PRENSA INDEPENDIENTE
Julio 5 , 2005
 

SOCIEDAD
Del lobo un pelo, pero a fin de cuentas al final es pelo Adrián Leiva

LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - El aumento de los salarios mínimos de los trabajadores cubanos, estipulado según la resolución No 11/2005 del Ministerio del Trabajo y la Seguridad Social, junto con el incremento de las pensiones de los jubilados, a primera vista se presentan como un alivio a la situación económica de los beneficiados. No es menos cierto que cualquier mejora en los ingresos de cualquier ciudadano siempre es recibido con satisfacción por el favorecido, aunque muchas veces objetivamente lo recibido no redunde en una verdadera y sustancial elevación del nivel de vida para los destinatarios de esta mejoría.

En el caso de la medida implementada recientemente en nuestro país, tras dos meses de haberse efectuado su cumplimiento, se evidencia que a pesar de que muchas personas están recibiendo mayor monto de dinero, la aguja de la escala que mide valor monetario contra necesidades cubiertas por éste se ha movido muy poco hacia indicadores positivos.

Hay que tener en cuenta que la nueva resolución establece el salario mínimo del país en 225 pesos cubanos, o sea, unos nueve dólares en la equivalencia del cambio por moneda convertible. Por lo tanto, la disposición hace que el salario promedio en Cuba esté alrededor de los 320 pesos, lo que es igual a decir que un trabajador promedio en estos momentos recibe aproximadamente unos 13 dólares mensuales.

Para ilustrar mejor la situación de la familia media cubana después de la medida dictada por el Ministerio de Trabajo, tomemos hipotéticamente como ejemplo el caso de un matrimonio compuesto por dos profesionales cuyo salario alcanza la cifra de 500 pesos cada uno después del aumento. Pudiera argumentarse no es común que una familia cubana alcance tales ingresos, pero el ejemplo puede existir en la realidad, aunque sea en una minoría. Digamos que esta pareja tiene dos hijos. De esta manera estaremos en presencia de un núcleo de cuatro personas cuya entrada económica asciende a mil pesos, lo cual no es desdeñable en nuestra situación actual.

Analicemos ahora los gastos cotidianos que estas personas realizan en el mes. Entre pago de vivienda, electricidad, agua y combustible para cocinar (gas licuado) no es exagerado calcular un desembolso de 80 pesos. El costo de la canasta alimenticia que se recibe por medio de la libreta de abastecimientos puede llegar a los 60 pesos (principalmente huevos, arroz, azúcar, café, algún frijol y los productos cárnicos) Consideremos que los componentes de este hogar se mueven en el transporte público, lo cual bien puede consumir unos 80 pesos de su economía durante todo el mes. Finalmente sumemos 12 pesos para los pagos de sindicato y organizaciones de masas (CDR, FMC), sin tener en cuenta la posibilidad de que alguno de los cónyuges milite en una de las instituciones partidistas vigentes en estos momentos en el país. Ciertamente aquí no aparecerán los pagos por concepto de servicios médicos y de educación, pues en Cuba éstos se financian a través del presupuesto estatal de la nación.

Hasta aquí esta familia excepcional, que recibe una cantidad de mil pesos, tiene que gastar unos 232 pesos supuestamente en gastos básicos del hogar. Pero esto sólo es una parte de la realidad. Los productos que vende el Estado por la libreta de abastecimientos sólo cubren las necesidades de la primera mitad del mes. En el caso del arroz y el azúcar, su límite anda bordeando la quincena, mientras que otros productos apenas alcanzan para menos tiempo. De aquí se desprenden otros gastos, los reales, destinados a completar lo que no consiguen aquellos productos subvencionados por el Estado. Entre éstos hay que incluir los de higiene y limpieza, que no se venden por la libreta y por tanto hay que adquirir en los comercios de venta liberada o en dólares, a un precio mucho mayor.

Veamos cuánto cuesta comprar los alimentos necesarios para la segunda mitad del mes.
Para diez libras de arroz, una cantidad nada exagerada, se necesitan unos 35 pesos, y 50 pesos para frijoles, (en dependencia del tipo esta cantidad puede ser mayor); para tres litros de aceite unos 170 pesos, (el litro cuesta 2.15 en dólares), 185 para comprar ocho libras de pollo (23 pesos la libra); 150 pesos para siete libras de carne de cerdo, donde se incluyen huesos y grasa. Para viandas y vegetales se podrían calcular al menos 90 pesos para todo el mes, sin contar las frutas, que siempre son necesarias y en las que a esta familia modelo pueden gastar hasta 60 pesos. Para gastos generales que incluyen el jabón, detergente, puré de tomate, condimentos, frazadas de piso y otros, todos para el uso común, pueden considerarse unos 250 pesos, teniendo en cuenta que la mayoría de estos artículos se adquieren en las tiendas de divisa.

Si resumimos los gastos de esta familia hipotética y los arrojamos contra sus salarios, vemos que ellos destinan cerca del 70 por ciento de sus ingresos totales a una modesta compra de alimentos que distan mucho de ser variados ni de óptima calidad. Por otra parte, como se puede observar, no se encuentran en la lista ropas ni calzado, así como actividades de distracción. Tampoco se tiene en cuenta el consumo de refrescos, bebidas alcohólicas ni cigarrillos.

Del análisis se puede deducir en primer lugar que no todo el ingreso puede ser destinado a necesidades alimenticias, por lo que éstas se sacrifican para poder obtener otros productos industriales, personales y para el hogar que resultan igualmente imprescindibles. Si esto es así para estas personas que reciben en conjunto una cantidad monetaria que puede considerarse elevada, imaginemos cómo la pasan otras, que son mayoritarias y cuyas mensualidades no sobrepasan un total de 500 pesos para mantener la economía de sus hogares.

Muchos cubanos logran sobrevivir a esta realidad por medio de las remesas de dinero provenientes del exterior y que son fuente de sustento familiar en medio de esta situación, pero no constituyen la mayoría de nuestra población. Para este grupo queda la opción del mercado negro, donde a un precio algo menor circulan productos en muchos casos sustraídos de las entidades estatales. Quedaría una cantidad ínfima de personas que conservan la posibilidad de mantenerse mediante otras alternativas de autoconsumo alimentario.

El aumento de salario mínimo y de las pensiones a los jubilados de menor ingreso, permite una mejoría modesta en el nivel de vida de muchas personas en Cuba. Pero varios trabajadores y jubilados consultados coinciden en que algo es mejor que nada, pero que el monto económico, comparado con el alto costo de la vida, no ha significado en la práctica un aporte apreciable que permita salir de la crisis.

 


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