|
SOCIEDAD
El letrero más antiguo de mi ciudad
Oscar Mario González, Grupo Decoro
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - Convencido
del poder de movilización y psicológico
de las consignas políticas, el castrismo
las ha divulgado por todos lo medios posibles,
incluyendo los letreros en lugares públicos,
ya sea en edificios, calles, terrenos deportivos,
pantanos y hierbazales.
Es así como el cubano ha carecido de casi
todo en estos 46 años de socialismo a la
criolla. Pero no le ha faltado el jarabe revolucionario
de la consigna política. El "teque"
y la cháchara para mantener en alto la
calentura marxista, y el inevitable policía
como garante de la tranquilidad ciudadana.
Pero tal como la dialéctica revolucionaria
se dice y desdice en un permanente tira y encoge,
las consignas aparecen y desaparecen por las más
variadas razones.
Algunas pierden vigencia y atractivo, como aquéllas
de antaño: "La ORI es la candela",
o "Esta es tu casa, FIDEL". Otras han
envejecido y son verdaderos anacronismos en el
contexto internacionalista actual marcado por
el castro-chavismo-bolivariano. Estoy pensando
en: "Nikita, mariquita, lo que se da no se
quita" y "La amistad cubano-soviética
es indestructible. Algunas, incluso, desentonan
y contradicen este presente de sardinas venezolanas
y calentadores de agua chinos, de manera que su
enunciado tiene una connotación francamente
contrarrevolucionaria.
Me refiero a una que está en lo más
alto del edificio del Ministerio de la Construcción,
cuyo texto afirma: REVOLUCIÓN ES CONSTRUIR.
Decir semejante cosa en un país cuya revolución
lo ha destruido, es como hablar del demonio en
presencia del Espíritu Santo, o regar gotas
de agua bendita sobre las llamas del infierno.
Porque si el letrero estuviese en cualquier otro
lugar pudiera endilgársele los supuestos
logros en materia de educación y salud
pública. Pero tratándose del Ministerio
de la Construcción sólo puede asociarse
con la obra humana como acción modificadora
del paisaje natural, cuyo exponente más
visible son las ciudades con sus calles y acercas,
y el conjunto de viviendas y otras edificaciones
esenciales al quehacer humano.
En tal contexto la revolución ha sido
un elemento destructivo del paisaje urbano, y
a tenor de ello la consigna adquiere un matiz
francamente contrarrevolucionario.
Porque si algo tienen el castrismo y el socialismo
real en general, es su enorme potencialidad destructiva,
que cual bomba nuclear arrasa con todo sin dejar
a su paso ni donde amarrar la chiva.
A quien lo dude le recomiendo un paseíto
dominguero por la ciudad de La Habana, pero sin
estar sujeto a ningún guía turístico.
Una escapada por cualquiera de los barrios metropolitanos
y periféricos, donde podrá apreciar
desde caminos vecinales en los que afloran los
rieles de antiguos tranvías y la piedra
caliza, hasta edificios en ruinas convertidos
en depósitos de escombros, o en el mejor
de los casos, en letrinas para el caminante.
REVOLUCIÓN ES DESTRUIR sería la
consigna adecuada a la realidad, pero entonces
se convertiría en una contraconsigna que
negaría la esencia revolucionaria asociada
al fenómeno histórico que los revolucionarios
identifican con el progreso y la libertad.
Convenimos, pues, en que el letrero expresa una
verdad y, no obstante, se torna falso y mentiroso
cuando alude y se refiere a la realidad cubana
del presente.
|