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SOCIEDAD
Al fin llueve, pero las tuberías siguen con sed
Miguel Saludes
LA HABANA, Cuba (www.cubanet.org) - El mes de
junio fue pródigo en lluvias, si no para
todo, al menos para una buena parte del territorio
cubano. Parece que una vez más las oraciones
alzadas en tantas iglesias y casas de creyentes
fueron escuchadas por la Providencia, que compadecida
de tanta resequedad en el suelo cubano, decidió
mandarnos su bendición pluvial. Los resultados,
aunque todavía por debajo de los niveles
óptimos, no son despreciables, fundamentalmente
en el occidente del país. Así lo
refleja una nota publicada en el diario Granma
del 21 de junio.
Según el escrito, en poco menos de la
mitad del mes las aguas colectadas en los embalses
alcanzaron el 36 por ciento de la capacidad total
de estos. La lluvia caída en estos días
lograron arribar al 85 por ciento de la media
histórica nacional correspondiente al mes
de junio, mientras que el paso de la tormenta
tropical Arlene por las provincias occidentales
dejó un beneficio en esta zona que sobrepasara
la cifra promedio en esta época del año.
Líneas después de acotar estos valores
alentadores, el periodista señala la exhortación
hecha por el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos
pidiendo a la población y a las entidades
estatales que se potencien y mantengan inalterables
las medidas para el ahorro del agua, aunque mejore
la situación del país en este sentido
y se rebase la crisis vivida en días recientes.
El ahorro, el acondicionamiento de las instalaciones
hidráulicas para evitar el despilfarro
y hasta el abasto limitado de este precioso recurso,
resultan regulaciones necesarias y comprensibles.
Pero todo parece indicar que los ciclos del servicio
de agua potable que se impusieron debido a la
falta de lluvias de los meses anteriores van a
quedar instaurados en la misma frecuencia a que
han estado hasta el momento, y por tiempo indefinido.
Según afirman los vecinos de la localidad
costera de Cojimar, situada al este de La Habana,
el ciclo de distribución de agua por el
sistema de tuberías se mantendrá
cada siete días, plazo que en algunos puntos
de esta población se han visto alargados
más allá de la semana.
En momentos críticos se puede comprender
la necesidad de aplicar regulaciones de esta magnitud,
no obstante el disgusto que provoca la ausencia
de agua y los inconvenientes que esto trae. Pero
una vez normalizados los niveles de agua en los
embalses y presas, es difícil de asimilar
la razón de mantener el abasto limitado
con la misma periodicidad que en el momento álgido
de la crisis. No es que la gente esté clamando
por tener agua corriente en sus casas las 24 horas,
toda la semana. Simplemente que se reduzcan de
manera razonable los días en los que por
la cañería no se vea asomar ni la
más leve presencia del vital líquido,
mientras los tanques y cisternas amenazan por
quedar nuevamente vacíos, lo cual en muchos
casos realmente sucede.
Todo esto ocurre mientras del cielo caen fuertes
aguaceros que la gente aprovecha para colocar
cubos y cuanto puede para colectar lo que de arriba
nos viene, y que constituye un alivio para la
limpieza de los baños.
Cuando en Cuba se implementan restricciones por
causas diversas y en coyunturas específicas,
'estas suelen quedar vigentes por largo tiempo.
A veces las anomalías que motivaron la
aplicación de las medidas de excepción
son superadas, pero los efectos persisten durante
años, llegando a veces a olvidarse la razón
que provocó la norma restrictiva. Cuando
las cosas mejoran de manera ostensible, entonces
se levantan las regulaciones y todo vuelve a ser
como alguna vez fue, o al menos bastante parecido.
Esperemos que en este caso no tenga que venirnos
un Diluvio de Arcas tomar para que el agua nos
llegue a las pilas de manera moderada, pero suficiente
para cubrir las necesidades elementales de la
vida diaria.
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