|
SOCIEDAD
Entre el cielo y la tierra
Tania Díaz Castro
LA HABANA, enero (www.cubanet.org) - Entre el
cielo y la tierra no hay nada oculto. Si se necesitaron
algunos años para que se conociera en el
mundo los millones de personas que asesinó
Stalin, hoy todo es muy diferente. Los tiempos
cambian y gracias al desarrollo de la civilización
el ser humano está mejor informado.
En Cuba, por ejemplo, un país cerrado
a cal y canto, donde la población no tiene
acceso a Internet (los periodistas independientes
mucho menos) y sólo disponemos de la prensa
oficialista, es un secreto a voces todo lo que
calla el Ministerio del Interior y algunas otras
dependencias estatales.
Tienen el control, de eso no hay dudas, de los
datos sobre población penal, por raza,
sexo y edad, además de los delitos, o los
que permanecen en espera de juicio. Conocen la
cifra exacta de los fusilados, que se calcula
en miles, y niegan tener cien mil presos, la gran
mayoría de la raza negra.
Como manejan los controles de los Comités
de Defensa de la Revolución, compuesto
por un pequeño grupo de personas que viven
en la misma cuadra, y que todo lo saben, conocen
perfectamente el número de disidentes de
pueblo (no me refiero a los que pertenecen a organizaciones
de derechos humanos), que son los más recalcitrantes,
los más calladitos.
Todo lo saben. Es, a mi juicio, el ministerio
que mejor ha funcionado en 46 años de fidelismo.
Dirigido, es natural, por Fidel Castro. Nada que
ocurra en Cuba pasa inadvertido para el máximo
líder.
Pienso, sin lugar a dudas, que si el resto de
los organismos del Estado hubiera funcionado como
el Ministerio del Interior, otro gallo cantaría.
La población, hubiera sido feliz. Bien
alimentada, hermanada de verdad, solidaria. Otra
sería entonces la realidad cubana.
Pero si ha logrado algo este Ministerio del Interior,
ha sido la consumación y mantenimiento
del régimen político. Sus miembros
deben sentirse satisfechos. Reprimen, encarcelan
injustamente, torturan por medios sicológicos
sofisticados aprendidos en la KGB (yo fui torturada
de esta forma por espacio de seis meses en sus
celdas tapiadas), amenazan, "atienden"
a los intelectuales. Todo impunemente, sin rendir
cuentas a nada ni a nadie.
Representan el brazo armado del pensamiento político
de Fidel Castro. Son los encargados de garantizar
que nada negativo de la sociedad cubana salga
a relucir: los suicidios, embarazos de adolescentes
en "la escuela al campo", enfermedades
de transmisión sexual relacionadas con
la prostitución y muchos aspectos más.
Por esta específica razón no toleran
a los periodistas independientes, los que, contra
viento y marea, nos enteramos de todo, porque
entre el cielo y la tierra no hay nada oculto.
La mística de los libres
Juan González Febles
LA HABANA, enero (www.cubanet.org) - Un coraje
fuera de serie y una voluntad tenaz han sido las
características de los presos políticos
cubanos. Han establecido una triste y honrosa
tradición. Pare ello fue necesario mucho
amor en el corazón, deseo y pasión
por la libertad. Cuando se combinan estos factores
el hombre sencillo crece y se hace héroe.
Sus afanes, leyenda.
Son muchos los que contribuyeron a la creación
de la mística del presidio político
cubano. La tradición comenzó con
los que morían de espaldas al paredón
asesino y de frente a la escuadra vil. Gritaban
¡Viva Cristo Rey! La retomaron los que soportan
golpizas y maltratos con el grito ¡Vivan
los derechos humanos! o ¡Viva la libertad!
Todos enfrentaron la misma tiranía. Todos
lucharon contra la misma concepción totalitaria.
Desde los pioneros de la época en que nadie
escuchaba, hasta los activistas de la oposición
civil actual. En una época se pensó
que se trataba de excesos aislados. Pronto se
supo que era una concepción pragmática.
Una política de gobierno concebida para
desestimular los actos contra el estado.
Recientemente, la Comisión Cubana de Derechos
Humanos y Reconciliación Nacional denunció
esta situación. Se refirió de forma
específica a una política de malos
tratos dirigida contra los prisioneros políticos
cubanos. Una práctica criminal orientada
por el más alto nivel de dirección
política del país.
Pese a esto, tomando como referencia a los 75
opositores, escritores, periodistas y bibliotecarios
arrestados en la Primavera Negra de marzo de 2003,
el saldo favorece a la libertad. La huelga de
hambre, las protestas y el desacato a las normas
abusivas de las prisiones castristas marcan la
pauta. Los maltratos y desmanes de los carceleros
han tenido digna respuesta.
Normando Hernández, Oscar Elías
Biscet, Mario Enrique Mayo, Diosdado González
Marrero, José Daniel Ferrer, Luis Enrique
Ferrer, Leonardo Miguel Bruzón Ávila,
Cutín Aguilera, Juan Carlos Herrera Acosta,
Adolfo Fernández Sainz, Manuel Vázquez
Portal, Orlando Zapata, Miguel Sigler Guido Sigler,
Ariel Sigler, Héctor Maseda, Ángel
Moya Acosta, Héctor Palacios Ruiz, Nelson
Aguiar, Víctor Rolando Arroyo, Miguel Galbán,
Fabio Prieto y un numerosísimo etcétera,
desacataron y desacatan el poder de la dictadura.
Ellos han protagonizado protestas, huelgas de
hambre y todo tipo de demostraciones casi desde
el mismo instante de su arresto. Estos hombres
han sido maltratados, golpeados y torturados.
Son víctimas de un genocidio dirigido por
las más altas instancias del poder político
en Cuba. Ellos han cimentado con su dolor una
mística. La mística de la lucha
civil contra la dictadura comunista.
Esta mística se ha impuesto en la llamada
"Batalla de ideas". La "Batalla
de ideas", que no es más que la imposición
del pensamiento político de Fidel Castro,
ha sido vencida. Hoy no le queda más que
la represión y la práctica del genocidio
en su intento por detener la creciente oposición
al régimen.
|