PRENSA INDEPENDIENTE
Febrero 18, 2005
 

ECONOMIA INFORMAL
Ana la quesera

Oscar Mario González, Grupo Decoro

LA HABANA, febrero (www.cubanet.org) - Cuando Ana llegó al parque y no vio al "buitre" sentado en el banco de siempre, la carne se le puso de gallina.

Eladio Miranda, apodado "el buitre", era un policía del reparto La Salle, en Marianao, famoso por abusar de cuanto vecino se atreviera a levantar un negocito por modesto que fuera. Su lema era bien claro: "Yo dejo vivir pero hay que 'tocarme' con algo. Sin cuadrar conmigo no se puede dar un paso en mi zona".

Ana Quevedo, por su parte, era una espirituana que con mucho esfuerzo transportaba 50 ó 70 libras de queso casero todas las semanas desde el centro del país, para venderlo a los "pizzeros" de la comarca habanera.

Representaba un esfuerzo titánico trasladar una carga tan pesada desde tan lejos, pero la necesidad obligaba. Además, el negocito reportaba buenos dividendos. El producto se repartía entre una mochila y un maletín de mano, de modo que el peso no recayera sobre un mismo lado del cuerpo.

Siempre llegaba con su carga el mismo día de la semana. Los jueves. Visitaba a los elaboradores de pizza o "pizzeros", y luego a algunos merolicos del reparto. Estos últimos la proveían de bisuterías. De tal modo, la mochila y el pequeño maletín regresaban repletos: juntas de ollas de presión, palillos de tendederas, jarros de aluminio, tintes para el cabello y otros tantos productos que luego vendería entre los pobladores del caserío en que vivía.

Todo iba bien y a pedir de boca, hasta aquella mañana en que un silbido y una ordenanza la pararon en seco.

"¿Qué llevas ahí?", preguntó "el buitre".

"Ropa para lavar".

"Mira, yo sé bien lo que tienes ahí. Si quieres seguir vendiendo queso tienes que darme cinco libras. Esa será mi parte cada vez que vengas a negociar".

Ana aceptó la condición impuesta por el policía y desde entonces, antes de despachar a la clientela, a las 6 de la mañana y siempre en el mismo banco del parque, encontraba al "buitre" esperando sus cinco libras de queso.

La mujer llegó a sentir un profundo desprecio por el policía, no sólo por el chantaje de que la hacía objeto, sino por el tono humillante, déspota e irreverente con que la trataba. Pocas cosas le ofenden tanto a una mujer decente como verse tratada cual puta callejera. Nunca le perdonaría al "buitre" aquella nalgada obscena seguida de una risotada. Entonces lo miró con odio inmenso, profundo, indescriptible; del que es capaz una mujer bien ofendida.

"Ah, no te pongas así. Ya tú estás vieja pa´mí. Yo tengo una titi que puede ser tu hija".

Aquella mañana, al no ver al "buitre" como de costumbre, por la mente le pasó una mala idea, y por el pecho una corazonada. Decidió llevarle su parte a una dirección que previamente habían acordado en caso de cualquier anormalidad.

Ana se adentró en lo profundo del pasillo del solar, y desde el interior de un pequeño cuarto escuchó: "Pase, siéntese, no tenga pena".

En la mesa de centro de la salita había un portarretrato con la foto del "buitre", iluminada por la luz de una vela agonizante. Una mujer joven, frágil y ojerosa salió de la minúscula cocina. Tras identificarse con la visitante, la pálida mujer habló entre sollozos: "Ayer amaneció muerto. Como si fuera un puerco lo tiraron en la loma de basura de diez días sin recoger. Allí, entre las cucarachas y la mierda. Con seis puñaladas. Fueron tan desgraciados que quisieron estar seguros. Él no era malo. Pedía lo suyo, pero dejaba vivir. Los de arriban cogen lo suyo y no dan na', y no les dan puñaladas, y los aplauden en las asambleas. Fue el único hombre bueno que tuve en mi vida. Siempre me dio de todo para que no tuviera que andar puteando; y yo pude, como me gusta, dedicarme a él, a un solo hombre. Siempre le mandó de todo a su mujer y sus hijos, que viven en Manatí. Ahora no sé qué hacer".

Ana no pudo evitar una lágrima. El sol andaba a final de camino por el cielo. La mujer espirituana andaba también al final de un día tenso y agotador. Salió del pasillo no sin antes voltearse para devolver el saludo de despedida a la joven mujer del policía.


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