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SOCIEDAD
El que tiene, puede (I)
José Moreno Cruz, Cubanacán
Press
SANTA CLARA, febrero (www.cubanet.org) - Mucho
se ha hablado de la profunda ruptura que se ha
producido en la sociedad cubana a raíz
de la despenalización del dólar
y la introducción en la isla de empresas
mixtas, el desarrollo de la mentalidad de la economía
de mercado y el trabajo por cuenta propia.
Fueron medidas tomadas con premura que, aunque
agrietantes del modelo societal, salvaron al proceso
totalitario ante el derrumbe del campo socialista
y el déficit de subsidios que llegaban
fundamentalmente de la extinta URSS.
No obstante, siempre el cubano se las ha arreglado
para violar los preceptos de la igualdad. Recuerdo
en este minuto las redadas contra los llamados
macetas, las ilegalidades, el enriquecimiento
ilícito y muchas otras conductas que intentaron
siempre disparar la homogeneidad de la vida del
cubano. Casas, autos y otros artículos
confiscados, procesos fiscales, prisiones, actas
de advertencia y un sinnúmero de deidades
oficialistas, pretendieron siempre emparejar la
balanza entre los más pobres y los entes
económicos, portadores de una mentalidad
nueva, actuando en una sociedad cerrada.
Hoy en día la balanza se ha descompensado.
Junto con el dólar se ha ido desarrollando
una pequeña burguesía con base social
fuerte, que disfruta de los privilegios de la
civilización. Jóvenes de ambos sexos
asociados al negocio y trata del cuerpo humano
pululan en los centros más codiciados del
país, usan varias prendas de oro en los
dedos y el cuello, y disfrutan de autos modernos
o vacaciones en centros turísticos dolarizados.
Otros cercanos a la nomenclatura del país,
descendientes de ellos, siempre han tenido los
mayores privilegios, incluidos viajar, estudiar
o residir en cualquier rincón del planeta.
Familias que reciben remesas desde el extranjero
gozan de no pocas prerrogativas, al igual que
los gerentes de las cadenas dolarizadas, gastronómicos
o personal que trabaje en contacto directo con
los turistas.
Conozco a una persona que es un simple chofer
de un miniván que alardea con el rollo
de dólares y chavitos que siempre tiene
en el bolsillo, de adquirir bebidas británicas,
perfumes franceses, los mejores calzados italianos,
ropas Cristian Dior o Levis Strauss, así
como todo tipo de confituras para los chicos del
hogar, equipos electrodomésticos, computadora
y miles de comodidades más, que hacen de
su hogar un paraíso con las bondades de
la modernidad.
Pero mientras esto ocurre con la minoría,
del otro lado de la descompensada balanza se encuentran
más de diez millones de cubanos aferrados
a la "canasta básica", el pan
diario y a la cultura de la subsistencia, ejecutores
de toda una serie de acciones de la economía
informal para poder subsistir en una sociedad
salvaje y hostil.
Para ellos no existe nada más importante
que el hoy. Mañana veremos qué se
rapiña en el intento de llenar los estómagos
del hogar y dormir con calor. Conozco ancianos
que pululan por doquier pidiendo limosnas. Piden
de todo y a todos. Algunos se conforman con una
peseta, otros con un peso macho o un trozo de
pan. Se ven en el parque central, en los lugares
más concurridos, especialmente donde se
expenden alimentos. Allí recogen los desperdicios
y de inmediato se los tragan, temiendo que alguien
se los pueda quitar.
Son azorados constantemente por los empleados,
porque con sus olores desagradables y ropas sucias,
ahuyentan a los clientes y la lógica ganancia.
Algunos se plantan y ni la policía se atreve
a moverlos, ante las quejas de los trabajadores,
aunque si se los llevan presos hoy, mañana
estarán de regreso.
En Cuba ya no se utiliza la limpieza de zapatos
para subsistir, porque ahora se pide o se roba.
No obstante, he notado que personas de la tercera
edad limpian las mesas de Los Rápidos y
otros centros gastronómicos para que les
permitan recoger las botellas y latas vacías,
así como otros envases de helados, platos,
cucharas y hasta los vasos desechables. Otros
se dedican a parquear y cuidar los autos de los
turistas. Llevan en sus manos un balde de agua
con unos trapos para limpiar los autos. Uno de
ellos me dijo un día que además
de los regalos que recibe, en temporada alta a
veces se va a dormir con más de 10 dólares
en sus bolsillos. "Pensándolo bien",
sentenció un médico de larga trayectoria
en la salud, "vale la pena dejar el hospital
para dedicarse a limpiar los turitaxis de los
extranjeros". Pero lo que este hombre no
sabe es que ese mundo tiene inflada la plantilla,
por lo que muchos tienen que batirse de tú
a tú para ganar espacio.
Son miles de miles los jóvenes que languidecen
sus vidas en las prisiones cubanas por cometer
delitos como robo, hurto, sacrificio de ganado
mayor, recepción de mercancías y
otras acciones punitivas en el Código Penal,
como consecuencia de un sistema social hermético,
donde todo lo controla y lo determina el estado,
incluidos los alimentos que las personas se llevan
a la boca.
El
que tiene, puede (II y final)
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