|
HISTORIA
Máximo Gómez, la humanidad del héroe
Miguel Saludes
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - "Máximo
Gómez era valiente pero reservado. Yo nunca
confié en él. La prueba de que no
era fiel a Cuba la dio más tarde."
Cuando leí las palabras dichas por Esteban
Montejo, recogidas en la biografía escrita
por Miguel Barnet, quedé consternado por
tan cruda expresión de un hombre que había
conocido en carne propia la esclavitud y estuvo
en el escenario de nuestras luchas por la independencia.
Años más tarde comprendí
que mi asombro ante aquellas frases es propio
de la naturaleza humana, al colocar a los hombres
extraordinarios en el nivel de los dioses.
En estos días hemos conmemorado en Cuba
el centenario de la muerte del General Máximo
Gómez Báez, acontecimiento ocurrido
el 16 de junio de 1905 en una sencilla habitación
de la casa marcada con el número 45 de
la Calle 5ta en el Vedado. Mucho se ha hablado
en estos días de las virtudes de aquél,
que por su fidelidad a la libertad de la tierra
cubana no sabemos si seguir llamando dominicano.
Pero, como acontece con cualquier hombre que
se desmarca de sus contemporáneos para
convertirse en héroe, Gómez ha recibido
la corona del reconocimiento acompañada
de mistificaciones, agravios, calumnias, manipulaciones
coyunturales e incomprensiones. En esto influye
muchas veces la ignorancia, como acontece con
Montejo, quien no podía razonar que aquél
que decretó guerra sin cuartel al enemigo
bajo el concepto de la tea incendiaria hablara
de reconciliación una vez lograda la independencia.
"Yo no acabo de entender por qué Máximo
Gómez dijo en la Quinta de los Molinos
al acabar la guerra que en Cuba no había
vencidos ni vencedores. Cayó mal en toda
la tropa". Y es que el guerrero implacable
en la batalla demostró ser un ciudadano
civil en la paz, algo que pocos consiguen conciliar
bajo un mismo espíritu.
En su libro La Revolución de Yara, Fernando
Figueredo escribió que Máximo Gómez
debía ser conocido íntimamente del
pueblo cubano y hace un esbozo del hombre desconocido
y pobre que tras haber emigrado de su patria,
saltó a la palestra de la nación
que recién se alzaba por su libertad. "Voy
a ayudar a hacer patria a este pueblo" dice
que expresó al ofrecerse como voluntario
a José Joaquín Palma cuando el poeta
intentaba organizar infructuosamente una partida
de hombres para el levantamiento. Gracias a su
intervención se puso orden a la partida
y recibió los grados de sargento, iniciando
una larga y fructífera carrera como militar
en Cuba.
Junto con la jefatura vendrán las incomprensiones
e indisposiciones hacia su persona. Un primer
reglamento, dictado por él buscando corregir
la indisciplina existente en las bisoñas
tropas y dotarles del carácter propio de
un ejército, fue criticado por algunos
grupos que no comprendían la necesidad
del orden. El dominicano conocía perfectamente
las consecuencias de la intemperancia, pues un
episodio de este tipo marcó su futuro en
la tierra natal. Durante las revueltas producidas
después de la anexión española
en 1861, el jefe de una de las partidas anti españolas,
Pedro Florentino, cometió grandes excesos
en la zona de Bani, masacrando a muchos pobladores.
Esto provocó que los habitantes de esa
zona tomaran partido por España. Entre
ellos estaba Máximo Gómez, quien
a fuerza de machete despedazó a la tropa
de Florentino, acción por la que fue ascendido
a comandante del ejército peninsular.
En Cuba el ascenso de Máximo Gómez
como militar fue vertiginoso. Pero las contradicciones
le acompañarían desde el principio.
En mayo de 1872, por diferencias con Céspedes,
es depuesto del mando en presencia de toda la
tropa que comandaba. Su actitud, contrario a lo
que muchos esperaban, fue la de acatar la sanción
injusta, hasta que los acontecimientos lo sacaron
a la luz nuevamente. Sin manifestar resentimientos,
tomó el mando de la División Holguín
en octubre de 1869 y a la muerte de Donato Mármol
es promovido por el propio Céspedes a la
jefatura de la División Cuba. Al asumir
la dirección de esa fuerza se vio obligado
nuevamente a imponer medidas extremadamente fuertes,
creándose la fama de arbitrario y exaltado
que se le atribuyó durante toda la revolución.
Los que le conocieron coinciden en señalar
tras su personalidad enérgica y explosiva
al hombre respetuoso, incluso de las órdenes
que lo contradecían en lo personal.
Del encuentro en Montecristi nuestro Apóstol
expresó que en aquella conversación
no hubo palabra alguna por la que un hijo tuviera
que avergonzarse de su padre. Describe al general
de la siguiente manera: "A paso vivo no le
ganaba ningún joven ni a cortés
y en lo sentencioso se le igualaban muy pocos."
Estas palabras de Martí se producen años
después del incidente ocurrido en Nueva
York el 18 de octubre de 1884, cuando se estaba
gestando una conspiración en la que Gómez
había sido designado máximo jefe.
Una frase considerada autoritaria provocó
la retirada de Martí y la carta explicativa
donde plasma su célebre enunciado de que
un pueblo no se funda como se manda un campamento.
En carta a Gómez le manifiesta: "A
Usted, lleno de mérito, creo que le quiero,
a la guerra que en estos instantes, me parece
que por error de forma acaso, está Usted
representando, no."
Casi al final de su vida, el legendario general
tendría que enfrentar graves rompimientos
debido a su rechazo del empréstito prometido
por el banquero norteamericano Cohen para solucionar
los problemas de la naciente República,
incluido el pago de los miembros del Ejercito
Libertador. Su anuencia era fundamental luego
que el presidente norteamericano Mc Kinley considerara
que la llamada Asamblea del Cerro no representaba
a toda la opinión del país, y que
una deuda de esa envergadura debía ser
votada por el pueblo que iba a pagarla. La Asamblea
sólo podía hacer prevalecer el empréstito
brindado venciendo la reticencia del gobierno
norteamericano, y para ello era imprescindible
el apoyo de Gómez.
Su negativa dio origen a dolorosas injurias,
que incluyeron la destitución. Hasta se
levantaron voces pidiendo su expulsión
del país. De los asambleístas sólo
se mantuvieron junto a él Francisco Leiva,
Carlos Manuel de Céspedes, Emilio Núñez
y Juan de J. Monteagudo. La frase explicativa
del generalísimo a la opinión pública
no pasó del siguiente tono: "La Asamblea
estima un acto de indisciplina y falta de respeto
el que no apoye sus gestiones encaminadas a levantar
empréstitos de dinero". Pero el pueblo,
en manifestaciones que duraron tres días
ante la Quinta de los Molinos, le ofreció
el desagravio al viejo caudillo. Poco después
la Asamblea se disolvió. "Cuántos
cambios y mudanzas he podido verificar todo el
tiempo que he servido los intereses de este país",
diría sobre esos amargos momentos.
Este episodio ha sido visto como un acto contradictorio
de la personalidad del General, quien en marzo
de 1997 había declarado favorecer la compra
de Cuba a España por 200 millones de dólares,
gestión que decía apoyar porque
no quería la intervención norteamericana
en la Isla. Aquella transacción, hecha
mediante un contrato con un sindicato financiero
neoyorquino, garantizaría la obtención
de la independencia, la evacuación de las
tropas españolas de Cuba y el reconocimiento
de la independencia por los Estados Unidos, todo
ello sin tener que pager indemnización
alguna a España. La deuda se pagaría
en un plazo de cincuenta años con un interés
anual de un 4 por ciento.
Aunque el plan no llegó a concretarse,
fue tenido en cuenta cuando se suscitó
la polémica por el conflictivo empréstito.
A Gómez se le señaló entonces
la falta de talento para dirigir la vida civil
de la nación.
Este desagradable episodio tuvo su contraste
cuando posteriormente en la Constitución
de la nueva República se introdujo un artículo
expresamente para que él pudiera ser el
primer presidente de Cuba, honor que declinó
al proponer como candidato a Tomás Estada
Palma. El espaldarazo de Gómez a la presidencia
de Don Tomás no sería óbice
para su abierta crítica a la reelección,
acto que consideraba un crimen contra el proceso
republicano.
Los testimonios finales de Esteban Montejo plasmados
en el libro de Barnet, reflejan cuánto
de agrio suele acompañar la copa de la
grandeza. "Un día llegué a
La Habana y ya se había muerto Máximo
Gómez. Cuando un hombre se muere la gente
se olvida rápido de él. Lo único
que oí decir es que salía a cada
rato en la Quinta de los Molinos y que la Quinta
tenía brujo. Pasé por un parque
y vi que lo habían montado en un caballo
de bronce. Seguí para abajo; como a la
media legua tenían a Maceo montado en otro
caballo igual. La diferencia estaba en que Gómez
miraba para el norte y Maceo para el pueblo."
Lo anterior está referido al monumento
dedicado a Máximo Gómez construido
bajo un acuerdo de Ley del Congreso cubano aprobado
el 9 de mayo de 1916 y para el cual se convocó
a un concurso internacional que ganó el
proyecto del italiano Aldo Gamba. Su inauguración
se verificó el 19 de noviembre de 1936
y contó con la presencia de Margarita Gómez,
una de las hijas del patriota. Como detalle curioso
se afirma que la posición diseñada
para esta figura ecuestre corresponde a quienes
han muerto en la paz, mientras que los patriotas
caídos en el fragor de la batalla se representan
montados en caballo encabritado y de espalda al
mar. Una vez más la ignorancia ofrece visiones
incorrectas.
Pocos conocen que bajo ese mausoleo conmemorativo
vive desde hace cerca de veinte años un
hombre nombrado Montenegro, quien dice sentirse
orgulloso de dormir a la sombra de este gran hombre,
amigo personal de Maceo y de Martí. En
el estrecho rectángulo que conforman las
paredes de mármol en la base de la construcción,
este humilde personaje tiene su hogar, en el que
apenas caben una cama personal, el televisor,
un refrigerador pequeño y la cocinita eléctrica
de dos hornillas. Sus pocas pertenencias y la
presencia de su compañera de años,
son suficientes para hacerle feliz. La Oficina
del Historiador de La Habana además de
autorizar su útil permanencia en el sitio,
le ayuda en la economía personal. Son muchos
los amigos que ha hecho y le regalan libros, incluso
sobre historia de Cuba, pero el que conserva con
más amor es el Diario de Campaña
del Generalísimo.
A diferencia del protagonista de la biografía
de Barnet, Montenegro no ignora que más
que el peso de la piedra y el metal que le rodean,
sobre su cabeza se alza el alma inmortal de un
gigante, enmarcada por las sombras del acontecer
humano, que no bastan para opacar la luz que a
cien años sigue irradiando. Si alguien
prefiere anotar que la vista fría de la
figura de bronce pasa sobre la bandera que vio
ondear libre por vez primera, para perderse en
la línea del horizonte, que nadie se ruborice
por ello, que allí también se forjó
nuestra libertad.
El 13 de julio se cumplirán 140 años
de la llegada de Máximo Gómez a
la tierra cubana que lo acogió y que él
supo hacer suya. Recordemos ese día como
el que marca su adopción a la Patria en
la que fue incomprendido y amado, precio que pagan
los que llegan a la gloria.
Bibliografía consultada.
500 años de arquitectura en Cuba. Lic.
Juan de la Cueva Toraya
A Revolución de Yara de Fernando Figueredo
Diccionario Enciclopédico de historia militar
de Cuba Máximo Gómez el Generalísimo
de B. Souza.
El Lobbysmo en la independencia de Cuba. Discurso
de José A. Adán como Académico
de Número de la Academia de la Historia
de Cuba en el exilio, pronunciado el 27 de febrero
de 1977 en el Koubek Center de la Universidad
de Miami.
Biografía de un cimarrón. Miguel
Barnet.
|