PRENSA INDEPENDIENTE
Julio 8, 2005
 

SOCIEDAD
Ñico y Chiquitico

Juan González Febles

LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - Ñico y Chiquitico son dos pobres pordioseros negros y locos. Dos hermanos que pasan de los sesenta años y viven sin estorbarse. Apenas se hacen compañía porque habitan en mundos paralelos que no siempre hacen contacto. Pero de alguna forma se aman y necesitan entre sí.

Ñico fuma unas descomunales e increíbles brevas. Él mismo las tuerce. Muchos ignoran dónde consigue la picadura y las hojas. Está permanentemente involucrado en una discusión interminable con un interlocutor invisible. No parece necesitar a nadie. Lo único que pide de vez en vez es fuego. Lo hace con los paseantes. Cuando lo consigue, lo agradece con cómicas reverencias. Siempre agradece todo.

Alguien le regaló en una oportunidad una fosforera de gas. Ñico agradeció el obsequio con reverencias más exageradas que las de costumbre. Más adelante la regaló al primero que pasó por allí. Necesitaba pedir fuego y no un encendedor.

Chiquitico es alto y flaco. Usa una cinta azul marca Adidas, muy deteriorada por el uso, en la frente. Tiene el cabello lanudo propio de los negros, muy largo. Lo lleva en completo desorden, al igual que la barba. Vive con tres perros satos, flacos y sucios como él.

De los dos hermanos, Chiquitico es el más sociable. Arregla jardines y hace algunos encargos menores para los vecinos. Su aspecto personal y la compañía de sus perros le aportan un cierto parecido con San Lázaro. Muchos creen que dispone de una protección importante del Santo.
Chiquitico no cobra nunca por sus servicios. Sonríe sin malicia y sigue su camino.

Sentía una fuerte curiosidad por saber cómo se sostenían los locos de la ciudad. Creo que en el espacio de la escasez y la miseria, es una buena pregunta.

Gracias a Ñico y Chiquitico lo supe todo. Es muy sencillo. Una cofradía de gente buena, humilde y solidaria les trae comida a los dos hermanos y a los perros. Así de sencillo.

Alguien que trabaja en la fábricas de cigarrillos y tabacos de Luyanó trae las hojas de desecho y picadura. Con ellas Ñico se fabrica sus estrafalarios tabacos que tanto llaman la atención de quien los ve.

Ñico y Chiquitico habitan una vieja casa en ruinas. Hace años la familia de ambos -muy revolucionaria- recibió una casa mejor. Entonces se mudaron y los abandonaron a su suerte. En aquella ocasión alegaron que "la revolución no abandona a nadie".

Desde aquel momento el barrio se hizo cargo de los dos orates. La familia, de apellido Campoalegre, nunca volvió a interesarse por la suerte de los dos hermanos. Entre ellos los hay fiscales y militares. Gente muy integrada al proceso, y fiel a las ideas y al ejemplo del Comandante.

Por lo pronto, en la vecindad del parque Butari puede hallar a los hermanos. Ñico le pedirá fuego. Y Chiquitico se reirá de ambos. No deje de escuchar con atención a Ñico. Habla con alguien muy importante. En ocasiones es capaz de decir cosas muy interesantes. Pero no perderá su tiempo dedicándolas a usted. Vive en otro nivel.


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