PRENSA INDEPENDIENTE
Febrero 25, 2005
 

ECONOMIA
CUC versus CUP (II y final)

Ariel Delgado Covarrubias, UPECI

LA HABANA, febrero (www.cubanet.org) - La presencia de dos monedas nacionales en la circulación financiera provoca una marcada diferencia en el estrato social cubano. Así a las naturales diferencias que provoca el sistema con su enrevesado engranaje burocrático social, se suma el del poder económico que lacera el sentimiento de los menos beneficiados a niveles nunca antes alcanzados en la etapa de desgobierno comunista.

Estudiosos de la economía en este orden aclaran que la unificación de la moneda permitirá enmascarar esa diferenciación social, nunca eliminarla. Pero la validez de la medida tiene más que ver con la necesidad de intentar sanear una economía enferma, grave, en intentos cuya tabla de salvación radica en esperanzas especulativas como el encontrar grandes cantidades de petróleo en el lecho marino cubano.

Y ahí radica la primera gran dificultad: la falta de dirección económica para dirigir la producción más hacia el mercado interno que hacia la exportación. Cuba ha pasado a ser una economía de carácter terciario, es decir dedicada más a los servicios que a la producción agrícola o industrial.

Aunque no se publican datos al respecto, en el consumo interno se advierte que el peso fundamental en la alimentación y demás actividades de los cubanos se satisface con productos importados. Estos son gravados con hasta más del 200 % de su valor original en la venta a los nacionales, como un impuesto de Valor Agregado (IVA) no declarado públicamente, y que pasa a ser una importante fuente de recursos para el gobierno.

Según declaraciones oficiales, esa recaudación se dedica a la compra de los artículos de la canasta básica (productos normados y subvencionados por el Estado). Entonces lo que se recauda por otras actividades como el turismo, la producción de níquel, la cada vez menor zafra azucarera y otras producciones exportables, se dedica a sufragar los planes políticos y sociales del actual gobierno.

Según analistas consultados la unificación de la moneda podría llevarse a cabo en dos sentidos posibles: la creación de una nueva moneda o la asimilación de una por otra de las dos ya existentes. La primera variante parece de menor posibilidad, ya que exigiría una nueva impresión, aunque favorecería mejor la aceptación de su nuevo valor.

En el caso de la segunda, lo más probable es que la más fuerte (el CUC o peso convertible) asimile a la otra (el CUP o peso nacional cubano). Pero este proceso requeriría de una serie de pasos de no fácil ejecución.

En primer lugar, habría que ir aumentando los pagos en esa moneda por lo menos en los llamados "sectores importantes" de la economía nacional. Si bien se afirma que ya el 65 % de los cubanos tienen acceso directo a ella, la tarea de que ese 45 % restante lo logre no resulta objetivamente viable dado la cantidad de trabajadores que realizan trabajos considerados no merecedores de esa retribución.

La unificación de precios es otra necesidad ineludible. Ello acarrearía grandes dificultades, pues muchos artículos que hoy se venden en CUP a precios bajos no encontrarían una valorización adecuada. Un viaje en taxi bus, un pan con croqueta, una fritura o un refresco se valoran actualmente a un peso en moneda nacional. Si por decreto se quedan solos los convertibles, en esa moneda su valor sería de cuatro centavos de peso convertible. El "quilo" (moneda fraccionaria de un centavo, ya en lógico desuso) volvería a adquirir valor.

Si se establece entonces una necesaria reforma de precios para lograr una unificación, entonces también se hace necesario una reforma general de salarios, y ahí es donde "se traba el dominó", pues la economía nacional no tiene un desarrollo tal que asimile un incremento en el poder real del salario.

Si la actual dirección política y económica del país ve la necesidad de dar ese paso para concluir las reformas financieras desarrolladas en el país desde hace una década, no parece dirigir sus esfuerzos a la elevación de la producción para el mercado interno, y sólo busca recursos para invertir en la llamada "Batalla de Ideas", donde por lo menos las económicas y financieras ya de antemano están perdidas, si no se cambia el rumbo escogido.

No obstante, los movimientos y las especulaciones surgidas en distintos niveles de la población acerca de la necesidad de tener una sola moneda no se pueden desdeñar. Asegurar que ese paso está al doblar de la esquina es más que aventurado y utópico. Pero de los magos que cambian la definición económica del crecimiento y las metodologías aceptadas por todos para calcular el Producto Interno Bruto, cualquier cosa se puede esperar. Sólo queda recordar una vez más que los que violan las leyes del mercado, más temprano que tarde, pagan con grandes y costosos reveses esas improvisaciones en las ciencias económicas.

CUC versus CUP (I)


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