|
SOCIEDAD
Con la hoz y el martillo (I)
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - Entre
las características emblemáticas
de la disciplinada prensa oficial cubana está
la constante apología al régimen
y, paralelamente, la búsqueda incesante
de todo lo que pueda ser criticado en el exterior,
sobre todo en la odiada sociedad norteamericana.
El colonialismo prácticamente ha desaparecido;
el racismo retrocede, y países que hace
sólo 50 años eran pasto de la miseria
y el atraso, como Corea del Sur, Taiwán,
Singapur, Malasia y China, entre otros, se han
convertido en naciones prósperas con sostenidos
crecimientos económicos, en los cuales
la pobreza cada día está más
acorralada.
Sin embargo, resulta evidente que no vivimos
en el mejor de los mundos posibles. Persisten
áreas en el planeta con índices
inaceptables de menesterosos, analfabetos y enfermos,
que pudieran ser curados con una adecuada asistencia;
así como la tenaz supervivencia de odios
basados en perversos prejuicios políticos,
raciales, religiosos y de sexo. Esas situaciones,
lógicamente, deben ser denunciadas por
la prensa, pero con objetividad y ética,
sin ver la paja en el ojo ajeno mientras está
la viga en el propio.
Ejemplo típico de doble rasero puede apreciarse
en el artículo titulado "Oprah, la
excepción y la regla", del conocido
periodista y crítico cultural Pedro de
la Hoz, aparecido en Juventud Rebelde el 25 de
junio pasado. En este trabajo, a la vez que se
denuncia una reprobable acción contra Oprah
Winfrey, reconocida personalidad norteamericana
de la raza negra, en París, se hace una
fuerte crítica a la sociedad de Estados
Unidos por las relativas peores condiciones de
vida de los ciudadanos negros en comparación
con los blancos.
De la Hoz se basa en datos estadísticos,
no siempre muy confiables, para hacer su análisis,
como el referente a que "la población
afroamericana representa el 17,2 por ciento del
espectro demográfico de la nación",
cuando esa segunda minoría -la primera
la constituyen hoy los hispanos- era de 13,3 por
ciento en julio de 2004, según estimados
oficiales.
El hecho reflejado en el artículo de negarse
la entrada a la Srta. Winfrey en una boutique
de la exclusiva firma Hermes, en París,
es absolutamente criticable, pero resulta paradójico
que a algunas cuadras de donde el crítico
cultural publicó su trabajo existen hoteles
para extranjeros donde bajo ninguna circunstancia
permiten el alojamiento de los cubanos, ya sean
mulatos, blancos o negros. Que conozcamos, ni
de la Hoz ni ningún otro periodista oficialista
ha denunciado esta vergonzante situación,
entre otras que han convertido a los nacionales
en ciudadanos de tercera clase.
La bella Oprah Winfrey es no sólo una
multimillonaria con un programa de televisión
que desde hace años cautiva a más
de 30 millones de sus conciudadanos de todas las
razas, sexos y edades, sino que también
tiene un público inmenso que la admira
en más de cien naciones (por supuesto,
los cubanos no tenemos acceso a ella), no precisamente
debido a que "subasta emociones y sentimientos",
sino por su calidad y profesionalismo, mentís
rotundo a las infames teorías racistas.
Tampoco puede olvidarse su nobleza y sensibilidad
humana, probada en que dedica parte de su fortuna
a financiar escuelas para niñas en Africa.
Desafortunadamente, poco se conoce en Cuba sobre
esta extraordinaria mujer, nacida en un hogar
sumamente pobre, en el estado de Mississipi, en
el profundo sur, rodeada de prejuicios raciales
y abusada cuando niña. Desde esas difíciles
condiciones supo elevarse y llegar a lo que es
hoy.
En Cuba, algunos la recordamos por su excelente
actuación en el film El Color Púrpura,
basado en la novela homónima de la escritora
negra Alice Walter, una real intelectual progresista
y luchadora por los derechos de sus hermanos.
En Estados Unidos, aunque legalmente han sido
rotos todos los obstáculos para una total
integración racial, todavía persisten
diferencias en los terrenos económico y
social entre los anglosajones por una parte y
la minoría negra, hispana y otras. Este
tema resulta recurrente en las obras de numerosos
intelectuales y en la prensa de nuestro vecino
del Norte. Pero es indiscutible que en esa sociedad
está presente, sobre todo en los últimos
60 años, un proceso integracionista indetenible.
Recuérdese que en 1947 un negro norteamericano,
Jackie Robinson, rompió la "barrera
del color" y pudo jugar béisbol en
las Grandes Ligas. Hoy, las Grandes Ligas están
repletas de jugadores de todas las procedencias
étnicas.
Por dos mandatos consecutivos, la Secretaría
de Estado, una de las posiciones más importantes
en cualquier gabinete ministerial del mundo, ha
sido ocupada por un ciudadano de la raza negra.
Seguramente, de la Hoz discrepa ideológicamente
de esas personas, pero siendo un periodista culto
e informado convendrá conmigo en que están
hipercalificados para ocupar el cargo. Ambos,
Colin Powell y Condoleeza Rice, en distintos momentos
han sido mencionados como posibles candidatos
a la presidencia de Estados Unidos.
Asimismo, en todas las esferas de la sociedad
norteamericana existen ciudadanos negros ocupando
lugares destacados. En el deporte, la literatura,
las ciencias, las artes (particularmente el cine
y la televisión), los negocios, el activismo
social, la prensa, la religión y la política
(recordar el poderoso Caucus Negro en el Congreso)
están de forma cada vez más activa
los afroamericanos y otras minorías.
Seguro, es una sociedad imperfecta, con variadas
contradicciones y momentos de estancamiento, pero
que muestra una gran capacidad de reacción,
así como un permanente avance hacia el
perfeccionamiento de sus mecanismos democráticos
y el crecimiento de las oportunidades para todos
los ciudadanos. Proceso en el cual la prensa,
tampoco carente de deficiencias, ha jugado un
papel relevante.
En contrapartida, la sociedad cubana continúa
inmersa en la crisis económica, política
y social más profunda de su historia, con
una incidencia enorme en la pérdida de
valores de la ciudadanía, sin que la prensa
oficial se dé por enterada de la catástrofe.
Está ocupada únicamente en echar
sobre hombros extranjeros las causas del desastre,
y buscar defectos en otros países, cuando
el nuestro se viene abajo.
|