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SOCIEDAD
Cuba agoniza
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba Julio (www.cubanet.org) - La
Ing. Yadira García, ministra de la Industria
Básica, reconoció en una Mesa Redonda
televisiva recientemente, que las promesas de
reducir los cortes de electricidad en lo que queda
del verano no serán de fácil cumplimiento.
Desde hace semanas, la carencia de servicio eléctrico
se ha intensificado, y en algunas partes de la
Isla solamente se producen reducidos lapsos con
acceso al vital fluido. Alumbrones, según
el calificativo popular. Situación agravada
desde el 8 de julio por el impacto sobre el sistema
del huracán Dennis, que momentáneamente
ha separado la parte Occidental de la Oriental
debido a la destrucción de líneas
de transmisión en la parte Central.
Como consecuencia, los exasperados ciudadanos
pierden sus ilusiones de usar los ventiladores,
y poder paliar una calurosa temporada que ha comenzado
con temperaturas extremadamente altas. Al parecer,
un terrible valladar para disfrutar de unas vacaciones
apacibles.
Las razones brindadas por la ministra para esta
situación descansan en que los mantenimientos
realizados en algunas unidades energéticas
se alargaron debido a nuevos defectos encontrados
en las instalaciones desmontadas, a lo cual se
sumaron roturas en otras unidades que dejaron
una capacidad de generación inferior a
la demanda.
El sistema electro-energético nacional,
según datos oficiales, posee una capacidad
de generación instalada de 3,200 megavatios
(MW), muy superior a la demanda máxima
en el verano, estimada en 2,400 MW. El suministro
de petróleo está garantizado a su
vez por los ventajosos acuerdos suscritos con
Venezuela, que permiten la llegada de alrededor
de 90 mil barriles de carburante diariamente.
Teóricamente, en modo alguno deberían
existir obstáculos para satisfacer las
necesidades de electricidad de la economía
y la población. El problema radica en el
estado calamitoso del sistema enérgico
en su conjunto, tanto en las áreas de generación
como de transmisión y distribución.
La ministra, en un acto de sinceridad, reconoció
en su intervención que la mayoría
de las unidades generadoras (fundamentalmente
de procedencia soviética y checa) tienen
un promedio de explotación que oscila entre
25 y 35 años, con tecnologías en
su mayoría desechas por los propios productores,
incluida la unidad de 300 MW, Antonio Guiteras,
de Matanzas, suministrada por la reconocida empresa
Alsthom, de Francia.
A este preocupante panorama habría que
agregar diversos factores negativos. Entre otros,
podría mencionarse los problemas derivados
de prolongados y difíciles procesos inversionistas,
en que la mayoría de las unidades energéticas
se vieron implicadas durante la construcción
y puesta en marcha.
Una muestra concreta la tenemos en las dos unidades
de 250 MW cada una de Felton, contratadas en 1983
a la firma Skodaexport de la entonces Checoslovaquia.
La unidad No. 1 empezó a generar en 1996,
y tiempo después la No. 2. Como podrá
comprenderse, el equipamiento entregado estuvo
almacenado muchos años, depreciándose
tecnológica y materialmente cerca de la
costa en un medio ambiente con altos índices
de salinidad. Historias similares podrían
referirse sobre la unidad No. 3 de 64 MW y las
No. 4, 5 y 6 de 125 MW cada una instaladas en
la Central Termoeléctrica de Nuevitas,
también edificada con equipamiento checoslovaco.
A esos serios inconvenientes de origen se han
sumado mantenimientos irregulares y no siempre
aceptables debido a la falta de recursos, sin
soslayar una operación con el petróleo
nacional pesado y con un alto porcentaje de azufre,
en los últimos años.
Los problemas no se reducen a las dificultades
existentes en las unidades generadoras. En las
esferas de la transmisión y distribución
están presentes también múltiples
deficiencias, con subestaciones anticuadas y faltas
de mantenimientos, redes en mal estado, postes
del tendido podridos, transformadores deficientes
y recargados, acometidas defectuosas y brakers
domésticos de los cuales se calcula deben
ser sustituidos 1 millón 900 mil por encontrarse
en mal estado en todo el país.
Debido a la obsolescencia técnica y al
calamitoso estado del sistema electro-energético
en su conjunto, tienen lugar pérdidas en
las redes de transmisión y distribución
de entre el 17 y el 18,0 por ciento de la generación,
cuando lo normal no debe sobrepasar el 10,0 por
ciento.
Puede afirmarse que el proceso descapitalizador
del sistema energético nacional ha llegado
a un punto crítico. No admite otra solución
que la inversión de varios miles de millones
de dólares, los cuales por supuesto el
país no tiene para financiar la revitalización
de una estructura de generación eléctrica
en estado de coma, que ciertamente podría
tener parciales mejorías en determinados
momentos debido a parches correctivos, pero que
a más largo plazo serán incapaces
de evitar un paulatino empeoramiento en la producción
del vital fluido.
Las preocupantes perspectivas del sistema energético
nacional no son únicas en la economía
cubana. Por similares razones, están en
vías de desaparición la industria
azucarera y la ganadera vacuna. El estado de la
vivienda es desastroso.
El 43,0 por ciento del fondo habitacional de
la Isla califica con condiciones malas y regulares,
según informaciones oficiales que no aclaran
si en este indicador están incluidas las
edificaciones de las villas miserias existentes
en las periferias de las ciudades y pueblos cubanos.
Estas fuentes señalan un déficit
de medio millón de viviendas, problema
que para resolverse exigiría inversiones
por un monto de 4 mil millones de dólares.
En 2004 fueron construidas 15,532 unidades, cuando
solamente los huracanes Charley e Iván
dañaron 100,266, muchas de ellas en forma
irreparable.
La situación de las vías es alarmante,
lo cual puede apreciarse hasta en las principales
avenidas de la capital. Realmente, los problemas
ya no existen en áreas suburbanas, pues
las calles han desaparecido virtualmente.
Esto tiene un impacto terrible sobre la obsoleta
e insuficiente dotación de transporte automotor
que, carente de un adecuado abastecimiento de
piezas de repuesto y otros recursos, con una carga
excesiva, están obligados a transitar por
vías destruidas y con profundos baches,
lo cual acelera la descapitalización de
los equipos además de constituir una constante
fuente de accidentes.
El sistema de abastecimiento de agua presenta
una crisis imposible de soslayar. En la propia
ciudad de La Habana existen zonas carentes del
suministro del vital elemento. Al mismo tiempo
hay fugas en el sistema, causante de pérdidas
de hasta 50,0 por ciento en la conducción
del líquido, fundamentalmente por el estado
desastroso de las redes de distribución,
que requieren de una total revitalización.
La lista de las calamidades no termina con los
citados ejemplos. Se extiende a los demás
sectores productivos y de servicios, en un proceso
descapitalizador acumulado que en diversos grados
abarca el resto de la economía; el cual
se extiende a los recursos humanos, tanto en el
aspecto de la calificación productiva como
en la más importante vertiente de sus valores
espirituales. Tema que por su trascendental importancia
para los destinos de la nación, requiere
de un análisis particular.
Desafortunadamente, todo hace indicar que por
parte de las autoridades se carece de una toma
de conciencia sobre la gravedad de los niveles
actuales de descapitalización neta, material
y humana.
En modo alguno se trata únicamente de
que año tras año la inversión
bruta no alcance ni siquiera los montos de la
depreciación de los activos nacionales.
Lo más grave reside en que el sistema económico,
político y social que ha ocasionado la
actual catástrofe no sólo se mantiene,
sino que se refuerza mediante recientes medidas
de recentralización de las decisiones económicas,
así como del constante aplastamiento de
los pequeños reductos de iniciativa individual
(trabajo por cuenta propia) aún permitidos.
Ojalá la terrible crisis energética
que azota el país -empeorada por los efectos
del huracán Dennis- sirva como toque de
alerta a gobernantes y gobernados sobre los problemas
de la creciente descapitalización que afronta
la nación, exclusivamente solucionables
con la liberación de las maniatadas fuerzas
y las bloqueadas capacidades creativas de los
cubanos.
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