PRENSA INDEPENDIENTE
Julio 6 , 2005
 

SOCIEDAD
Infierno en la torre

Alain Ramón Gómez Ramos, Cubanacán Press

SANTA CLARA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - ¡Yo lo vivo! El edificio conocido popularmente como "12 plantas de la Riviera" se ha convertido en un verdadero infierno. Su peor demonio: el diario apagón. Su mayor tortura: las escaleras.

Los constantes cortes de electricidad, acompañados del pésimo servicio del elevador, han realizado su máximo esfuerzo para convertir la vida de los vecinos en un adorable tormento.

Los edificios altos son en toda sociedad moderna la insignia del progreso y el desarrollo. En Cuba las bellas obras arquitectónicas representan el sufrimiento de sus habitantes. Mi vida, la de mis familiares y la de mis vecinos son testigos de ello.

En la mañana me dispongo a salir y de pronto ¡plaff!, se fue la corriente eléctrica. Miro al cielo y pido a Dios: "Señor, dame fuerzas, necesito bajar las escaleras y tengo que cargar una bicicleta".

El descenso siempre es más fácil, porque como dice una anciana santera: "para abajo todos los santos ayudan".

Luego de concluir algunas gestiones miro al cielo otra vez porque tengo que ascender hasta el último piso, mi meta infernal, la peor de las pesadillas.

Cuando asciendo sólo pienso en que tendré que volver a bajar y a subir una o dos veces más, ya que los apagones se prolongan durante ocho horas, el más corto. Son pocas las veces que entro al vestíbulo de mi edificio y el fluido eléctrico se ha restablecido.

En la segunda escalada ya no pienso, sólo maldigo y me pregunto a quién demonios se le habrá ocurrido hacer estos edificios tan altos en un país con un servicio eléctrico tan bajo.

Tras haber subido dos o tres veces mis opositoras piernas -aún jóvenes pero signadas por el presidio y la polineuropatía que trae la alimentación en las cárceles cubanas- arden de dolor, mi cabeza parece reventar y la vista se me pierde por instantes.

Le tengo lástima al anciano de 90 años que vive al lado del elevador, porque a pesar de ser quien me vigila, él también sufre el apagón. Cuando lo sorprende en su casa no puede pensar en bajar; y si lo sorprende en el primer piso ni le pasa por la mente subir hasta su hogar. Debo agregar que en los períodos en que el ascensor está descompuesto mi delator de oficio queda incomunicado.

Lo peor del caso sucede en las noches. Todo es oscuro en la enorme edificación. Parece un monstruo en medio de la urbana explanada. Los asaltos, robos, agresiones y hasta intentos de violaciones son las amenazas latentes en los oscuros pasadizos del 12 plantas sin luz en medio de la noche. Gracias a Dios nunca me han asaltado ni agredido, y supongo que no esté tan apetecible para ser violado.

¿Quién sabe? Tal vez al diablo el aburrimiento de vivir bajo tierra lo trajo a la superficie y ahora desea establecer su infernal residencia en los pisos altos de mi obligada residencia. Aquí, en Cuba, entre apagones y falsas promesas.


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