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DESDE
LA CARCEL
Mi celda
Víctor Rolando Arroyo, condenado a
26 años, que cumple en Guantánamo,
a mil kilómetros de su hogar
PRISIÓN PROVINCIAL DE GUANTANAMO, febrero
- Vivo en una celda tapiada. Es un rectángulo
de 3.30 de ancho por 10.4 metros de largo, dividida
en dos áreas. En una, el dormitorio con
un largo de 7.7 y un área total de 25.4
metros cuadrados. En él se ubican dos filas
de literas de tres pisos cada litera donde duermen
18 personas. Las literas tienen una superficie
de 1.95 metros por 0.70 centímetros. Las
literas ocupan un área de 8.2 metros cuadrados,
dejando libre un pasillo central entre ambas filas
de literas con un área de 17.2 metros cuadrados,
que permite a cada recluso disponer en teoría
de 0.90 centímetros cuadrados de área
de estar cuando no se encuentra en su camastro.
Las literas son muebles metálicos con
bastidores de tablones o armazones de madera,
donde proliferan cucarachas que supuestamente
se toleran, pues ellas evitan que se reproduzcan
las chinches, pulgas y otras plagas.
Los colchones, que no todos poseen, pueden ser
de espuma, guata o simplemente un saco de nylon
con pedazos de esponjas marinas o fibra o vegetal.
No existen taquillas o armarios donde acomodar
las pertenencias ni los utensilios para la alimentación,
los cuales se colocan directamente en el piso
dentro de bolsas, sacos o maletines, quien los
tenga.
El techo y las paredes están pintadas
de cal, lo que ha ocasionado reiteradas erupciones
en la piel de algunos reclusos. El piso es de
cemento. Por lo general está deteriorado
y es frecuente encontrar debajo de las literas
orificios que fueron utilizados como escondrijos
de objetos punzantes, y que con el tiempo se han
convertido en cuevas de ratas y ratones.
La iluminación es deficiente, y son los
propios reclusos los que aportan los pocos bombillos
que hay, ya que la dirección del penal
dice carecer de ellos.
Algo similar ocurre con los medios de limpieza,
a lo cual se le da la misma justificación.
Cada recluso recibe para aseo personal dos pastillas
de jabón al mes y 120 gramos (un tubo pequeño)
de pasta dental para dos meses. La entrega del
aseo es inestable y el producto es de pésima
calidad. En el invierno se entregan una colcha
y una enguatada, -se dice que son donaciones de
otros países- las que son recogidas al
iniciarse el verano.
Puede darse el caso que en el cubículo
se ubique a más de 18 reclusos, que dormirán
en el piso. No existen ni sillas ni bancos justificando
que se emplean en las riñas.
En otra área, el baño es un rectángulo
de 2.70 por 3.30 metros, con una superficie de
9 metros cuadrados; en él hay una letrina,
una batea de cemento y un área de aseo.
No tiene puertas ni cortinas, ni existen grifos
de agua. El agua la ponen esporádicamente
para ser almacenada en tanques, cubos, latas,
etc. Contra todos los pronósticos, el agua
del penal de Guantánamo sí tiene
olor, color y sabor, pero ninguna de esas cualidades
son agradables.
Se lava y se tiende dentro del cubículo
para evitar los robos. La ventilación es
por unos orificios en los extremos superiores
del rectángulo y por donde entra también
la lluvia, el polvo, el hollín, las moscas
y los mosquitos.
No existen juegos de entretenimiento, salvo los
traídos por los familiares a sus presos.
Ni hay programa para la lectura. El televisor
lo encienden a partir de las 6 de la tarde. Hay
sólo dos equipos para más de 200
reclusos. El edificio tiene cuatro pisos.
Para ver la televisión cada cual se sienta
como puede, en cubetas de envasar líquidos,
en los cubos. Con tales condiciones es fácil
dudar de ese cacareado trato que el régimen
cubano dice dar a la población penal del
país, cuando acusa a otros países
de encerrar en jaulas a sus presos. ¿Entonces,
dónde estoy encerrado yo?
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