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ECONOMIA
CUC versus CUP (II y final)
Ariel Delgado Covarrubias, UPECI
LA HABANA, febrero (www.cubanet.org) - La presencia
de dos monedas nacionales en la circulación
financiera provoca una marcada diferencia en el
estrato social cubano. Así a las naturales
diferencias que provoca el sistema con su enrevesado
engranaje burocrático social, se suma el
del poder económico que lacera el sentimiento
de los menos beneficiados a niveles nunca antes
alcanzados en la etapa de desgobierno comunista.
Estudiosos de la economía en este orden
aclaran que la unificación de la moneda
permitirá enmascarar esa diferenciación
social, nunca eliminarla. Pero la validez de la
medida tiene más que ver con la necesidad
de intentar sanear una economía enferma,
grave, en intentos cuya tabla de salvación
radica en esperanzas especulativas como el encontrar
grandes cantidades de petróleo en el lecho
marino cubano.
Y ahí radica la primera gran dificultad:
la falta de dirección económica
para dirigir la producción más hacia
el mercado interno que hacia la exportación.
Cuba ha pasado a ser una economía de carácter
terciario, es decir dedicada más a los
servicios que a la producción agrícola
o industrial.
Aunque no se publican datos al respecto, en el
consumo interno se advierte que el peso fundamental
en la alimentación y demás actividades
de los cubanos se satisface con productos importados.
Estos son gravados con hasta más del 200
% de su valor original en la venta a los nacionales,
como un impuesto de Valor Agregado (IVA) no declarado
públicamente, y que pasa a ser una importante
fuente de recursos para el gobierno.
Según declaraciones oficiales, esa recaudación
se dedica a la compra de los artículos
de la canasta básica (productos normados
y subvencionados por el Estado). Entonces lo que
se recauda por otras actividades como el turismo,
la producción de níquel, la cada
vez menor zafra azucarera y otras producciones
exportables, se dedica a sufragar los planes políticos
y sociales del actual gobierno.
Según analistas consultados la unificación
de la moneda podría llevarse a cabo en
dos sentidos posibles: la creación de una
nueva moneda o la asimilación de una por
otra de las dos ya existentes. La primera variante
parece de menor posibilidad, ya que exigiría
una nueva impresión, aunque favorecería
mejor la aceptación de su nuevo valor.
En el caso de la segunda, lo más probable
es que la más fuerte (el CUC o peso convertible)
asimile a la otra (el CUP o peso nacional cubano).
Pero este proceso requeriría de una serie
de pasos de no fácil ejecución.
En primer lugar, habría que ir aumentando
los pagos en esa moneda por lo menos en los llamados
"sectores importantes" de la economía
nacional. Si bien se afirma que ya el 65 % de
los cubanos tienen acceso directo a ella, la tarea
de que ese 45 % restante lo logre no resulta objetivamente
viable dado la cantidad de trabajadores que realizan
trabajos considerados no merecedores de esa retribución.
La unificación de precios es otra necesidad
ineludible. Ello acarrearía grandes dificultades,
pues muchos artículos que hoy se venden
en CUP a precios bajos no encontrarían
una valorización adecuada. Un viaje en
taxi bus, un pan con croqueta, una fritura o un
refresco se valoran actualmente a un peso en moneda
nacional. Si por decreto se quedan solos los convertibles,
en esa moneda su valor sería de cuatro
centavos de peso convertible. El "quilo"
(moneda fraccionaria de un centavo, ya en lógico
desuso) volvería a adquirir valor.
Si se establece entonces una necesaria reforma
de precios para lograr una unificación,
entonces también se hace necesario una
reforma general de salarios, y ahí es donde
"se traba el dominó", pues la
economía nacional no tiene un desarrollo
tal que asimile un incremento en el poder real
del salario.
Si la actual dirección política
y económica del país ve la necesidad
de dar ese paso para concluir las reformas financieras
desarrolladas en el país desde hace una
década, no parece dirigir sus esfuerzos
a la elevación de la producción
para el mercado interno, y sólo busca recursos
para invertir en la llamada "Batalla de Ideas",
donde por lo menos las económicas y financieras
ya de antemano están perdidas, si no se
cambia el rumbo escogido.
No obstante, los movimientos y las especulaciones
surgidas en distintos niveles de la población
acerca de la necesidad de tener una sola moneda
no se pueden desdeñar. Asegurar que ese
paso está al doblar de la esquina es más
que aventurado y utópico. Pero de los magos
que cambian la definición económica
del crecimiento y las metodologías aceptadas
por todos para calcular el Producto Interno Bruto,
cualquier cosa se puede esperar. Sólo queda
recordar una vez más que los que violan
las leyes del mercado, más temprano que
tarde, pagan con grandes y costosos reveses esas
improvisaciones en las ciencias económicas.
CUC
versus CUP (I)
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