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POLITICA
Sinocentrismo
en el Caribe (I)
Ariel Delgado Covarrubias
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - Las
terroríficas imágenes de los tanques
soviéticos entrando a cañonazos
en Paris, luego de una ofensiva del Pacto de Varsovia
sobre la OTAN en el inicio de la esperada entonces
Tercera Guerra Mundial, pasó definitivamente
a ser una ficción al ocurrir la caída
del siniestro Muro de Berlín.
Pero la visión de oleadas de chinos, en
ofensiva de millones, avanzando inconteniblemente
a bayoneta calada sobre las defensas del mundo
libre, si bien son cosa del pasado reciente, siguen
en la mente de muchos que no se resignan a ver
la estrella roja en los uniformes verdes del gigante
asiático.
La realidad actual es que los nuevos guerreros
son productos fabricados, vendidos y consumidos
en ese gran mercado mundial, a los que no se resisten
las fronteras, que llegan y ocupan naciones enteras
y crean un grado de dependencia que no ha escapado
a algunos estudiosos que ven en ello un "nuevo
imperialismo".
Para los chinos esa visión moderna no
escapa de su apreciación. Y de ser así,
entonces el mundo ya está tomado por ese
ejército que, en vez de símbolos
guerreristas pertenecientes a una ideología,
llevan el inofensivo cartelito de "Made in
China".
La República Popular China se ha convertido
en la factoría del mundo. Todas las grandes
transnacionales han montado fábricas en
el gigante asiático, llegando éste
a convertirse en el primer receptor de capitales
del orbe. Tal desarrollo ha logrado que los bancos
y la economía de ese país puedan
expandirse.
Así los nuevos magnates chinos compran
empresas y hacen millonarias inversiones en diversos
lugares del planeta. Es un problema hasta de subsistencia.
La economía del llamado "mercado socialista"
tiene más de mercado que de su adjetivo
ideológico. Grandes empresas del mundo
occidental pasan a manos de Beijing y hasta la
emblemática transnacional norteamericana
IBM vende parte importante de su línea
de computadoras a su semejante china.
Con tamaña potencialidad la mercantil,
China roja irrumpe en América Latina y
el Caribe, avanzando hasta el traspatio de la
mayor potencia del orbe. Tan sólo de enero
a noviembre de 2004 más de 900 millones
de dólares -la mitad de todas las inversiones
de Beijing fuera de sus fronteras- fueron invertidos
en el área.
Para mantener su gran producción, el coloso
asiático requiere de materias primas y
productos preelaborados. Chile es actualmente
el principal proveedor de cobre, y Argentina le
suministra el 20 % de las importaciones de cueros,
plástico, algodón y otros rubros
semiprocesados. Y Cuba se apresta a abastecer
las acerías chinas con el níquel
necesario. América Latina se torna un mercado
importante para el insaciable gigante asiático.
La irrupción de tan poderoso empresario
ha generado diversas reacciones en el continente:
desde la satisfacción por la importancia
que han tenido sus inversiones en el crecimiento
operado en la región, hasta el temor de
que la entrada de productos tan baratos pueda
dejar sin empleo a muchos latinoamericanos y con
ello agravar los problemas sociales y políticos
en la zona.
Para el gobierno cubano la llegada de los negociantes
ha sido más que una tabla de salvación
cuando su economía estaba casi ahogada.
Eso unido a la solidez alcanzada por Chávez
después del referéndum de agosto
del año pasado, y con ello el petróleo
abundante y barato, ha permitido al gobernante
de La Habana declarar haber llegado al final del
Período Especial a través de lograr
"la invencibilidad económica".
Lo mejor para Castro es que esto le permite rehacer
su cuadro de alianzas. Claro, no será igual
que cuando era sufragado por la desaparecida Unión
Soviética, pero la economía cubana
ha alcanzado una racionalidad y ahorro en sus
principales sectores que le permiten una utilización
más eficiente de los recursos en comparación
con los años dorados del Imperio Rojo.
Hasta ahora el nivel de inversiones chinas dirigidas
a Cuba, en comparación con las que hace
en el resto del continente, no son significativas.
El níquel, convertido ahora en el principal
rubro exportable de la isla, recibirá una
inversión de 500 millones de dólares
para la construcción de una planta de ferro
níquel con capacidad para producir alrededor
de 22,500 toneladas durante un período
de 25 años. Y se estudia la posibilidad
de construir una nueva planta en Camagüey,
que podría producir 50 mil toneladas anuales,
con una inversión de 1,300 millones de
dólares, financiada por bancos chinos.
No obstante, se calcula que para 2,015 las inversiones
de ese país en el subcontinente alcancen
la colosal cifra de 100 mil millones de dólares,
de los cuales Cuba aspira a tener una importante
tajada. En la actualidad las autoridades chinas
dedican especial atención al Caribe y realizaron
en Jamaica una importante reunión regional
para el estudio de las posibilidades de inversión
y comercio.
La afinidad ideológica entre el régimen
de Beijing y La Habana es un elemento catalizador
de esa cooperación económica. Pese
a las diferencias, ambos estados comparten una
ideología en común, que aunque en
bancarrota, sus líderes pretenden salvar.
Y ello conlleva a un mayor acercamiento, pese
a la distancia geográfica, que como primera
etapa lleva al desarrollo e incremento de las
inversiones y el comercio.
Ya en La Habana se están preparando zonas
para la futura instalación de maquiladoras
procedentes de ese país asiático,
entre ellas lo que hasta hace poco era la Zona
Franca de Wajay, muy cerca de la capital. Nadie
sabe a ciencia cierta cuáles serán
las producciones que los aliados asiáticos
decidan realizar en Cuba, con la estrategia de
ser el centro exportador para el área del
Caribe y Centro América. Sea como sea,
con la magnitud que ello representa, Castro ve
la posibilidad de levantar así su derruida
economía, y ello lo llevará a crear
condiciones para ampliar su mercado interno, de
ahí las promesas ahora de las ollas arroceras,
pero que se podrá ampliar sobre la base
de las producciones chinas en territorio nacional
a unos precios imposibles de encontrar en otro
lugar del mundo.
¿Hasta dónde llega el acuerdo logrado
entre los gobernantes chinos y cubanos? ¿Se
reduce al campo económico y con alguna
incidencia en lo social? ¿O esa alianza,
además de ideológica y económica
llega hasta el terreno de la geopolítica
internacional?
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