|
POLITICA
El umbral del paraíso
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - El
único espacio verdaderamente productivo
en Cuba es el espacio televisivo. Dentro de los
límites de la pequeña pantalla se
encuentra el escenario natural de todas las conquistas
sociales y victorias económicas del régimen.
Allí viven y florecen sus glorias. Allí
se realizan sus más locas fantasías
políticas.
En la televisión están erigidas
las estatuas que cimentan el culto a la personalidad
del comandante. Este es el único lugar
en que no se habla mal del gobierno. Si no habla
el comandante, se habla del comandante, y siempre
en términos elogiosos. En la tele se hacen
las zafras más exitosas. Se logran las
capturas de pescado récord y las más
altas producciones de viandas y hortalizas.
Allí nadie se suicida ni muere por falta
de asistencia médica. Se vence el embargo
y se fabrican excelentes piezas de repuesto. El
reparto "Noticiero" es el mejor barrio
de La Habana. No se va la luz ni falta el agua,
y está resuelto el problema del transporte.
Vivimos bajo una dictadura mediática sostenida
por un entramado de supuestos. La pantalla chica
hogareña es el umbral de su paraíso
virtual, el único posible. Cada vez que
una familia cubana recurre al banco de video para
salirse, vota contra el castrismo.
Las grietas de la interferencia electrónica
-cuando se producen- son ventanas de la libertad.
En un momento en que el régimen se endurece,
la fisura definitiva está en la información.
Para el cubano de a pie Radio Bemba es más
creíble que todas las fuentes oficiales
juntas.
De hecho, los canales informativos que disfrutan
de credibilidad a nivel popular son informales.
Se cree en la radio de afuera, cualquiera que
sea su origen. Se concede crédito a la
bola. Debe afirmarse que las bolas son más
o menos creíbles, de acuerdo a quien las
transmite. No importa el mensaje en sí.
El valor lo aporta el mensajero.
Lo que nos cuenta el bodeguero tiene valor en
tanto se refiere a situaciones vinculadas con
ese medio. Lo que dice el médico vale si
se trata de algo relacionado con medicamentos
o salud, o cosas propias de esos ambientes. Así
es en todo. Lo que no vale un centavo es lo que
proclama oficialmente el estado por boca de cualquier
funcionario.
La pérdida de prestigio y credibilidad
es total. A estas alturas nada pueden hacer. Lo
perdido, perdido está. Quizás por
esto el régimen decidió huir hacia
delante. Para ello se dispone a terminar con el
trabajo por cuenta propia. Se trata de que estos
trabajadores, que ya probaron el sabor de la libertad,
vuelvan a la condición de asalariados del
estado patrón.
Consideran peligroso que exista un grupo laboral
ajeno al control del estado. Máxime si
el poder de convocatoria de los canales oficiales
está en quiebra. Las últimas marchas
han debido ser reforzadas con la presencia de
personas traídas desde las provincias La
Habana, Pinar del Río, Matanzas y Cienfuegos.
Todo porque las autoridades ya no pueden confiar
en la población capitalina para estos fines.
El umbral televisivo de un paraíso virtual
en que nadie cree está en quiebra. El cansancio
y la labor de los bancos de videos clandestinos
lo han hecho posible.
|