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AGRICULTURA
Se acabó lo que se daba
Alejandro Tur Valladares, Cubanacán
Press
CIENFUEGOS, 5 de febrero (www.cubanet.org) -
Allá por los años 80, cuando en
Cuba se puso de moda la política de "Rectificación
de Errores", promovida por el gobierno cubano
para rectificar supuestos desaciertos cometidos
en la construcción de la Sociedad Comunista,
el estado totalitario implementó disímiles
medidas, entre las que se encontró la suspensión
definitiva -según se dijo en su momento-
del Mercado Libre Campesino.
Este mercado estaba conformado por infinidad
de establecimientos a lo largo y ancho de la isla,
donde campesinos independientes y pequeños
agricultores asociados a cooperativas estatales
podían comercializar sus productos, con
la aprobación de las autoridades. Hacer
cualquier gestión de venta fuera del radio
de control de estos mercados, era considerado
ilícito y si el vendedor era sorprendido
en estos lances, se le sancionaba, teniendo que
abonar cuantiosas multas y sufrir el decomiso
de toda la mercancía.
La excusa que utilizó el régimen
para decapitarlo fue la aparición del llamado
intermediario. Este agente económico hace
trato directo con el campesino, comprando su mercancía
al por mayor, que vende luego a precios superiores.
La administración cubana, que todo lo
controla, vio con gran preocupación el
surgimiento de un nuevo ente económico
independiente, capaz de amasar riquezas y con
capacidad para emplear a otras personas y suplantar
como empleador -al menos en pequeña escala-
al Estado. La cúpula de poder, que nunca
ha tolerado la competencia, conoce que tras las
libertades económicas, aparecen las políticas,
por lo que extirpó el tumor antes de que
se hiciera metástasis.
El nombre del Mercado Libre Campesino desapareció
de los medios de comunicación del país
por muchos años, por lo que no pocos se
sorprendieron cuando en la década el 90
las autoridades giraron sobre sus talones y desenfadadamente
anunciaron el restablecimiento de esta actividad
comercial, por considerarla apropiada en el objetivo
de intentar paliar la escasez de alimentos, específicamente
los productos agrícolas. Fue así
que bajo promesas tentadoras y una atmósfera
de expectación los campesinos, aún
no escarmentados, volvieron sin reconocer la trampa.
Ahora el pasado 22 de enero, se hizo efectiva
una resolución emitida hace más
de un año por los Ministerios de la Agricultura
y de Comercio Interior, que afecta entre otros
a agricultores asociados a Cooperativas Estatales
de Crédito y de Servicios e intermediarios,
pero por sobre todo a la población, quien
ha acogido con reservas y temores estas medidas,
pues opinan que la misma acarreará el desabastecimiento.
A diferencia de los mercados estatales, donde
se venden los productos a precios fijos, en los
Mercados Libres Campesinos los precios fluctúan
según la ley de la oferta y la demanda,
lo que deja mayores dividendos a quienes laboran
en él, si se toma en cuenta que en nuestro
país por más de 46 años la
balanza de la oferta y demanda siempre ha favorecido
a esta última. Por ello, los campesinos
prefieren como destino de sus mercancías
al mercado libre y no al estatal.
Los Mercados Estatales de Productos Agropecuarios
surgen en correspondencia con una supuesta reactivación
de la esfera agrícola del país -al
menos eso dijeron los medios de información,
que en su totalidad están controlados por
el estado-, y fueron concebidos como alternativa
del mercado campesino y el mercado informal o
negro. En estos mercados los ciudadanos podrían
palpar una oferta rica en variedad y bajos precios.
Sin embargo, lo que ha acontecido es que aquella
iniciativa que surgió como proyecto loable
ha ido degenerando poco a poco y en el presente,
cuando se visita el Mercado Estatal, se encuentra
gran escasez y poca diversidad de productos, hecho
que incidió para que se hiciera efectiva
la menciona Resolución Ministerial.
Ella establece que los campesinos asociados a
cooperativas solamente podrán vender sus
productos en los Mercados Estatales, y limita
las ventas de éstos al tipo de producto
que cosechen; de esta manera, si siembran frijoles,
no pueden vender maíz.
Además de ello, la resolución impone
nuevas regulaciones a la hora de alquilar un área
de venta en los mercados libres, permitiendo sólo
acceso al pequeño agricultor, lo que de
plano elimina al intermediario, tolerado hasta
la fecha. Este hecho obliga al agricultor a vender
personalmente lo que siembra, práctica
que los campesinos consideran inapropiada, puesto
que si venden no pueden sembrar.
La legislación fue aplicada de manera
abrupta, sin que se tomaran medidas paliatorias
que contribuyeran en el proceso de reacomodo de
las nuevas normas. Como resultado, los mercados
libres que existen en el municipio de Cienfuegos
se han visto seriamente afectados.
Nada, como dijera mi vecino Pedro: ¡Se
acabó lo que se daba!
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