PRENSA INDEPENDIENTE
Julio 1 , 2005
 

SOCIEDAD
Pueblo de viejos

Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - "Nadie se va a morir, menos ahora". Así dice la letra de una canción del cantante y compositor estatal Silvio Rodríguez. Para que así ocurra el círculo íntimo de la nomenclatura cubana puso en marcha en 2002 el "Club de los 120 años", una organización que ha realizado congresos y otros eventos en hoteles de lujo (algo que demuestra la buena acogida que le brinda el gobierno de la Isla), y que agrupa a cientos de personas como socios, en su mayoría de la tercera edad. Su presidente es el Dr. Eugenio Selman Housein, también longevo y jefe del equipo médico que atiende a Fidel Castro.

La idea de crear este tipo de organización seguramente se debe al conocimiento que se tuvo entonces sobre el envejecimiento poblacional de Cuba, cuyas causas pueden ser varias: los que se marchan del país (una gran mayoría comprendida en edades laborales), la alta tasa de divorcios, el control de la natalidad y la preferencia de las parejas de concebir un solo hijo.

El 14 por ciento de la población cubana pertenece actualmente a los ancianos (1 millón 689,326). Pero no se trata de un problema exclusivo de Cuba. La Organización de Naciones Unidas ha realizado un informe sobre el envejecimiento de la población mundial, y ha señalado que a mediados del siglo XXI, por primera vez en la historia de la humanidad, la población de la tercera edad será superior a la de los jóvenes.

Es evidente que los ancianos cubanos del poder no se quieren morir. Para lograrlo cumplen a cabalidad con los seis puntos que orienta el "Club de los 120 años": tener motivaciones, alimentación adecuada, salud, hacer ejercicios, relajarse mediante la cultura y un medio ambiente conveniente.

Como todo eso tienen y mucho más, seguramente piensan que podrán arribar a los 140 años, como lo pronosticó recientemente (sin exagerar) el Dr. Selman. Hasta dejó traslucir en sus palabras que podrían ser inmortales "gracias al adelanto de la ciencia y a la aparición de las células madres".

Así que preparémonos, porque todo parece indicar que tendremos castrismo hasta finales de siglo, además de los consabidos apagones, la libreta de abastecimiento, las salidas ilegales hacia Florida, las calles inundadas de agua potable y albañales; y sobre todo, de otras reparticiones de confituras y cacharros de cocina. También, no lo olvidemos, la represión y la cárcel para los disidentes que se organizan, y para los periodistas que se atreven a escribir lo que ven.

Pero, ¿puede pensarse seriamente que el "Club de los 120 años" ha obtenido triunfos durante su primer lustro de trabajo? Se sabe que el índice de longevidad en Cuba es bastante bajo, según cálculos de especialistas extranjeros, quienes afirman que en vez de 76 podría ser de 85 (sólo hay 138 mil personas con una edad superior a los 85 años). ¿Quiere decir esto que los cubanos están imposibilitados de cumplir con los seis puntos programados por el club?

El régimen se atribuye ciertos logros que producen risa. Por ejemplo, que el ex bailarín y coreógrafo Fernando Alonso puede todavía, con noventa años, marcar pasillos ante las cámaras de televisión; que El Guayabero tararee en vez de cantar, y que el ortopédico Rodrigo Álvarez Cambra, rodeado de un equipo de expertos, pueda todavía poner rodillas postizas en La Habana y Guantánamo.

Mi abuela Caruca, que no vivió estos tiempos, falleció a los 92 años haciendo arroz con leche en la cocina de su casa. Su madre (mi bisabuela) murió a los 99, balanceándose en su mecedora, y el Cimarrón, de Miguel Barnet, contó su vida más viejo que Matusalén.

El "Club de los 120 años" afirma que "en Cuba se han creado las condiciones adecuadas para lograr una longevidad satisfactoria". Al parecer, sus dirigentes no han recorrido la capital habanera, por donde pululan los ancianos convertidos en vendedores ilegales, expertos a la hora de burlar a la policía.

En lo que va de año han aparecido continuas esquelas en la prensa de la Isla, notificando la muerte de importantes figuras ancianas (más de treinta), que seguramente no han gustado al "Club de los 120 años": asaltantes del cuartel Moncada, fundadores del Partido Comunista, héroes del trabajo, miembros del 26 de julio, siquiatras, profesores, ex agentes de la Seguridad del Estado. Hasta la abuela materna del balserito Elián González, y la célebre comunista chilena Gladis Marín, atendida durante su enfermedad en La Habana. Todos hicieron mutis por el foro izquierdo.

Pero los ancianos del alto mando castrista no piensan en morir. Saben que llegarán a los 140 en el poder para seguir haciendo muecas y promesas ante las cámaras de televisión, y guiños también, por qué no, cuando baja el telón, aún no definitivamente. No saben que, como dice el sabio, el día de la muerte está escrito en un misterioso libro bien oculto en el fondo del mar.

Y yo, por si las moscas, llevo siempre en mi bolso mi cepillo dental. Sepan que tengo un pie aquí y otro en el cementerio, o en un calabozo. Que en Cuba es un delito escribir lo que se piensa. Aún para una anciana como yo.


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