| POLITICA
Gracias,
Havel Alejandro
Tur Valladares, Cubanacán Press CIENFUEGOS, enero (www.cubanet.org)
- Ninguna lectura me ha resultado tan reveladora en los últimos tiempos
como el libro "El Poder de los Sin Poder" del ensayista y ex presidente
checo Václav Havel. En su libro, el destacado intelectual hace una
disección del aparato comunista, mostrándonos con extrema claridad
la compleja naturaleza de estos regímenes, a los que acertadamente nombra
postotalitarios, para diferenciarlos de las dictaduras tradicionales, derivadas
de otras corrientes del pensamiento político. Según su análisis,
estos regímenes están estructurados bajo formas que generalmente
resultan incomprensibles al académico occidental, quien trata de entenderlos
partiendo de la experiencia, directa o no, de dictaduras como las de Trujillo
en República Dominicana, de los Somoza en Nicaragua o de Augusto Pinochet
en Chile, que a pesar de tener puntos de contacto a través de elementos
que le son comunes a toda dictadura, como es la represión y en otros aspectos,
terminan alejándose sustancialmente. En las dictaduras, todo el sistema
de poder se sustenta en la fuerza y en los tan conocidos mecanismos de terror,
y en la figura del cuadillo, al que los medios de propaganda del régimen
dota de poderes suprahumanos, mostrándolo carente de debilidades, errores
o imperfecciones, y gestando así un nuevo culto al Mesías político,
al que según los ideólogos, el pueblo debe agradecer la "felicidad
y la prosperidad" que disfruta. El fenómeno cubano ha sido un
caso sui generis, puesto que constituye una especie de cruce histórico
entre una dictadura clásica y una postotalitaria. Por un lado, el culto
a la personalidad del máximo líder nos recuerda las vulgares dictaduras
latinoamericanas, donde el caudillo asume el timón de la nación
y utiliza fórmulas administrativas propias de una finca particular, donde
las leyes no tienen más que una función legitimizadora del régimen. Por
otro lado, el que este gobierno se haya apropiado de una herramienta tan eficaz
en la coerción de las masas como la ideología, le da un refinamiento,
una sutileza en los mecanismos de control social que otros gobiernos absolutistas
no poseen. La ideología es la clave para entender la estructura que conforma
la maquinaria castrista. En nuestro país, el líder se ha apropiado
de un discurso por medio del cual se justifican todos los actos del poder. Además,
todos los esfuerzos de la nación deberán centrase en la consecución
de los hermosos ideales contenidos dentro de él. No importan los medios
cuando los fines son "loables", nos asegura el líder. El
discurso irá creando imágenes mentales en el receptor, estableciéndole
un mundo virtual, un lente que le hace contemplar la vida de otro color. El ser
humano pierde, bajo el influjo de la ideología comunista, su capacidad
de aprehender la realidad tal y cual es, y su mente, condicionada como está,
acomoda todo hecho al molde prefabricado, justificando así, la propuesta
totalitaria. A esto llama Havel la vida en la mentira. El intelectual afirma
que toda la argumentación comunista que pretende justificar el dogma totalitario
se sustenta en la mentira, y por lo tanto está llamada a ser superada por
la realidad. No es necesario confrontar políticamente a estos regímenes,
conque el individuo salga de su encantamiento y comience a vivir y a expresarse
acorde a lo que percibe estando descondicionado, ya es suficiente para que toda
estructura se desmorone. Cuando el individuo comienza a desandar el camino
de la verdad, aún sin proponérselo se convierte en una suerte de
lámpara capaz de disipar tanta oscuridad. Un artista, por ejemplo, cuando
logra mostrar a través de su creación la realidad tal y cual es,
le ocasiona más daño al sistema que el más dotado de los
políticos, porque aún sin proponérselo logra rasgar el velo
que impone la ideología oficial. La doble moral, que es muy común
en los pueblos sometidos por esta clase de gobierno, no es más que un despertar
en la conciencia del individuo, que se va percatando de los mecanismos de engaño,
pero aún sin la claridad suficiente, como para que la coronación
de la verdad en su corazón le ofrezca el valor suficiente de romper con
la manipulación, sencillamente prefiere seguir en el disimulo. El
libro de Havel es sin lugar a dudas, una de esas joyas que raramente emergen a
la superficie. Es una suerte de oráculo por medio del cual el analista
llega a conocer la quinta esencia del sistema que es capaz de transmutar a un
pueblo de hombres libres en un pueblo de esclavos. Debo agradecer eternamente
al amigo que me recomendó su lectura e invito formalmente para que otros
se acerquen a la obra y puedan decir igual que yo: ¡Gracias, Havel!
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