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POLITICA
Diálogo, camuflaje y continuismo
Jorge Olivera Castillo
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - Decir
que la celebración los días 20 y
21 de mayo de la opositora Asamblea para Promover
la Sociedad Civil (APSC) es el paso previo para
la legalización de los militantes contestatarios,
el desvanecimiento del dedo acusador que el gobierno
mantiene inclaudicablemente eréctil sobre
sus críticos o la excarcelación
incondicional de los presos políticos y
de conciencia es darle crédito a un deseo,
vivir dentro de una órbita ajena a la realidad.
La sospechosa permisividad del gobierno con promotores
y convidados al Congreso rebelde puede atribuirse
a una táctica previamente ajustada a la
coyuntura, no la interna con la cual puede lidiar
de manera favorable a partir de los disuasivos
sistemas policiales y un elaborado diseño
propagandístico que alimenta la indefensión
y el desconcierto de la ciudadanía.
Como un soldado en plena refriega bélica
el gobierno cubano conoce la importancia del camuflaje.
Precisamente ahora ha querido cubrir su talante
totalitario con un retazo de tolerancia permitiendo
la congregación de alrededor de 400 personas.
Es necesario tener presente dos detalles que
podrían contarse entre las causas que justificaron
la licencia gubernamental para honrar al artículo
20 de la Declaración Universal de los Derechos
Humanos.
El lugar escogido para el evento fue la casa
de Félix Bonne Carcassés -uno de
los organizadores junto a Martha Beatriz Roque
y René Gómez Manzano- situada en
un barrio periférico de Ciudad de la Habana
rodeado de vegetación y relativamente alejado
de las principales calles y avenidas. Además,
es preciso recordar la amplia campaña de
hostigamiento contra delegados y miembros residentes
en el resto de las provincias, a muchos de los
cuales hasta se le retiró el carnet de
identidad para inhabilitarlos de realizar el viaje
a la capital.
Aunque el lenguaje antieuropeo ha sido y es algo
consustancial a la retórica oficialista,
era el momento de marcar una pausa en la ofensiva
verbal con un gesto que tuviera ganancia mediática
y de paso desbancar las posiciones de quienes
en el euro parlamento y en las instancias ejecutivas
comunitarias insisten en retomar políticas
de mayor firmeza.
A pesar de la autorización de facto para
la reunión, la presencia en los alrededores
de agentes y vehículos con sofisticados
sistemas de comunicación fue significativa.
El canciller español ha expuesto de manera
pública su satisfacción por la indulgencia
de la dictadura. Le acompaño en sus alegrías
a cambio de conservar en mis análisis las
suspicacias que me sirven para evitar tropiezos
con la ingenuidad.
Visto desde la perspectiva de un sistema que
impide cualquier manifestación independiente,
es cierto que un encuentro oposicionista de tal
magnitud es algo plausible, pero de ahí
a considerar la actividad como el inicio de una
evolución aperturista que quiebre los muros
del inmovilismo y suscriba el epílogo de
la ortodoxia seudo-socialista, sería como
esperar un diluvio en el desierto.
Una concesión puede ser el eslabón
de una cadena de sucesos que avalen una actitud
reformista. En este caso presumo que se trata
de un movimiento utilitario con énfasis
en cosechar dividendos en el ajedrez político.
Lo veo como parte de las escaramuzas con la cual
los guerrilleros buscan pequeñas victorias.
Exacerbar la controversia del tema cubano en
el seno de la Unión Europea y otorgarle
ventajas a la iniciativa liderada por España
de persistir en un diálogo flexible podría
ser parte de los estrategas insulares. Ganar tiempo
es la prioridad.
El ejecutivo español tiene una enorme
tarea por delante. La indocilidad característica
del caudillo cubano, unida a su arrogancia y soberbia,
son asuntos que dificultan una armonización
tan siquiera elemental de los planteamientos europeos
con las posibles propuestas cubanas.
Consentir una reunión de oponentes era
parte del plan, no así la asistencia de
eurodiputados y periodistas no acreditados, quienes
fueron devueltos a sus respectivos países
con inmerecida descortesía.
Estimo que de acuerdo con la sicología
del castrismo éste debía ofrecer
alguna muestra de fuerza y sobre todo enviar un
mensaje para reafirmar que la elite tiene el control
y la determinación de llevar a cabo acciones
con un grado de osadía tal que elevara
la autoestima de los "duros" y a la
vez emitir un aviso para potenciales disidentes
en las instancias del poder.
Tanto la Asamblea para Promover la Sociedad Civil
como el Proyecto Varela -que a través de
un perseverante empeño ha podido recolectar
más de 20 mil firmas ciudadanas para introducir
reformas en la constitución- son dos ejemplos
de valor cívico y parte de la larga lucha
por la instauración de un Estado de Derecho.
No puedo predecir cuánto tiempo falta
por alcanzar este fin ennoblecido por millares
de personas que han arriesgado y arriesgan sus
vidas.
Ambos son válidos desde el punto de vista
conceptual, independientemente de sus particularidades.
Se han logrado en circunstancias de suma adversidad
y con recursos mínimos, lo que realza su
distinción.
¿Está el gobierno dispuesto a conceder
otros espacios expresivos contrarios a su filosofía?
Tengo que admitir la desilusión como única
alternativa a mi pesimismo. Me niego a validar
como legítimo el breve paréntesis
en la estructura represiva.
El régimen continuará adaptándose
al medio que le impone la historia con cambios
puramente epidérmicos.
Me atrevo a afirmar que no seremos espectadores
o víctimas de redadas masivas que concitan
el interés de la gran prensa.
Seguramente en el bajo perfil se asentarán
las respuestas de los más de 70 mil agentes
a cargo de la vigilancia y contención de
los opositores.
Todo a disposición de racionalizar los
actos contestatarios en niveles que puedan servir
de plataforma para lanzar falsos mensajes a la
comunidad internacional.
Dentro de las coordenadas en que el gobierno
cubano se ve impelido a maniobrar existen riesgos
que pueden dar al traste con su adaptabilidad.
Una fallida elección táctica para
un determinado escenario podría conducir
a una sucesión de acciones que deriven
en procesos irreversibles.
Volviendo al diálogo impulsado por el
Sr. Rodríguez Zapatero, creo que tiene
elementos positivos, aunque no necesariamente
propicie una visión de realismo político.
Nadie hasta la fecha ha podido transformar en
un interlocutor serio a los administradores del
poder absoluto.
No creo que haya aparecido ahora la persona para
despejar la ecuación que ilustra una proverbial
intransigencia. Hablar con dinosaurios, más
que una ruda tarea, es un designio profundamente
heroico.
Deseo éxito a las personas que persisten
en la opción de lograr alguna empatía
lingüística con los herederos del
jurásico.
Como sano consejo no olviden -a discreción-
la compañía de un látigo.
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