PRENSA INDEPENDIENTE
Febrero 23 , 2005
 

SOCIEDAD
El periódico

José Moreno Cruz, Cubanacán Press

SANTA CLARA, febrero (www.cubanet.org) -Tenía la costumbre de leer todos los días la prensa, pero con el tiempo la he perdido. Quizás la exaltación del idilio paradisíaco donde vivo sea la razón fundamental del cambio de proceder. También gustaba de ver noche tras noche el Noticiero Nacional de TV, pero como allí abunda de todo, especialmente los alimentos y se critica lo que sucede en otros lugares, sin mencionar los problemas de nuestro derredor, he perdido el gusto.

Creo que me he convertido en un hombre huraño y me he refugiado como un ermitaño entre las paredes de mi hogar. Me molestan muchas cosas y por eso prácticamente no salgo a la calle. He despreciado hasta mi programa favorito. Comencé bajándole el volumen al televisor en la parte en que panelista y presentador debatían lo más importante del documental que proyectarían después en "Pasaje a lo Desconocido". Finalmente opté por no disfrutar más el programa, como alternativa ridícula para no verle la cara al presentador, que en otro espacio superestelar de la televisión abraza lo más bajo de un ser humano.

Por eso volví como antaño a la radio, especialmente a estaciones que no hablan de planes cumplidos, ni actos de la Batalla de Ideas. El periódico sólo lo utilizo cuando me siento en la taza del baño. Allí le doy un bosquejo panorámico a los titulares y leo algo que me resulte trascendente, aunque confieso que la página deportiva del Granma la repaso casi completa.

Últimamente en Santa Clara se ha hecho muy difícil adquirir la prensa en cualquiera de los estanquillos. No sé si es debido a que las tiradas son muy pobres, o que tienen mucha demanda como sustituto del papel sanitario. Lo cierto es que antes de que amanezca ya la cola de ancianos está hecha y ellos se los llevan todos para ganarse la vida revendiéndolos.

Tengo un amigo que siempre abría el periódico Granma por la página 2. Sin embargo, a mí esa página no me aportaba nada. Cuando le pregunté su predilección por lo que allí aparecía, me dijo muy serio: "Porque en ella anuncian los nombres de los comunistas que van muriendo poco a poco. Aquí leo sepultado ciclano de tal o murió mengano y eso me dice que hay uno menos". A veces tocaba a mi puerta para preguntarme antes de saludar: "¿Ya sabes quién se murió?" Pienso que hay algo de enfermedad en la psiquis de mi amigo, pero él tendrá sus razones. Ahora que ya no vive en Cuba, cada vez que paso por la página 2 y observo uno de esos mensajes, me imagino que Chinea está parado en el umbral de mi puerta, anunciándome la muerte de un general, un miembro del Movimiento 26 de Julio, alguien del Comité Central del Partido o un espía, como el caso de Baguer.

Sentado en el baño me he dado cuenta de que hay algunas caras que salen con mucha frecuencia, especialmente en la primera página. Tal parece que hay exceso de protagonismo, rayando en el culto de la personalidad en algunos casos. Confieso que me da pena con ellos. Pensándolo bien y desde mi óptica creo que aunque pudiera, no me gustaría salir en ninguna página de un periódico cubano, porque tarde o temprano sus hojas van a parar al baño en funciones higiénicas.

Una minoría de la población cubana disfruta del placer de utilizar papel sanitario después de realizar una necesidad fisiológica de primer orden. La mayoría, -dentro de ellos se encuentran los miembros de mi núcleo familiar-, utilizamos el periódico como sustituto, a expensas de contraer alguna enfermedad con el paso del tiempo, porque los productos que se utilizan en las imprentas son compuestos químicos.

No es agradable utilizar el periódico en estos menesteres, porque además la tinta mancha y si UD no le cree, estruje un periódico Granma y después lávese las manos, para que compruebe la tintura negra que desprenden el jabón y el agua escurriendo por sus dedos.

Un periódico cubano se reconoce a simple vista por su sencillez, poco número de hojas, siempre los mismos colores y formatos y porque todos son del mismo tamaño. Por su contenido, difícil que exista diferencias en una misma historia aparecida en otro diario. Son copia fiel al papel carbón, siguen idéntica senda con magistral exactitud.

Lo que realmente sucede es que ningún periodista oficial puede ofrecer su propia versión de lo que ocurre y si se lo permiten, deberá hacer un gran esfuerzo para no contradecir a nadie o mostrar la cara risueña del hecho ocurrido.

Debe de ser difícil escribir y trabajar bajo esas condiciones. Allí eres un autómata que repites lo que orientan desde el Comité Central de Partido y si dejas de ser autómata, terminas "siquitrillado", como les ha sucedido a muchos jóvenes que llegan con ideas novedosas y propósitos, quienes pagan de inmediato la novatada.

Personalmente he tenido afición especial por las noticias locales, pero las que quisiera que aparecieran, no las publican. Es raro que aparezcan deficiencias o señalamientos críticos a una empresa o entidad estatal y cuando las reconocen es porque se hicieron insostenibles, sirven de escarmiento o persiguen algún objetivo definido.

Hace unos días fui a la Biblioteca José Martí de la ciudad con el objetivo de buscar información en los periódicos sobre el dengue hemorrágico. Sabía que las revistas Bohemia, el periódico Hoy, la Revista Carteles y otras publicaciones de la década del 50 y los primeros años de revolución, no se prestaban al público, pero es alarmante conocer que los periódicos Granma y Vanguardia de 1980, también están sometidos a la censura.

Para poder consultar uno de estos periódicos se debe presentar un documento que acredite que está autorizado por el Departamento Ideológico del Partido para realizar cierta investigación en la prensa cubana. Tal parece que lo que se dijo y publicó ayer nada tiene que ver con lo que ocurre hoy o poco importa.

Recuerdo la época en que se censuraron en Cuba los documentos que llegaban de China o más tarde, cuando la Perestroika, la revista Sputnik, favorita de los cubanos por su similitud a la Selecciones, también fue sacada de circulación. Impresiona que estamos montados en un cachumbambé donde subes y bajas sin percatarte de que lo bueno y excelente de hoy puede ser nocivo mañana.

En los últimos días de cada mes el cartero llama a mi puerta, anunciándome que ya está cobrando la suscripción del próximo. Todos nos preocupamos en pagar, para no perder el contrato, lo que significaría dejar de obtener la prensa diaria al módico precio de 20 centavos, como alternativa necesaria del papel higiénico.

 


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