| SOCIEDAD
El periódico José
Moreno Cruz, Cubanacán Press SANTA CLARA, febrero (www.cubanet.org)
-Tenía la costumbre de leer todos los días la prensa, pero con el
tiempo la he perdido. Quizás la exaltación del idilio paradisíaco
donde vivo sea la razón fundamental del cambio de proceder. También
gustaba de ver noche tras noche el Noticiero Nacional de TV, pero como allí
abunda de todo, especialmente los alimentos y se critica lo que sucede en otros
lugares, sin mencionar los problemas de nuestro derredor, he perdido el gusto.
Creo que me he convertido en un hombre huraño y me he refugiado como
un ermitaño entre las paredes de mi hogar. Me molestan muchas cosas y por
eso prácticamente no salgo a la calle. He despreciado hasta mi programa
favorito. Comencé bajándole el volumen al televisor en la parte
en que panelista y presentador debatían lo más importante del documental
que proyectarían después en "Pasaje a lo Desconocido".
Finalmente opté por no disfrutar más el programa, como alternativa
ridícula para no verle la cara al presentador, que en otro espacio superestelar
de la televisión abraza lo más bajo de un ser humano. Por
eso volví como antaño a la radio, especialmente a estaciones que
no hablan de planes cumplidos, ni actos de la Batalla de Ideas. El periódico
sólo lo utilizo cuando me siento en la taza del baño. Allí
le doy un bosquejo panorámico a los titulares y leo algo que me resulte
trascendente, aunque confieso que la página deportiva del Granma la repaso
casi completa. Últimamente en Santa Clara se ha hecho muy difícil
adquirir la prensa en cualquiera de los estanquillos. No sé si es debido
a que las tiradas son muy pobres, o que tienen mucha demanda como sustituto del
papel sanitario. Lo cierto es que antes de que amanezca ya la cola de ancianos
está hecha y ellos se los llevan todos para ganarse la vida revendiéndolos.
Tengo un amigo que siempre abría el periódico Granma por la
página 2. Sin embargo, a mí esa página no me aportaba nada.
Cuando le pregunté su predilección por lo que allí aparecía,
me dijo muy serio: "Porque en ella anuncian los nombres de los comunistas
que van muriendo poco a poco. Aquí leo sepultado ciclano de tal o murió
mengano y eso me dice que hay uno menos". A veces tocaba a mi puerta para
preguntarme antes de saludar: "¿Ya sabes quién se murió?"
Pienso que hay algo de enfermedad en la psiquis de mi amigo, pero él tendrá
sus razones. Ahora que ya no vive en Cuba, cada vez que paso por la página
2 y observo uno de esos mensajes, me imagino que Chinea está parado en
el umbral de mi puerta, anunciándome la muerte de un general, un miembro
del Movimiento 26 de Julio, alguien del Comité Central del Partido o un
espía, como el caso de Baguer. Sentado en el baño me he
dado cuenta de que hay algunas caras que salen con mucha frecuencia, especialmente
en la primera página. Tal parece que hay exceso de protagonismo, rayando
en el culto de la personalidad en algunos casos. Confieso que me da pena con ellos.
Pensándolo bien y desde mi óptica creo que aunque pudiera, no me
gustaría salir en ninguna página de un periódico cubano,
porque tarde o temprano sus hojas van a parar al baño en funciones higiénicas.
Una minoría de la población cubana disfruta del placer de utilizar
papel sanitario después de realizar una necesidad fisiológica de
primer orden. La mayoría, -dentro de ellos se encuentran los miembros de
mi núcleo familiar-, utilizamos el periódico como sustituto, a expensas
de contraer alguna enfermedad con el paso del tiempo, porque los productos que
se utilizan en las imprentas son compuestos químicos. No es agradable
utilizar el periódico en estos menesteres, porque además la tinta
mancha y si UD no le cree, estruje un periódico Granma y después
lávese las manos, para que compruebe la tintura negra que desprenden el
jabón y el agua escurriendo por sus dedos. Un periódico
cubano se reconoce a simple vista por su sencillez, poco número de hojas,
siempre los mismos colores y formatos y porque todos son del mismo tamaño.
Por su contenido, difícil que exista diferencias en una misma historia
aparecida en otro diario. Son copia fiel al papel carbón, siguen idéntica
senda con magistral exactitud. Lo que realmente sucede es que ningún
periodista oficial puede ofrecer su propia versión de lo que ocurre y si
se lo permiten, deberá hacer un gran esfuerzo para no contradecir a nadie
o mostrar la cara risueña del hecho ocurrido. Debe de ser difícil
escribir y trabajar bajo esas condiciones. Allí eres un autómata
que repites lo que orientan desde el Comité Central de Partido y si dejas
de ser autómata, terminas "siquitrillado", como les ha sucedido
a muchos jóvenes que llegan con ideas novedosas y propósitos, quienes
pagan de inmediato la novatada. Personalmente he tenido afición
especial por las noticias locales, pero las que quisiera que aparecieran, no las
publican. Es raro que aparezcan deficiencias o señalamientos críticos
a una empresa o entidad estatal y cuando las reconocen es porque se hicieron insostenibles,
sirven de escarmiento o persiguen algún objetivo definido. Hace
unos días fui a la Biblioteca José Martí de la ciudad con
el objetivo de buscar información en los periódicos sobre el dengue
hemorrágico. Sabía que las revistas Bohemia, el periódico
Hoy, la Revista Carteles y otras publicaciones de la década del 50 y los
primeros años de revolución, no se prestaban al público,
pero es alarmante conocer que los periódicos Granma y Vanguardia de 1980,
también están sometidos a la censura. Para poder consultar
uno de estos periódicos se debe presentar un documento que acredite que
está autorizado por el Departamento Ideológico del Partido para
realizar cierta investigación en la prensa cubana. Tal parece que lo que
se dijo y publicó ayer nada tiene que ver con lo que ocurre hoy o poco
importa. Recuerdo la época en que se censuraron en Cuba los documentos
que llegaban de China o más tarde, cuando la Perestroika, la revista Sputnik,
favorita de los cubanos por su similitud a la Selecciones, también fue
sacada de circulación. Impresiona que estamos montados en un cachumbambé
donde subes y bajas sin percatarte de que lo bueno y excelente de hoy puede ser
nocivo mañana. En los últimos días de cada mes el
cartero llama a mi puerta, anunciándome que ya está cobrando la
suscripción del próximo. Todos nos preocupamos en pagar, para no
perder el contrato, lo que significaría dejar de obtener la prensa diaria
al módico precio de 20 centavos, como alternativa necesaria del papel higiénico.
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