PRENSA INDEPENDIENTE
Febrero 17, 2005
 

SOCIEDAD
El que tiene, puede (I)

José Moreno Cruz, Cubanacán Press

SANTA CLARA, febrero (www.cubanet.org) - Mucho se ha hablado de la profunda ruptura que se ha producido en la sociedad cubana a raíz de la despenalización del dólar y la introducción en la isla de empresas mixtas, el desarrollo de la mentalidad de la economía de mercado y el trabajo por cuenta propia.

Fueron medidas tomadas con premura que, aunque agrietantes del modelo societal, salvaron al proceso totalitario ante el derrumbe del campo socialista y el déficit de subsidios que llegaban fundamentalmente de la extinta URSS.

No obstante, siempre el cubano se las ha arreglado para violar los preceptos de la igualdad. Recuerdo en este minuto las redadas contra los llamados macetas, las ilegalidades, el enriquecimiento ilícito y muchas otras conductas que intentaron siempre disparar la homogeneidad de la vida del cubano. Casas, autos y otros artículos confiscados, procesos fiscales, prisiones, actas de advertencia y un sinnúmero de deidades oficialistas, pretendieron siempre emparejar la balanza entre los más pobres y los entes económicos, portadores de una mentalidad nueva, actuando en una sociedad cerrada.

Hoy en día la balanza se ha descompensado. Junto con el dólar se ha ido desarrollando una pequeña burguesía con base social fuerte, que disfruta de los privilegios de la civilización. Jóvenes de ambos sexos asociados al negocio y trata del cuerpo humano pululan en los centros más codiciados del país, usan varias prendas de oro en los dedos y el cuello, y disfrutan de autos modernos o vacaciones en centros turísticos dolarizados. Otros cercanos a la nomenclatura del país, descendientes de ellos, siempre han tenido los mayores privilegios, incluidos viajar, estudiar o residir en cualquier rincón del planeta.

Familias que reciben remesas desde el extranjero gozan de no pocas prerrogativas, al igual que los gerentes de las cadenas dolarizadas, gastronómicos o personal que trabaje en contacto directo con los turistas.

Conozco a una persona que es un simple chofer de un miniván que alardea con el rollo de dólares y chavitos que siempre tiene en el bolsillo, de adquirir bebidas británicas, perfumes franceses, los mejores calzados italianos, ropas Cristian Dior o Levis Strauss, así como todo tipo de confituras para los chicos del hogar, equipos electrodomésticos, computadora y miles de comodidades más, que hacen de su hogar un paraíso con las bondades de la modernidad.

Pero mientras esto ocurre con la minoría, del otro lado de la descompensada balanza se encuentran más de diez millones de cubanos aferrados a la "canasta básica", el pan diario y a la cultura de la subsistencia, ejecutores de toda una serie de acciones de la economía informal para poder subsistir en una sociedad salvaje y hostil.

Para ellos no existe nada más importante que el hoy. Mañana veremos qué se rapiña en el intento de llenar los estómagos del hogar y dormir con calor. Conozco ancianos que pululan por doquier pidiendo limosnas. Piden de todo y a todos. Algunos se conforman con una peseta, otros con un peso macho o un trozo de pan. Se ven en el parque central, en los lugares más concurridos, especialmente donde se expenden alimentos. Allí recogen los desperdicios y de inmediato se los tragan, temiendo que alguien se los pueda quitar.

Son azorados constantemente por los empleados, porque con sus olores desagradables y ropas sucias, ahuyentan a los clientes y la lógica ganancia. Algunos se plantan y ni la policía se atreve a moverlos, ante las quejas de los trabajadores, aunque si se los llevan presos hoy, mañana estarán de regreso.

En Cuba ya no se utiliza la limpieza de zapatos para subsistir, porque ahora se pide o se roba. No obstante, he notado que personas de la tercera edad limpian las mesas de Los Rápidos y otros centros gastronómicos para que les permitan recoger las botellas y latas vacías, así como otros envases de helados, platos, cucharas y hasta los vasos desechables. Otros se dedican a parquear y cuidar los autos de los turistas. Llevan en sus manos un balde de agua con unos trapos para limpiar los autos. Uno de ellos me dijo un día que además de los regalos que recibe, en temporada alta a veces se va a dormir con más de 10 dólares en sus bolsillos. "Pensándolo bien", sentenció un médico de larga trayectoria en la salud, "vale la pena dejar el hospital para dedicarse a limpiar los turitaxis de los extranjeros". Pero lo que este hombre no sabe es que ese mundo tiene inflada la plantilla, por lo que muchos tienen que batirse de tú a tú para ganar espacio.

Son miles de miles los jóvenes que languidecen sus vidas en las prisiones cubanas por cometer delitos como robo, hurto, sacrificio de ganado mayor, recepción de mercancías y otras acciones punitivas en el Código Penal, como consecuencia de un sistema social hermético, donde todo lo controla y lo determina el estado, incluidos los alimentos que las personas se llevan a la boca.

El que tiene, puede (II y final)


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