PRENSA INDEPENDIENTE
Enero 6 , 2005
 

AGRICULTURA
¿Se llenará la tacita de café?

Ariel Delgado Covarrubias, UPECI

LA HABANA, enero (www.cubanet.org) - Pese a las limitaciones informativas en cuanto a datos en la prensa oficiosa cubana, todo parece indicar que la cosecha de café de la actual campaña será algo superior a la del pasado año. Pero este logro productivo no tiene gran significación si se tiene en cuenta que la anterior fue la más baja en el último medio siglo.

El aromático grano se produce en su mayor volumen en tres de las provincias orientales: Santiago de Cuba, Guantánamo y Granma y en el macizo montañoso del Escambray en zonas pertenecientes a las provincias de Cienfuegos, Sancti Spíritus y Villa Clara.

Es en la zona oriental donde se extraen los mayores volúmenes. Hace dos años, Santiago había perdido su supremacía frente a Guantánamo por su mal desempeño productivo. Y esta última ha sido noticia por los avances en la producción del llamado café ecológico, que utiliza técnicas que benefician el mantenimiento y conservación del medio y le introducen un valor agregado, en momentos en que el producto se encuentra depreciado en el mercado mundial.

Importantes volúmenes de los granos de mejor calidad se exportan a mercados de Europa y Asia con gran aceptación, constituyendo el tercer lugar entre los renglones exportables del Ministerio de la Agricultura (MINAGRI). Pero mayor preferencia tiene el demandado grano entre la población cubana, que durante años ha resistido los intentos de que sustituya el café por otras infusiones como el té. No se concibe en la isla un buen despertar si la primera bebida no es la típica tacita del humeante café cubano.

Olvidando los utópicos empeños de producir café en el llano con la variedad Caturra allá en los años 68 y 69 del pasado siglo en lo que se llamó "El Cordón de La Habana", la política agrotécnica de las autoridades conllevó a una situación desastrosa en los años 90, coincidiendo con el llamado Período Especial en Tiempo de Paz.

De 110 mil hectáreas dedicadas a los cafetos, sólo 70 mil reúnen las condiciones adecuadas para lograr cosechas eficientes. Ello ha provocado que de una producción de 50 mil toneladas en los años sesenta, en las cosechas del presente siglo no se hayan sobrepasado las 14 mil.

Para revertir esta situación el Estado ha confeccionado planes de fomento de nuevos sembrados en áreas más favorables, pero el resultado de ese esfuerzo requiere de algunos años. Si bien ha estimulado el retorno de la población rural a las montañas mediante incentivos, la mayoría de los participantes en esta actividad presentan elevados niveles de disconformidad.

Se calcula que la cosecha del café moviliza anualmente a más de 250 mil personas en la etapa de la recogida, la más álgida, donde la fuerza de los cultivadores resulta insuficiente para garantizar que todo el grano maduro llegue a las despulpadoras. Una lata de Café Arábigo (el de mejor calidad) de 12.7 kilogramos (28 libras aproximadamente) se paga a 12 pesos cubanos, mientras que la del Robusta sólo alcanza 10, cuando en el mercado negro de la capital una libra se vende a 25.

Pero no es sólo el mal pago el único factor que atenta contra el incentivo y la estabilidad de la fuerza laboral voluntaria que acude a recogerlo. La llamada "atención al hombre" se convierte en esta actividad más bien en la "atención al hambre y las necesidades" que padecen estos trabajadores temporales en esa labor productiva.

El reflejo de esa situación no ha pasado inadvertido en los propios medios nacionales, y es así que el tabloide semanal Trabajadores, órgano de la sindical oficialista cubana, en una edición reciente publicaba un trabajo titulado "Movilizados en Maisí: los Héroes del Café", sobre las penurias de estos reconocidos "héroes".

Ese municipio, cafetalero por excelencia, posee las mayores áreas dedicadas al grano en el país, con el 45 % de esa riqueza de la provincia de Guantánamo. Con una población de sólo 29 mil habitantes en una superficie equivalente 20 veces a la de la capital del país, implica la movilización de mil voluntarios en la época de la maduración del grano, suministrados por otros ocho municipios de la más oriental de las provincias cubanas.

El 80 % del área cafetalera corresponden a las Cooperativas de Producción Agropecuarias (CPA) y a las de Créditos y Servicios (CCS), mientras las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC) tienen el 14,3 y el Ejército Juvenil del Trabajo (EJT) el 3,9 restante.

Según el artículo de referencia la mayoría de los albergues existentes están destruidos o carecen de elementales condiciones de vida. En los mejores, los movilizados tienen que dormir en hamacas, pues ya no disponen de literas con colchones que antes tuvieron, el agua (sin potabilizar) se almacena en cisternas casi artesanales, por lo que el turno del baño diario en muchas ocasiones se omite para los cansados y sudados voluntarios.

Y los que reciben la alimentación de parte de la Empresa Municipal Agropecuaria, encargada de la movilización, se quejan de la calidad y cantidad de la misma, y prefieren que sean los campesinos privados los que les brinden por lo menos esa atención, ya que resulta "un poco mejor".

El deterioro o ausencia casi total de condiciones higiénicas provoca enfermedades menores, pero los puestos médicos que los atienden no poseen los medicamentos necesarios para tratarlos, y cuando los solicitan a "instancias superiores" les dicen que son dedicados a la atención de los estudiantes también movilizados para esa actividad.

A pesar de tan pésimas condiciones, la cifra de movilizados se logra mediante un gran esfuerzo entre aquellos recolectores más eficientes y que no tienen otra posibilidad de ganar su dinero honradamente que no sea sometiendo su fuerza de trabajo a una explotación digna de ser reflejada en El Capital de Kart Marx, pero ahora con la plusvalía para un Estado que dice ser de ellos, de los trabajadores.

Pese a lo bajo del pago por lata recolectada, los más diestros alcanzan hasta mil pesos en el mes, una cifra elevada en provincias donde la moneda escasea, y en consecuencia los precios de los productos son algo menor que en la capital. Otra "ventaja" de esos machucados trabajadores es que pueden adquirir productos del campo a precios menores de los de los Mercados Agropecuarios de su localidad, y entonces cuando regresan van cargados de jabas y sacos llenos que dificulta hasta lo indecible su transportación.

En fin, con esa "atención al hombre", al recolector, al que con su trabajo permite que los granos lleguen a la despulpadora y no se pierdan en el campo, a los verdaderos protagonistas de esa producción, la tacita de café humeante nunca se llenará, aunque este año la producción sea ligeramente superior a la anterior.

 


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