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POLITICA
4 de julio en La Habana
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - Este
4 de julio decenas de cubanos tuvieron la oportunidad
de compartir la fiesta de la Independencia de
Estados Unidos en compañía del jefe
de la misión diplomática de ese
país en La Habana, señor James C.
Cason y demás funcionarios, en la antigua
casona del reparto Siboney, en La Habana.
Como es costumbre, las palabras del señor
Cason tocaron hondo en el corazón de quienes
lo escuchamos. Fueron palabras de despedida y
agradecimiento, de racionalidad profunda sobre
la situación cubana, y de optimismo para
el futuro.
Pocos jefes diplomáticos estadounidenses
se han percatado tanto de la vida íntima
y secreta del pueblo cubano como él. Es
increíble cómo, sin haber penetrado
en un buen número de viviendas, Cason se
lleva una visión exacta de una realidad
que no aparece en la prensa oficialista ni en
los discursos kilométricos del máximo
líder.
El señor Cason descubrió lo falso
del éxito castrista, recordando a aquel
mariscal de campo ruso amante de Catalina II,
Grigori Potemkin, quien diseñó fachadas
para que sirvieran de engaño.
Todos recordamos (y aún lo vemos) la recepción
de fachadas de los edificios en las avenidas San
Lázaro, Malecón, etc., mientras
las viviendas permanecen apuntaladas en su interior.
Me pregunto cómo pudo percatarse el diplomático
norteamericano de que las cifras productivas de
las fábricas y granjas del pueblo nada
tenían que ver con la entrega de productos
alimenticios e industriales a la población.
El discurso de Cason, claro y razonable, difícil
de rebatir, fue escuchado por los presentes en
la fiesta del 4 de julio, quienes pudieron, una
vez más, conocer la capacidad intuitiva
de este político sincero y sagaz.
El diplomático norteamericano confesó,
con la modestia que lo caracteriza, que durante
su viaje de siete mil millas a través de
la Isla (donde descubrió nuestras aldeas
Potemkim) pudo constatar el ansia de democracia
y libertad que siente el pueblo cubano.
Relató anécdotas que sólo
una persona con una gran sensibilidad humana es
capaz de transmitir en su oratoria, cuando se
reunió con balseros devueltos a Cuba, los
que confesaron que habían salido de forma
ilegal del país, y su empeño de
seguir intentándolo, aunque fueran devorados
por los tiburones. O aquel hombre que prefirió
estar encarcelado en Estados Unidos antes que
vivir en Cuba.
Al señor Cason le duele como vive en pueblo
cubano, dominado por un régimen totalitario
capaz de controlar hasta sus más íntimos
pensamientos; lo inútil de la propaganda
castrista, el desperdicio de talentos, la prohibición
de toda iniciativa privada, la represión
en contra de los que hablan de libertad.
El señor Cason ha triunfado en Cuba. Si
no pudo hablar públicamente ideó
símbolos que quedarán para la historia
de la lucha por la democracia. Por primera vez,
en la sede diplomática estadounidense se
ha podido ver una réplica de una celda
de castigo que Fidel Castro ha impuesto a los
prisioneros políticos a través de
décadas.
Jamás olvidaremos su apoyo espiritual
y solidario, su comprensión y sus sabias
palabras cuando nos aconsejó a todos que
no abandonemos nuestra patria. Los que tuvimos
la oportunidad de escucharlo, le damos las gracias
de todo corazón.
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