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SOCIEDAD
Ñico
y Chiquitico
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - Ñico
y Chiquitico son dos pobres pordioseros negros
y locos. Dos hermanos que pasan de los sesenta
años y viven sin estorbarse. Apenas se
hacen compañía porque habitan en
mundos paralelos que no siempre hacen contacto.
Pero de alguna forma se aman y necesitan entre
sí.
Ñico fuma unas descomunales e increíbles
brevas. Él mismo las tuerce. Muchos ignoran
dónde consigue la picadura y las hojas.
Está permanentemente involucrado en una
discusión interminable con un interlocutor
invisible. No parece necesitar a nadie. Lo único
que pide de vez en vez es fuego. Lo hace con los
paseantes. Cuando lo consigue, lo agradece con
cómicas reverencias. Siempre agradece todo.
Alguien le regaló en una oportunidad una
fosforera de gas. Ñico agradeció
el obsequio con reverencias más exageradas
que las de costumbre. Más adelante la regaló
al primero que pasó por allí. Necesitaba
pedir fuego y no un encendedor.
Chiquitico es alto y flaco. Usa una cinta azul
marca Adidas, muy deteriorada por el uso, en la
frente. Tiene el cabello lanudo propio de los
negros, muy largo. Lo lleva en completo desorden,
al igual que la barba. Vive con tres perros satos,
flacos y sucios como él.
De los dos hermanos, Chiquitico es el más
sociable. Arregla jardines y hace algunos encargos
menores para los vecinos. Su aspecto personal
y la compañía de sus perros le aportan
un cierto parecido con San Lázaro. Muchos
creen que dispone de una protección importante
del Santo.
Chiquitico no cobra nunca por sus servicios. Sonríe
sin malicia y sigue su camino.
Sentía una fuerte curiosidad por saber
cómo se sostenían los locos de la
ciudad. Creo que en el espacio de la escasez y
la miseria, es una buena pregunta.
Gracias a Ñico y Chiquitico lo supe todo.
Es muy sencillo. Una cofradía de gente
buena, humilde y solidaria les trae comida a los
dos hermanos y a los perros. Así de sencillo.
Alguien que trabaja en la fábricas de
cigarrillos y tabacos de Luyanó trae las
hojas de desecho y picadura. Con ellas Ñico
se fabrica sus estrafalarios tabacos que tanto
llaman la atención de quien los ve.
Ñico y Chiquitico habitan una vieja casa
en ruinas. Hace años la familia de ambos
-muy revolucionaria- recibió una casa mejor.
Entonces se mudaron y los abandonaron a su suerte.
En aquella ocasión alegaron que "la
revolución no abandona a nadie".
Desde aquel momento el barrio se hizo cargo de
los dos orates. La familia, de apellido Campoalegre,
nunca volvió a interesarse por la suerte
de los dos hermanos. Entre ellos los hay fiscales
y militares. Gente muy integrada al proceso, y
fiel a las ideas y al ejemplo del Comandante.
Por lo pronto, en la vecindad del parque Butari
puede hallar a los hermanos. Ñico le pedirá
fuego. Y Chiquitico se reirá de ambos.
No deje de escuchar con atención a Ñico.
Habla con alguien muy importante. En ocasiones
es capaz de decir cosas muy interesantes. Pero
no perderá su tiempo dedicándolas
a usted. Vive en otro nivel.
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