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SOCIEDAD
Después de un huracán mercenario
Juan Carlos Linares
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - Al
menos diez víctimas y cientos de miles
de damnificados fue el saldo dado por la prensa
oficial. Nadie podrá comprender mejor que
los propios afectados la vulnerabilidad humana
ante la fuerza irracional de nuestra madre naturaleza,
esa misma que nos crea y nos destruye.
Pero de ahí a llamarlo "huracán
mercenario" existe un abismo colmado de populismo,
manipulación e insensibilidad.
El diario Granma, órgano del Partido Comunista
de Cuba, en la edición sabatina del 9 de
julio señala: "Derrotado el huracán
mercenario".
Todos los diccionarios de la lengua castellana
atribuyen a la palabra mercenario el significado
de persona que actúa sólo por dinero,
y se aplica también a soldados o tropas
que prestan servicios a un gobierno que les paga.
Otra acepción es "por orden de la
merced, o por favor, gracia, voluntad o cortesía
hacia ella".
En tal caso, ¿quién pagó
a Dennis? ¿Sería algún gobierno
de una islita que integra el CARICON, lugar por
donde pasó el ciclón? ¿O
fue voluntad suprema de "nuestra merced",
el "mil veces maléfico imperialismo
yanqui"?
De seguro de ningún disidente partió
la iniciativa ni salió el dinero para pagar
dicha acción ciclónica, y mucho
menos de los cientos de presos políticos,
que tendrán que enfrentar -por caprichos
del gobierno- las secuelas de Dennis, y sufrir
más hambre y brutalidades.
Dice un refrán muy optimista que hasta
de las mayores desgracias emanan experiencias
dignas de ser aprovechadas. Una experiencia comenzó
cuando los fuertes vientos empezaron a derribar
y dejar sin electricidad las antenas que interfieren
las señales de Radio Martí. A partir
de entonces se escucharon reportes, por las frecuencias
nacionales, de voces tan familiares como las de
Oscar Espinosa Chepe, Miriam Leiva, Carlos Serpa
y otros periodistas independientes y activistas
de derechos humanos, que informaban y opinaban
sobre variados temas políticos, económicos
y sociales relacionados con el paso del meteoro,
desde distintos lugares de la isla.
Fueron horas de democracia informativa, porque
al mismo tiempo que se escuchaba perfectamente
Radio Martí otras dos emisoras del gobierno
cubano se mantuvieron en el aire, particularmente
en la capital.
Debe reconocerse la importancia de los "radiecitos
mercenarios" distribuidos por la Sección
de Intereses de Estados Unidos en Cuba. Según
se pudo conocer, un consejo popular reunido en
el comedor de una empresa ubicada en la barriada
de Luyanó estuvo todo el tiempo informado
gracias a uno de estos equipos, que al parecer
un vecino disidente prestó a los funcionarios.
Por cierto, y por insólito que parezca,
el gobierno cubano niega a los cubanos dos canales
televisivos de primos menos totalitarios: el chino
dirigido en español a América Latina
y el venezolano Telesur. Al parecer, el castrismo
tildaría de mercenaria a la mismísima
muerte.
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