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La liberación de los
prisioneros del Mariel
Agustín A. Román.
El Nuevo Herald, 27 de febrero de 2005.
El tiempo de Cuaresma, este período de
oración intensa y fructífero sacrificio
con que la Iglesia se prepara para la celebración
de los grandes misterios de la pasión,
muerte y resurrección de Jesucristo, nos
debe acercar de una manera íntima y real
a todos los que sufren en el mundo, cualquiera
que sea el motivo de su sufrimiento, pero, de
una forma especial, a aquéllos que padecen
injusticias, a los que son víctimas de
la ceguera o el egoísmo de otros hombres.
Nunca debiéramos olvidar, sobre todo cuando
tratamos de juzgar a los demás, que Jesús
de Nazaret fue el hijo de un pueblo oprimido,
injustamente torturado, condenado a muerte y ejecutado
entre los epítetos hirientes de unos y
el desprecio de casi todos. De ahí que
los que tenemos a aquel condenado a muerte como
nuestro Señor y Salvador, hemos de pedir
a los encargados de administrar justicia que sean
humildes ante las faltas ajenas y ejerzan la más
prudente pulcritud al cumplir su importante tarea.
La importancia de tratar de ser justos es uno
de los tópicos que sobresalen en las Sagradas
Escrituras. Entre los textos más citados
en las lecturas propias de la Cuaresma, están
los del profeta Isaías, cuyas alocuciones
conforman uno de los libros de la Biblia. Este
profeta vivió en el siglo VIII antes de
Jesucristo y todo parece indicar que era una persona
influyente en Jerusalén, ya que gozaba
de facilidad para presentarse ante los reyes de
Israel. En su prédica al hablarle a los
poderosos de su época, Isaías hizo
énfasis, entre otros, en el tema de la
justicia.
Así podemos leer, por citar sólo
un ejemplo, que este profeta nos dice como palabra
de Dios, lo siguiente: ''El ayuno que a mí
me agrada consiste en esto: en que rompas las
cadenas de la injusticia y desates los nudos que
aprietan el yugo; en que dejes libres a los oprimidos
y acabes, en fin, con toda tiranía...''
(Isaías 58, 6).
En el espíritu de la Cuaresma, pues, y
de acuerdo a nuestras raíces judeocristianas,
es muy difícil no sentirse alegre al saber
que ya se ha comenzado a abrir las puertas de
las prisiones para centenares de personas que
permanecían en detención indefinida,
por órdenes del Servicio de Inmigración,
después de haber cumplido la pena que por
sus delitos se le impuso a cada uno, algo sobre
lo cual hube de expresarme públicamente
tan pronto se conoció el fallo de la Corte
Suprema que echó abajo esa injusticia.
Sin embargo, en ese mismo espíritu, habría
que enfatizar ahora que al hacerse justicia, ésta
debe producirse en un entorno que propicie el
disfrute de la misma, tanto por las personas directamente
beneficiadas, como por las comunidades de las
cuales ellas forman parte.
Lo anterior, que es también de sentido
común, fue lo que movió a los miembros
del Task Force o Equipo de Trabajo de las Organizaciones
del Exilio Cubano que dio la batalla desde los
años 80 por que se subsanara el error que
ahora la más alta corte del país
ha reconocido como tal, a pedir que no se pusiera
en libertad a ninguno de los detenidos que no
estuviese adecuadamente preparado para reintegrarse
a la sociedad contra la cual había delinquido
anteriormente y a abogar por el establecimiento
de ''casas medias'' y otros programas de rehabilitación,
entrenamiento y ayuda psicológica que facilitaran
la transición de la vida en la cárcel
a la vida en libertad.
La experiencia de alrededor de siete mil prisioneros
del Mariel liberados desde entonces, que se han
destacado a nivel nacional por el bajo índice
de reincidencia criminal que pueden mostrar como
grupo, es el mejor testimonio a favor de una liberación
ordenada, determinada caso por caso y precedida
de un tiempo de preparación con esos elementos
rehabilitadores de entrenamiento y ayuda, que
incrementen las posibilidades de que no recaigan
en el delito los que ahora son liberados.
Ha sido reconfortante, en este orden de cosas,
saber que el Servicio de Inmigración ha
dicho que agilizará la obtención
de permisos de trabajo para ellos y tratará
de exonerarlos del pago de la tarifa asignada.
Esto debe concretarse a la brevedad posible, por
el bien de todos.
Quiero dar las gracias públicamente a
los funcionarios que han sido sensibles a esta
urgente necesidad. Al mismo tiempo, quiero apelar
directamente a los empresarios y comerciantes
de nuestra comunidad, especialmente a los cubanoamericanos,
así como a las autoridades locales, a abrir
oportunidades de empleo para estos hombres que
necesitan ayuda para poder rehacer sus vidas.
Permítaseme insistir en la urgencia de
que las excarcelaciones no se produzcan sin el
acondicionamiento previo necesario para los que
han de ser liberados. La prudencia indica que,
al tiempo de ser liberados, los detenidos deben
ser proveídos de los elementos indispensables
para sus primeros pasos en la vida en sociedad,
como el permiso de trabajo, un status migratorio
legal y algún tipo de entrenamiento laboral.
Ypermítaseme también apelar nuevamente
al corazón de mis conciudadanos para que
no neguemos la oportunidad de la resurrección
al bien a estos compatriotas que, víctimas,
en fin de cuentas, del sistema materialista y
ateo en el cual fueron formados, recibieron, además
del justo castigo por sus errores, la injusta
prolongación del mismo, más allá
del reclamo de la razón y la misericordia.
Que el espíritu de verdadera justicia,
que sólo puede provenir de Dios, y que
es el signo de la Cuaresma, nos envuelva a todos
de acuerdo al mandamiento del amor que nos dejara
Aquel prisionero que a todos nos hizo libres.
Los bendice +mons. Agustín A. Román.
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