|
AGRICULTURA
¿Se llenará la tacita de café?
Ariel Delgado Covarrubias, UPECI
LA HABANA, enero (www.cubanet.org) - Pese a las
limitaciones informativas en cuanto a datos en
la prensa oficiosa cubana, todo parece indicar
que la cosecha de café de la actual campaña
será algo superior a la del pasado año.
Pero este logro productivo no tiene gran significación
si se tiene en cuenta que la anterior fue la más
baja en el último medio siglo.
El aromático grano se produce en su mayor
volumen en tres de las provincias orientales:
Santiago de Cuba, Guantánamo y Granma y
en el macizo montañoso del Escambray en
zonas pertenecientes a las provincias de Cienfuegos,
Sancti Spíritus y Villa Clara.
Es en la zona oriental donde se extraen los mayores
volúmenes. Hace dos años, Santiago
había perdido su supremacía frente
a Guantánamo por su mal desempeño
productivo. Y esta última ha sido noticia
por los avances en la producción del llamado
café ecológico, que utiliza técnicas
que benefician el mantenimiento y conservación
del medio y le introducen un valor agregado, en
momentos en que el producto se encuentra depreciado
en el mercado mundial.
Importantes volúmenes de los granos de
mejor calidad se exportan a mercados de Europa
y Asia con gran aceptación, constituyendo
el tercer lugar entre los renglones exportables
del Ministerio de la Agricultura (MINAGRI). Pero
mayor preferencia tiene el demandado grano entre
la población cubana, que durante años
ha resistido los intentos de que sustituya el
café por otras infusiones como el té.
No se concibe en la isla un buen despertar si
la primera bebida no es la típica tacita
del humeante café cubano.
Olvidando los utópicos empeños
de producir café en el llano con la variedad
Caturra allá en los años 68 y 69
del pasado siglo en lo que se llamó "El
Cordón de La Habana", la política
agrotécnica de las autoridades conllevó
a una situación desastrosa en los años
90, coincidiendo con el llamado Período
Especial en Tiempo de Paz.
De 110 mil hectáreas dedicadas a los cafetos,
sólo 70 mil reúnen las condiciones
adecuadas para lograr cosechas eficientes. Ello
ha provocado que de una producción de 50
mil toneladas en los años sesenta, en las
cosechas del presente siglo no se hayan sobrepasado
las 14 mil.
Para revertir esta situación el Estado
ha confeccionado planes de fomento de nuevos sembrados
en áreas más favorables, pero el
resultado de ese esfuerzo requiere de algunos
años. Si bien ha estimulado el retorno
de la población rural a las montañas
mediante incentivos, la mayoría de los
participantes en esta actividad presentan elevados
niveles de disconformidad.
Se calcula que la cosecha del café moviliza
anualmente a más de 250 mil personas en
la etapa de la recogida, la más álgida,
donde la fuerza de los cultivadores resulta insuficiente
para garantizar que todo el grano maduro llegue
a las despulpadoras. Una lata de Café Arábigo
(el de mejor calidad) de 12.7 kilogramos (28 libras
aproximadamente) se paga a 12 pesos cubanos, mientras
que la del Robusta sólo alcanza 10, cuando
en el mercado negro de la capital una libra se
vende a 25.
Pero no es sólo el mal pago el único
factor que atenta contra el incentivo y la estabilidad
de la fuerza laboral voluntaria que acude a recogerlo.
La llamada "atención al hombre"
se convierte en esta actividad más bien
en la "atención al hambre y las necesidades"
que padecen estos trabajadores temporales en esa
labor productiva.
El reflejo de esa situación no ha pasado
inadvertido en los propios medios nacionales,
y es así que el tabloide semanal Trabajadores,
órgano de la sindical oficialista cubana,
en una edición reciente publicaba un trabajo
titulado "Movilizados en Maisí: los
Héroes del Café", sobre las
penurias de estos reconocidos "héroes".
Ese municipio, cafetalero por excelencia, posee
las mayores áreas dedicadas al grano en
el país, con el 45 % de esa riqueza de
la provincia de Guantánamo. Con una población
de sólo 29 mil habitantes en una superficie
equivalente 20 veces a la de la capital del país,
implica la movilización de mil voluntarios
en la época de la maduración del
grano, suministrados por otros ocho municipios
de la más oriental de las provincias cubanas.
El 80 % del área cafetalera corresponden
a las Cooperativas de Producción Agropecuarias
(CPA) y a las de Créditos y Servicios (CCS),
mientras las Unidades Básicas de Producción
Cooperativa (UBPC) tienen el 14,3 y el Ejército
Juvenil del Trabajo (EJT) el 3,9 restante.
Según el artículo de referencia
la mayoría de los albergues existentes
están destruidos o carecen de elementales
condiciones de vida. En los mejores, los movilizados
tienen que dormir en hamacas, pues ya no disponen
de literas con colchones que antes tuvieron, el
agua (sin potabilizar) se almacena en cisternas
casi artesanales, por lo que el turno del baño
diario en muchas ocasiones se omite para los cansados
y sudados voluntarios.
Y los que reciben la alimentación de parte
de la Empresa Municipal Agropecuaria, encargada
de la movilización, se quejan de la calidad
y cantidad de la misma, y prefieren que sean los
campesinos privados los que les brinden por lo
menos esa atención, ya que resulta "un
poco mejor".
El deterioro o ausencia casi total de condiciones
higiénicas provoca enfermedades menores,
pero los puestos médicos que los atienden
no poseen los medicamentos necesarios para tratarlos,
y cuando los solicitan a "instancias superiores"
les dicen que son dedicados a la atención
de los estudiantes también movilizados
para esa actividad.
A pesar de tan pésimas condiciones, la
cifra de movilizados se logra mediante un gran
esfuerzo entre aquellos recolectores más
eficientes y que no tienen otra posibilidad de
ganar su dinero honradamente que no sea sometiendo
su fuerza de trabajo a una explotación
digna de ser reflejada en El Capital de Kart Marx,
pero ahora con la plusvalía para un Estado
que dice ser de ellos, de los trabajadores.
Pese a lo bajo del pago por lata recolectada,
los más diestros alcanzan hasta mil pesos
en el mes, una cifra elevada en provincias donde
la moneda escasea, y en consecuencia los precios
de los productos son algo menor que en la capital.
Otra "ventaja" de esos machucados trabajadores
es que pueden adquirir productos del campo a precios
menores de los de los Mercados Agropecuarios de
su localidad, y entonces cuando regresan van cargados
de jabas y sacos llenos que dificulta hasta lo
indecible su transportación.
En fin, con esa "atención al hombre",
al recolector, al que con su trabajo permite que
los granos lleguen a la despulpadora y no se pierdan
en el campo, a los verdaderos protagonistas de
esa producción, la tacita de café
humeante nunca se llenará, aunque este
año la producción sea ligeramente
superior a la anterior.
|