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SOCIEDAD
La saga de una emboscada alcohólica
Guillermo Fariñas Hernández,
Cubanacán Press
SANTA CLARA, febrero (www.cubanet.org) - En aquel
diciembre de 1994, y tras la conmoción
causada por la zambullida de Mariano González
Cepeda, también conocido por "Caza
Zabimbi", en el recipiente de ron, el barrio
La Chirusa salió de su letargo gracias
al insólito suceso.
El presidente del consejo popular Hospital, José
Challú, y el delegado de la circunscripción
del Poder Popular, Armando Iznaga, fueron citados
con urgencia a las oficinas del Partido Comunista
de la provincia para valorar la situación
del alcoholismo en la zona.
En lo que estos burócratas socialistas
debatían, otra emboscada etílica
se preparaba, pues lo cierto era que los peritos
de la Dirección Técnica de Investigaciones
(DTI), y los inspectores de comercio y salud pública
habían dictaminado que el contenido del
tanque de ron no era apto para el consumo humano.
La administradora de la tienda, que dejó
de ser novata después del incidente con
"Caza Zavimbi", tuvo que afrontar las
amenazas y arremetidas verbales de varios de los
adictos más audaces, quienes no aceptaban
que aquel liquido, tan bendito como maldito, fuera
arrojado a las cloacas.
El jimagua Fraga y Filiberto "el pastillero"
realizaron un intento de escaramuza para introducirse
en la apetecida bañera de ron. Hubo que
traer a la brigada especial de la Policía
Nacional Revolucionaria (PNR) para calmar los
exaltados humores.
Armando, el delegado, junto al jefe del sector
de la PNR, se reunieron en casa de Omarito "el
ingeniero" con una decena de los borrachos
más recalcitrantes. No llegaron a ningún
acuerdo, por lo que los factores políticos
pidieron a las autoridades que dejasen una posta
de guardia las 24 horas a la entrada de la bodega
"Yaguaramas".
A los seis días fue trasladado 20 metros
el gran tanque de bebida, hacia el borde del puente
de la calle Estrada Palma, sobre la corriente
del río Bélico, previendo un asalto
desesperado por parte de los curdas, razón
por la cual la policía efectuó un
gran despliegue.
Pero cuando el alcohol comenzó a verterse
desde un altura de cuatro metros, como por arte
de magia aparecieron 12 de los más connotados
borrachines de la barriada. Portaban cubos de
agua para intentar llenarlos de ron. No conformes,
mientras se llenaban las vasijas, abrían
sus bocas para ir bebiendo por adelantado el líquido
que caía.
El tráfico se detuvo y el barrio La Chirusa
se paralizó para contemplar aquel espectáculo,
donde el también combatiente internacionalista
Juancito "el caravanero", cantaba bajo
la cascada de alcohol: "Ojalá que
llueva alcohol en el campo", parafraseando
a Juan Luis Guerra y la orquesta 440.
Aquellos adictos fueron en algún momento
militantes de la revolución. Pero la revolución,
como Saturno a sus hijos, se los tragó.
Ahora eran sólo el reflejo de la dolarización
discriminatoria, del reinado del dólar,
de la inflación. Eran los tiempos en que
una botella de ron costaba 150 pesos, y donde
se rimaba la palabra revolución con frustración.
Sin embargo, la deshumanización señoreaba.
Esta fue la saga de la emboscada alcohólica
de Mariano. Pero la pérdida de valores
en la sociedad cubana era tal, que ninguno de
acordó que a sólo 300 metros, en
el hospital viejo de Santa Clara, se debatía
entre la vida y la muerte, en la sala de terapia
intensiva, un ser humano nombrado Mariano "Caza
Savimbi".
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