PRENSA INDEPENDIENTE
Julio 15, 2005
 

SOCIEDAD
El loquito del barrio

Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - Desde hace muchos años se puso de moda que cada barrio de nuestros pueblos y ciudades tuviera su loquito. No me refiero al loquito del caricaturista oficial René de la Nuez, sino a ese otro que sin guión, dirección ni asesoramiento, grita de forma espontánea a caja destemplada las verdades que el resto de la gente calla por miedo o por costumbre hace 46 años.

El loquito de mi barrio le resulta simpático a casi todos mis vecinos. Lo que suelta por la boca es mucho durante los largos apagones, cuando lleva muchos días la canasta básica sin ofrecer las limosnitas de alimentos, cuando la balita de gas se demora más de lo indicado, o cuando tumban la telenovela por un discurso del jefe de estado.

Algunos dicen que no está loco. Que no es la luna llena lo que lo altera. Deambula por calles y aceras en la medianoche, cantando corridos mejicanos con letras inventadas por él, llamando sinvergüenza al que se lo merece, o acusando de ladrón al más pinto de la paloma, con nombre y apellido. Estos son quienes le temen. No tanto a su imaginación como a su lengua. Porque imaginación tiene, sobre todo anoche, cuando explicó con lujo de detalle mientras cantaba por qué el ciclón no había pasado todavía, pues llevaba décadas azotándonos.

Como no tenemos luz eléctrica desde el jueves pasado, la noche del domingo el loquito estaba en su punto. Lo que gritaba a voz en cuello no puedo repetirlo aquí. No olvidemos que por decir ciertas duras verdades puedo ir de cabeza a un calabozo, y ya estoy bastante vieja para esos gustos, nada extravagantes en la Cuba de Fidel Castro.

Pero, sinceramente, el loquito me cae bien. Es el tipo más realizado de todos los que vivimos por aquí. Para él no existe inhibición ni nada que se le parezca. Seguramente es feliz, porque no se le traba en la garganta ninguna idea o palabra, como ocurre al resto de la comunidad.

El loquito de mi barrio es un reflejo fiel de cuanto ocurre por esta zona 10 de Alamar. Ciego está quien no lo vea así. Porque el loquito siempre anda hambriento, mal vestido, sin dientes y con ese perfume habitual de quien no tiene moneda similar al dólar para comprar un desodorante.

En ocasiones, sobre todo en horas de la madrugada, alguien llama a la patrulla y se llevan al loquito esposado y gritando las palabrotas más obscenas. Con los primeros rayos del sol, y ya para sorpresa de nadie, vuelve el loquito a dar sus acostumbrados gritos en la acera, maldiciendo a aquél que le hizo pasar unas horas en la unidad de la policía.

Entonces el loquito se pone peor. No queda títere del gobierno con cabeza. El panorama que rodea al loquito de mi barrio es más deprimente que él. Quizás por eso está alborotado.

Dice, acabo de oírlo desde mi ventana, que todos estamos locos, mucho más locos que él. No entiende por qué hombres y mujeres cargan cubos de agua cuatro y cinco pisos; por qué algunos duermen en los pasillos del edificio por el calor. Se pregunta por qué hace varios días que los bombillos no se encienden, ni sale agua por las tuberías.

¿Estaremos locos de verdad todos los que nos hemos tenido que quedar a vivir en Cuba?


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