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HISTORIA
La otra existencia de Quintín
Lucas Garve, Fundación por la Libertad
de Expresión
LA HABANA, febrero (www.cubanet.org) - El 8 de
enero por la mañana asistí a una
ceremonia en memoria del General Quintín
Banderas ante el panteón que guarda sus
restos en el Cementerio de Colón. Flores,
humo de tabaco, aguardiente, pedazos de coco y
cantos rendían justicia a los restos del
legendario guerrero mambí de ascendencia
mandinga.
A 98 años del asesinato del General Quintín
Banderas (23 de agosto de1906), combatiente de
las tres guerras de Independencia, acabo de leer
de un tirón la biografía novelada
del héroe, "La muerte es principio,
no fin", escrito a dos manos por Natalia
Bolívar Aróstegui (La Habana, 1934)
y Natalia del Río Bolívar, su hija.
En la presentación del libro, el escritor
e historiador Abelardo Padrón Valdés
afirma que las autoras consultaron 109 títulos,
realizaron 18 entrevistas y utilizaron 19 notas
al margen para levantar el andamiaje histórico
que sostiene el relato en primera persona de la
vida del General Banderas.
Los hechos históricos cronológicamente
expuestos sirven de hito para ordenar el recuento
de vida que el héroe asesinado "conversa".
Pero a la abundancia de hechos y sitios históricos,
guerreros citados, batallas descritas, se unen
como un fondo mágico las creencias del
descendiente de los africanos mandingas, la fauna
y la flora.
Las autoras aseguran la riqueza textual gracias
a una enriquecedora conjunción de elementos
históricos, mágicos, geográficos,
botánicos, zoológicos, religiosos,
hasta olvidadas recetas de cocina. Desplegados
todos a través de la conversación
sin tiempo que el asesinado General desarrolla
a medida que avanza la Lechuza, el carretón
que conduce sus restos al cementerio, acompañado
por los espíritus de decenas de mambisas
y mambises. El personaje de Quintín Banderas
se destaca en medio de una amalgama de cuerpos
y elementos que asemejan los cuadros de inspiración
telúrica de Lam.
También la historia del General Banderas
es juicio a la traición a él y a
la República; condena al racismo y a las
élites militares que surgieron de las guerras
de independencia y lastraron la República.
La recuperación de su historia, olvidada
con toda intención, es la justicia del
presente a uno de los episodios más degradantes
del pasado histórico cubano.
El lector asiste al rescate de una buena porción
de "una historia profunda y olvidada".
Profunda, porque se sumerge en la psiquis de quienes
hicieron esa historia imbricados en un contexto
complejo por múltiples factores. Olvidada,
a fuerza de haber sido silenciada, preterida,
normalizada.
La lectura de "La muerte es principio, no
fin. Quintín Banderas", de Natalia
Bolívar Aróstegui y Natalia del
Río Bolívar, garantiza un recorrido
por las raíces culturales perdurables del
sincretismo insular.
Para alcanzar este fin, sirve la peripecia existencial
de un descendiente de esclavos que llegó
a ostentar un alto grado militar ganado a puro
machete paraguayo. Al mismo tiempo que develan
las deformaciones sociales que aquejaron a los
cubanos, como por ejemplo, el racismo latente.
Ahora, el General Quintín Banderas vive
otra vida. Otra existencia contenida en las más
de 250 páginas de este libro editado por
Mercie Ediciones, S.A.
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