PRENSA INDEPENDIENTE
Julio 13, 2005
 

SOCIEDAD
Cuba agoniza

Oscar Espinosa Chepe

LA HABANA, Cuba Julio (www.cubanet.org) - La Ing. Yadira García, ministra de la Industria Básica, reconoció en una Mesa Redonda televisiva recientemente, que las promesas de reducir los cortes de electricidad en lo que queda del verano no serán de fácil cumplimiento.

Desde hace semanas, la carencia de servicio eléctrico se ha intensificado, y en algunas partes de la Isla solamente se producen reducidos lapsos con acceso al vital fluido. Alumbrones, según el calificativo popular. Situación agravada desde el 8 de julio por el impacto sobre el sistema del huracán Dennis, que momentáneamente ha separado la parte Occidental de la Oriental debido a la destrucción de líneas de transmisión en la parte Central.

Como consecuencia, los exasperados ciudadanos pierden sus ilusiones de usar los ventiladores, y poder paliar una calurosa temporada que ha comenzado con temperaturas extremadamente altas. Al parecer, un terrible valladar para disfrutar de unas vacaciones apacibles.

Las razones brindadas por la ministra para esta situación descansan en que los mantenimientos realizados en algunas unidades energéticas se alargaron debido a nuevos defectos encontrados en las instalaciones desmontadas, a lo cual se sumaron roturas en otras unidades que dejaron una capacidad de generación inferior a la demanda.

El sistema electro-energético nacional, según datos oficiales, posee una capacidad de generación instalada de 3,200 megavatios (MW), muy superior a la demanda máxima en el verano, estimada en 2,400 MW. El suministro de petróleo está garantizado a su vez por los ventajosos acuerdos suscritos con Venezuela, que permiten la llegada de alrededor de 90 mil barriles de carburante diariamente.

Teóricamente, en modo alguno deberían existir obstáculos para satisfacer las necesidades de electricidad de la economía y la población. El problema radica en el estado calamitoso del sistema enérgico en su conjunto, tanto en las áreas de generación como de transmisión y distribución.

La ministra, en un acto de sinceridad, reconoció en su intervención que la mayoría de las unidades generadoras (fundamentalmente de procedencia soviética y checa) tienen un promedio de explotación que oscila entre 25 y 35 años, con tecnologías en su mayoría desechas por los propios productores, incluida la unidad de 300 MW, Antonio Guiteras, de Matanzas, suministrada por la reconocida empresa Alsthom, de Francia.

A este preocupante panorama habría que agregar diversos factores negativos. Entre otros, podría mencionarse los problemas derivados de prolongados y difíciles procesos inversionistas, en que la mayoría de las unidades energéticas se vieron implicadas durante la construcción y puesta en marcha.

Una muestra concreta la tenemos en las dos unidades de 250 MW cada una de Felton, contratadas en 1983 a la firma Skodaexport de la entonces Checoslovaquia. La unidad No. 1 empezó a generar en 1996, y tiempo después la No. 2. Como podrá comprenderse, el equipamiento entregado estuvo almacenado muchos años, depreciándose tecnológica y materialmente cerca de la costa en un medio ambiente con altos índices de salinidad. Historias similares podrían referirse sobre la unidad No. 3 de 64 MW y las No. 4, 5 y 6 de 125 MW cada una instaladas en la Central Termoeléctrica de Nuevitas, también edificada con equipamiento checoslovaco.

A esos serios inconvenientes de origen se han sumado mantenimientos irregulares y no siempre aceptables debido a la falta de recursos, sin soslayar una operación con el petróleo nacional pesado y con un alto porcentaje de azufre, en los últimos años.

Los problemas no se reducen a las dificultades existentes en las unidades generadoras. En las esferas de la transmisión y distribución están presentes también múltiples deficiencias, con subestaciones anticuadas y faltas de mantenimientos, redes en mal estado, postes del tendido podridos, transformadores deficientes y recargados, acometidas defectuosas y brakers domésticos de los cuales se calcula deben ser sustituidos 1 millón 900 mil por encontrarse en mal estado en todo el país.

Debido a la obsolescencia técnica y al calamitoso estado del sistema electro-energético en su conjunto, tienen lugar pérdidas en las redes de transmisión y distribución de entre el 17 y el 18,0 por ciento de la generación, cuando lo normal no debe sobrepasar el 10,0 por ciento.

Puede afirmarse que el proceso descapitalizador del sistema energético nacional ha llegado a un punto crítico. No admite otra solución que la inversión de varios miles de millones de dólares, los cuales por supuesto el país no tiene para financiar la revitalización de una estructura de generación eléctrica en estado de coma, que ciertamente podría tener parciales mejorías en determinados momentos debido a parches correctivos, pero que a más largo plazo serán incapaces de evitar un paulatino empeoramiento en la producción del vital fluido.

Las preocupantes perspectivas del sistema energético nacional no son únicas en la economía cubana. Por similares razones, están en vías de desaparición la industria azucarera y la ganadera vacuna. El estado de la vivienda es desastroso.

El 43,0 por ciento del fondo habitacional de la Isla califica con condiciones malas y regulares, según informaciones oficiales que no aclaran si en este indicador están incluidas las edificaciones de las villas miserias existentes en las periferias de las ciudades y pueblos cubanos. Estas fuentes señalan un déficit de medio millón de viviendas, problema que para resolverse exigiría inversiones por un monto de 4 mil millones de dólares. En 2004 fueron construidas 15,532 unidades, cuando solamente los huracanes Charley e Iván dañaron 100,266, muchas de ellas en forma irreparable.

La situación de las vías es alarmante, lo cual puede apreciarse hasta en las principales avenidas de la capital. Realmente, los problemas ya no existen en áreas suburbanas, pues las calles han desaparecido virtualmente.

Esto tiene un impacto terrible sobre la obsoleta e insuficiente dotación de transporte automotor que, carente de un adecuado abastecimiento de piezas de repuesto y otros recursos, con una carga excesiva, están obligados a transitar por vías destruidas y con profundos baches, lo cual acelera la descapitalización de los equipos además de constituir una constante fuente de accidentes.

El sistema de abastecimiento de agua presenta una crisis imposible de soslayar. En la propia ciudad de La Habana existen zonas carentes del suministro del vital elemento. Al mismo tiempo hay fugas en el sistema, causante de pérdidas de hasta 50,0 por ciento en la conducción del líquido, fundamentalmente por el estado desastroso de las redes de distribución, que requieren de una total revitalización.

La lista de las calamidades no termina con los citados ejemplos. Se extiende a los demás sectores productivos y de servicios, en un proceso descapitalizador acumulado que en diversos grados abarca el resto de la economía; el cual se extiende a los recursos humanos, tanto en el aspecto de la calificación productiva como en la más importante vertiente de sus valores espirituales. Tema que por su trascendental importancia para los destinos de la nación, requiere de un análisis particular.

Desafortunadamente, todo hace indicar que por parte de las autoridades se carece de una toma de conciencia sobre la gravedad de los niveles actuales de descapitalización neta, material y humana.

En modo alguno se trata únicamente de que año tras año la inversión bruta no alcance ni siquiera los montos de la depreciación de los activos nacionales. Lo más grave reside en que el sistema económico, político y social que ha ocasionado la actual catástrofe no sólo se mantiene, sino que se refuerza mediante recientes medidas de recentralización de las decisiones económicas, así como del constante aplastamiento de los pequeños reductos de iniciativa individual (trabajo por cuenta propia) aún permitidos.

Ojalá la terrible crisis energética que azota el país -empeorada por los efectos del huracán Dennis- sirva como toque de alerta a gobernantes y gobernados sobre los problemas de la creciente descapitalización que afronta la nación, exclusivamente solucionables con la liberación de las maniatadas fuerzas y las bloqueadas capacidades creativas de los cubanos.


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