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SOCIEDAD
Pueblo de viejos
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - "Nadie
se va a morir, menos ahora". Así dice
la letra de una canción del cantante y
compositor estatal Silvio Rodríguez. Para
que así ocurra el círculo íntimo
de la nomenclatura cubana puso en marcha en 2002
el "Club de los 120 años", una
organización que ha realizado congresos
y otros eventos en hoteles de lujo (algo que demuestra
la buena acogida que le brinda el gobierno de
la Isla), y que agrupa a cientos de personas como
socios, en su mayoría de la tercera edad.
Su presidente es el Dr. Eugenio Selman Housein,
también longevo y jefe del equipo médico
que atiende a Fidel Castro.
La idea de crear este tipo de organización
seguramente se debe al conocimiento que se tuvo
entonces sobre el envejecimiento poblacional de
Cuba, cuyas causas pueden ser varias: los que
se marchan del país (una gran mayoría
comprendida en edades laborales), la alta tasa
de divorcios, el control de la natalidad y la
preferencia de las parejas de concebir un solo
hijo.
El 14 por ciento de la población cubana
pertenece actualmente a los ancianos (1 millón
689,326). Pero no se trata de un problema exclusivo
de Cuba. La Organización de Naciones Unidas
ha realizado un informe sobre el envejecimiento
de la población mundial, y ha señalado
que a mediados del siglo XXI, por primera vez
en la historia de la humanidad, la población
de la tercera edad será superior a la de
los jóvenes.
Es evidente que los ancianos cubanos del poder
no se quieren morir. Para lograrlo cumplen a cabalidad
con los seis puntos que orienta el "Club
de los 120 años": tener motivaciones,
alimentación adecuada, salud, hacer ejercicios,
relajarse mediante la cultura y un medio ambiente
conveniente.
Como todo eso tienen y mucho más, seguramente
piensan que podrán arribar a los 140 años,
como lo pronosticó recientemente (sin exagerar)
el Dr. Selman. Hasta dejó traslucir en
sus palabras que podrían ser inmortales
"gracias al adelanto de la ciencia y a la
aparición de las células madres".
Así que preparémonos, porque todo
parece indicar que tendremos castrismo hasta finales
de siglo, además de los consabidos apagones,
la libreta de abastecimiento, las salidas ilegales
hacia Florida, las calles inundadas de agua potable
y albañales; y sobre todo, de otras reparticiones
de confituras y cacharros de cocina. También,
no lo olvidemos, la represión y la cárcel
para los disidentes que se organizan, y para los
periodistas que se atreven a escribir lo que ven.
Pero, ¿puede pensarse seriamente que el
"Club de los 120 años" ha obtenido
triunfos durante su primer lustro de trabajo?
Se sabe que el índice de longevidad en
Cuba es bastante bajo, según cálculos
de especialistas extranjeros, quienes afirman
que en vez de 76 podría ser de 85 (sólo
hay 138 mil personas con una edad superior a los
85 años). ¿Quiere decir esto que
los cubanos están imposibilitados de cumplir
con los seis puntos programados por el club?
El régimen se atribuye ciertos logros
que producen risa. Por ejemplo, que el ex bailarín
y coreógrafo Fernando Alonso puede todavía,
con noventa años, marcar pasillos ante
las cámaras de televisión; que El
Guayabero tararee en vez de cantar, y que el ortopédico
Rodrigo Álvarez Cambra, rodeado de un equipo
de expertos, pueda todavía poner rodillas
postizas en La Habana y Guantánamo.
Mi abuela Caruca, que no vivió estos tiempos,
falleció a los 92 años haciendo
arroz con leche en la cocina de su casa. Su madre
(mi bisabuela) murió a los 99, balanceándose
en su mecedora, y el Cimarrón, de Miguel
Barnet, contó su vida más viejo
que Matusalén.
El "Club de los 120 años" afirma
que "en Cuba se han creado las condiciones
adecuadas para lograr una longevidad satisfactoria".
Al parecer, sus dirigentes no han recorrido la
capital habanera, por donde pululan los ancianos
convertidos en vendedores ilegales, expertos a
la hora de burlar a la policía.
En lo que va de año han aparecido continuas
esquelas en la prensa de la Isla, notificando
la muerte de importantes figuras ancianas (más
de treinta), que seguramente no han gustado al
"Club de los 120 años": asaltantes
del cuartel Moncada, fundadores del Partido Comunista,
héroes del trabajo, miembros del 26 de
julio, siquiatras, profesores, ex agentes de la
Seguridad del Estado. Hasta la abuela materna
del balserito Elián González, y
la célebre comunista chilena Gladis Marín,
atendida durante su enfermedad en La Habana. Todos
hicieron mutis por el foro izquierdo.
Pero los ancianos del alto mando castrista no
piensan en morir. Saben que llegarán a
los 140 en el poder para seguir haciendo muecas
y promesas ante las cámaras de televisión,
y guiños también, por qué
no, cuando baja el telón, aún no
definitivamente. No saben que, como dice el sabio,
el día de la muerte está escrito
en un misterioso libro bien oculto en el fondo
del mar.
Y yo, por si las moscas, llevo siempre en mi
bolso mi cepillo dental. Sepan que tengo un pie
aquí y otro en el cementerio, o en un calabozo.
Que en Cuba es un delito escribir lo que se piensa.
Aún para una anciana como yo.
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