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SOCIEDAD
Con la hoz y el martillo (II y final)
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - En
la prensa oficialista cubana se obvia el análisis
de los problemas raciales también existentes
en la Isla, como otros agudizados por la crisis.
El asunto es tan grave que hasta los máximos
dirigentes del Partido Comunista y el estado se
han referido críticamente a este delicado
asunto, y ni así la prensa oficial ha sido
capaz de pronunciarse. Hasta ahí llega
su parálisis.
Los negros y mulatos cubanos, con el handicap
del pasado de discriminación (por suerte
no tan profunda como en otras latitudes), y viejas
desigualdades irresueltas en los últimos
46 años, constituyen el sector poblacional
con menos familiares en el exterior y, por lo
tanto, menores ingresos por concepto de remesas,
en un país donde esa ayuda es vital para
la inmensa mayoría de los ciudadanos, dado
que en la Cuba actual resulta imposible vivir
del salario.
En modo alguno debe sorprender que en las atestadas
cárceles, llenas del "hombre nuevo",
la abrumadora mayoría de los internados
sean negros y mulatos, triste realidad que sustantivamente
es consecuencia de la cruel situación por
tantos años existente en la sociedad. Este
panorama pude apreciarlo durante mi reciente encarcelamiento
en la Prisión Provincial de Guantánamo,
el Reclusorio de Boniato en Santiago de Cuba y
el Combinado del Este en La Habana, lugares donde
fundamentalmente conviví con presos comunes.
Si alguna duda cupiera al respecto, invitaría
a los periodistas oficialistas a que visitaran
las decenas de miles de casas de vecindad (cuarterías
y solares), donde cientos de miles de compatriotas
coexisten hacinados en condiciones terribles,
mayoritariamente mulatos y negros.
Podría preguntarse el motivo de que la
prensa oficial cubana sea tan ciega, sorda y muda
ante tales realidades. ¿Es que los periodistas
oficiales carecen de la calificación requerida?
Evidentemente ése no es el problema. En
su inmensa mayoría, muestran sus trabajos,
ya sean escritos, radiales o televisivos, un amplio
dominio de la profesión. Cuando deciden
romper con la simulación y marchar al extranjero,
rápidamente obtienen trabajo y se distinguen.
¿Será entonces el exceso de celo
ideológico? Tampoco parece ser el caso.
En la historia cubana ha habido firmes defensores
del credo comunista, reconocidos y respetados
por sus adversarios, debido a la consecuencia
y la objetividad en la defensa de sus ideas. Salvador
García Agüero y Juan Marinillo Vidaurreta
son muestras de una larga lista de personalidades
de las letras cubanas y hombres de izquierda con
los cuales se podrá estar en desacuerdo,
pero no desconocer su honradez intelectual.
Quizás algunos tendrán la clave
del motivo para tal conducta. Pero pienso que
los propios periodistas oficiales, con la ruptura
del hechizo, podrán explicar en el futuro
las razones actuales de su proceder. Sus descargos
serán muy importantes para que jamás
se repitan estas vergonzosas actitudes que tanto
daño han hecho a la prensa nacional. Confiamos
en la conciencia de estos cubanos, máxime
cuando la patria con urgencia los necesita.
De todas formas, las sociedades son sabias, y
la cubana no es la excepción. Ante la carencia
de una prensa libre e independiente, de la nada
han surgido dignos informadores que bajo la represión
más cruel, sin recursos y aprendiendo sobre
la marcha, hacen la labor que a otros les debía
corresponder.
El civismo que los acompaña ha conducido
a muchos de ellos a oscuras mazmorras en condiciones
infrahumanas. No obstante, las bajas momentáneas
han sido reemplazadas por nuevos sustitutos, dispuestos
a padecer por el futuro de la patria, sin odio
ni rencor.
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