PRENSA INDEPENDIENTE
Julio 8, 2005
 

POLITICA
Sinocentrismo en el Caribe (I)

Ariel Delgado Covarrubias

LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - Las terroríficas imágenes de los tanques soviéticos entrando a cañonazos en Paris, luego de una ofensiva del Pacto de Varsovia sobre la OTAN en el inicio de la esperada entonces Tercera Guerra Mundial, pasó definitivamente a ser una ficción al ocurrir la caída del siniestro Muro de Berlín.

Pero la visión de oleadas de chinos, en ofensiva de millones, avanzando inconteniblemente a bayoneta calada sobre las defensas del mundo libre, si bien son cosa del pasado reciente, siguen en la mente de muchos que no se resignan a ver la estrella roja en los uniformes verdes del gigante asiático.

La realidad actual es que los nuevos guerreros son productos fabricados, vendidos y consumidos en ese gran mercado mundial, a los que no se resisten las fronteras, que llegan y ocupan naciones enteras y crean un grado de dependencia que no ha escapado a algunos estudiosos que ven en ello un "nuevo imperialismo".

Para los chinos esa visión moderna no escapa de su apreciación. Y de ser así, entonces el mundo ya está tomado por ese ejército que, en vez de símbolos guerreristas pertenecientes a una ideología, llevan el inofensivo cartelito de "Made in China".

La República Popular China se ha convertido en la factoría del mundo. Todas las grandes transnacionales han montado fábricas en el gigante asiático, llegando éste a convertirse en el primer receptor de capitales del orbe. Tal desarrollo ha logrado que los bancos y la economía de ese país puedan expandirse.

Así los nuevos magnates chinos compran empresas y hacen millonarias inversiones en diversos lugares del planeta. Es un problema hasta de subsistencia. La economía del llamado "mercado socialista" tiene más de mercado que de su adjetivo ideológico. Grandes empresas del mundo occidental pasan a manos de Beijing y hasta la emblemática transnacional norteamericana IBM vende parte importante de su línea de computadoras a su semejante china.

Con tamaña potencialidad la mercantil, China roja irrumpe en América Latina y el Caribe, avanzando hasta el traspatio de la mayor potencia del orbe. Tan sólo de enero a noviembre de 2004 más de 900 millones de dólares -la mitad de todas las inversiones de Beijing fuera de sus fronteras- fueron invertidos en el área.

Para mantener su gran producción, el coloso asiático requiere de materias primas y productos preelaborados. Chile es actualmente el principal proveedor de cobre, y Argentina le suministra el 20 % de las importaciones de cueros, plástico, algodón y otros rubros semiprocesados. Y Cuba se apresta a abastecer las acerías chinas con el níquel necesario. América Latina se torna un mercado importante para el insaciable gigante asiático.

La irrupción de tan poderoso empresario ha generado diversas reacciones en el continente: desde la satisfacción por la importancia que han tenido sus inversiones en el crecimiento operado en la región, hasta el temor de que la entrada de productos tan baratos pueda dejar sin empleo a muchos latinoamericanos y con ello agravar los problemas sociales y políticos en la zona.

Para el gobierno cubano la llegada de los negociantes ha sido más que una tabla de salvación cuando su economía estaba casi ahogada. Eso unido a la solidez alcanzada por Chávez después del referéndum de agosto del año pasado, y con ello el petróleo abundante y barato, ha permitido al gobernante de La Habana declarar haber llegado al final del Período Especial a través de lograr "la invencibilidad económica".

Lo mejor para Castro es que esto le permite rehacer su cuadro de alianzas. Claro, no será igual que cuando era sufragado por la desaparecida Unión Soviética, pero la economía cubana ha alcanzado una racionalidad y ahorro en sus principales sectores que le permiten una utilización más eficiente de los recursos en comparación con los años dorados del Imperio Rojo.

Hasta ahora el nivel de inversiones chinas dirigidas a Cuba, en comparación con las que hace en el resto del continente, no son significativas. El níquel, convertido ahora en el principal rubro exportable de la isla, recibirá una inversión de 500 millones de dólares para la construcción de una planta de ferro níquel con capacidad para producir alrededor de 22,500 toneladas durante un período de 25 años. Y se estudia la posibilidad de construir una nueva planta en Camagüey, que podría producir 50 mil toneladas anuales, con una inversión de 1,300 millones de dólares, financiada por bancos chinos.

No obstante, se calcula que para 2,015 las inversiones de ese país en el subcontinente alcancen la colosal cifra de 100 mil millones de dólares, de los cuales Cuba aspira a tener una importante tajada. En la actualidad las autoridades chinas dedican especial atención al Caribe y realizaron en Jamaica una importante reunión regional para el estudio de las posibilidades de inversión y comercio.

La afinidad ideológica entre el régimen de Beijing y La Habana es un elemento catalizador de esa cooperación económica. Pese a las diferencias, ambos estados comparten una ideología en común, que aunque en bancarrota, sus líderes pretenden salvar. Y ello conlleva a un mayor acercamiento, pese a la distancia geográfica, que como primera etapa lleva al desarrollo e incremento de las inversiones y el comercio.

Ya en La Habana se están preparando zonas para la futura instalación de maquiladoras procedentes de ese país asiático, entre ellas lo que hasta hace poco era la Zona Franca de Wajay, muy cerca de la capital. Nadie sabe a ciencia cierta cuáles serán las producciones que los aliados asiáticos decidan realizar en Cuba, con la estrategia de ser el centro exportador para el área del Caribe y Centro América. Sea como sea, con la magnitud que ello representa, Castro ve la posibilidad de levantar así su derruida economía, y ello lo llevará a crear condiciones para ampliar su mercado interno, de ahí las promesas ahora de las ollas arroceras, pero que se podrá ampliar sobre la base de las producciones chinas en territorio nacional a unos precios imposibles de encontrar en otro lugar del mundo.

¿Hasta dónde llega el acuerdo logrado entre los gobernantes chinos y cubanos? ¿Se reduce al campo económico y con alguna incidencia en lo social? ¿O esa alianza, además de ideológica y económica llega hasta el terreno de la geopolítica internacional?


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