, el loquito me cae bien. Es
el tipo más realizado de todos los que
vivimos por aquí. Para él no existe
inhibición ni nada que se le parezca. Seguramente
es feliz, porque no se le traba en la garganta
ninguna idea o palabra, como ocurre al resto de
la comunidad.
El loquito de mi barrio es un reflejo fiel de
cuanto ocurre por esta zona 10 de Alamar. Ciego
está quien no lo vea así. Porque
el loquito siempre anda hambriento, mal vestido,
sin dientes y con ese perfume habitual de quien
no tiene moneda similar al dólar para comprar
un desodorante.
En ocasiones, sobre todo en horas de la madrugada,
alguien llama a la patrulla y se llevan al loquito
esposado y gritando las palabrotas más
obscenas. Con los primeros rayos del sol, y ya
para sorpresa de nadie, vuelve el loquito a dar
sus acostumbrados gritos en la acera, maldiciendo
a aquél que le hizo pasar unas horas en
la unidad de la policía.
Entonces el loquito se pone peor. No queda títere
del gobierno con cabeza. El panorama que rodea
al loquito de mi barrio es más deprimente
que él. Quizás por eso está
alborotado.
Dice, acabo de oírlo desde mi ventana,
que todos estamos locos, mucho más locos
que él. No entiende por qué hombres
y mujeres cargan cubos de agua cuatro y cinco
pisos; por qué algunos duermen en los pasillos
del edificio por el calor. Se pregunta por qué
hace varios días que los bombillos no se
encienden, ni sale agua por las tuberías.
¿Estaremos locos de verdad todos los que
nos hemos tenido que quedar a vivir en Cuba?
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