PRENSA INDEPENDIENTE
Enero 28, 2005
 

POLITICA
Gracias, Havel

Alejandro Tur Valladares, Cubanacán Press

CIENFUEGOS, enero (www.cubanet.org) - Ninguna lectura me ha resultado tan reveladora en los últimos tiempos como el libro "El Poder de los Sin Poder" del ensayista y ex presidente checo Václav Havel.

En su libro, el destacado intelectual hace una disección del aparato comunista, mostrándonos con extrema claridad la compleja naturaleza de estos regímenes, a los que acertadamente nombra postotalitarios, para diferenciarlos de las dictaduras tradicionales, derivadas de otras corrientes del pensamiento político.

Según su análisis, estos regímenes están estructurados bajo formas que generalmente resultan incomprensibles al académico occidental, quien trata de entenderlos partiendo de la experiencia, directa o no, de dictaduras como las de Trujillo en República Dominicana, de los Somoza en Nicaragua o de Augusto Pinochet en Chile, que a pesar de tener puntos de contacto a través de elementos que le son comunes a toda dictadura, como es la represión y en otros aspectos, terminan alejándose sustancialmente.

En las dictaduras, todo el sistema de poder se sustenta en la fuerza y en los tan conocidos mecanismos de terror, y en la figura del cuadillo, al que los medios de propaganda del régimen dota de poderes suprahumanos, mostrándolo carente de debilidades, errores o imperfecciones, y gestando así un nuevo culto al Mesías político, al que según los ideólogos, el pueblo debe agradecer la "felicidad y la prosperidad" que disfruta.

El fenómeno cubano ha sido un caso sui generis, puesto que constituye una especie de cruce histórico entre una dictadura clásica y una postotalitaria. Por un lado, el culto a la personalidad del máximo líder nos recuerda las vulgares dictaduras latinoamericanas, donde el caudillo asume el timón de la nación y utiliza fórmulas administrativas propias de una finca particular, donde las leyes no tienen más que una función legitimizadora del régimen.

Por otro lado, el que este gobierno se haya apropiado de una herramienta tan eficaz en la coerción de las masas como la ideología, le da un refinamiento, una sutileza en los mecanismos de control social que otros gobiernos absolutistas no poseen. La ideología es la clave para entender la estructura que conforma la maquinaria castrista.

En nuestro país, el líder se ha apropiado de un discurso por medio del cual se justifican todos los actos del poder. Además, todos los esfuerzos de la nación deberán centrase en la consecución de los hermosos ideales contenidos dentro de él. No importan los medios cuando los fines son "loables", nos asegura el líder.

El discurso irá creando imágenes mentales en el receptor, estableciéndole un mundo virtual, un lente que le hace contemplar la vida de otro color. El ser humano pierde, bajo el influjo de la ideología comunista, su capacidad de aprehender la realidad tal y cual es, y su mente, condicionada como está, acomoda todo hecho al molde prefabricado, justificando así, la propuesta totalitaria.

A esto llama Havel la vida en la mentira. El intelectual afirma que toda la argumentación comunista que pretende justificar el dogma totalitario se sustenta en la mentira, y por lo tanto está llamada a ser superada por la realidad. No es necesario confrontar políticamente a estos regímenes, conque el individuo salga de su encantamiento y comience a vivir y a expresarse acorde a lo que percibe estando descondicionado, ya es suficiente para que toda estructura se desmorone.

Cuando el individuo comienza a desandar el camino de la verdad, aún sin proponérselo se convierte en una suerte de lámpara capaz de disipar tanta oscuridad. Un artista, por ejemplo, cuando logra mostrar a través de su creación la realidad tal y cual es, le ocasiona más daño al sistema que el más dotado de los políticos, porque aún sin proponérselo logra rasgar el velo que impone la ideología oficial.

La doble moral, que es muy común en los pueblos sometidos por esta clase de gobierno, no es más que un despertar en la conciencia del individuo, que se va percatando de los mecanismos de engaño, pero aún sin la claridad suficiente, como para que la coronación de la verdad en su corazón le ofrezca el valor suficiente de romper con la manipulación, sencillamente prefiere seguir en el disimulo.

El libro de Havel es sin lugar a dudas, una de esas joyas que raramente emergen a la superficie. Es una suerte de oráculo por medio del cual el analista llega a conocer la quinta esencia del sistema que es capaz de transmutar a un pueblo de hombres libres en un pueblo de esclavos.

Debo agradecer eternamente al amigo que me recomendó su lectura e invito formalmente para que otros se acerquen a la obra y puedan decir igual que yo: ¡Gracias, Havel!


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