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Ex agente "Lianne" de la Seguridad Del Estado denuncia
infiltración entre clérigos cubanosa
La
Nueva Cuba, enero 30, 2005. "Me llamo
Raquel Natividad Norbert Téllez t terminé la carrera de Licenciatura
en Lengua y Literatura Hispánicas en el año 1978, en La Universidad
da La Habana. Comencé a trabajar en La Casa Municipal de Cultura de Arroyo
Arenas, La Lisa, como Asesora Literaria en el año 1980 y allí trabajé
durante 13 años. En el mes de junio de 1983, una amiga me comentó
que un Oficial de la Seguridad del Estado, buscaba a una chica educada, culta,
simpática y discreta --militante de la Unión de Jóvenes Comunistas
(UJC)-- para realizar un trabajo de mucho interés para la revolución
cubana. Ella me había recomendado a mí.. Me presentó
a su amigo Jonathan, alias --Wilfredo--. Este me explicó que se trataba
de una tarea que ni ella ni nadie podía conocer, que era absolutamente
secreta. Me pidió que le entregara una autobiografía, que firmara
un Juramento de Silencio y que me buscara un alias. Me puse --Lianne--. Utilizaría
este nombre para llamarle a su teléfono: 32-2337 y para firmar los informes
que se me solicitarían cuando comenzara mi trabajo. El mismo consistía
en hacerme amiga de un ciudadano cubano, empleado de la Embajada de Venezuela
en Cuba llamado Julio Gómez Hernández. La Seguridad necesitaba conocer
su posición política y cuál era su visión sobre La
Revolución. Su conducta y aspiraciones resultaban de mucho interés.
Todo ello tenía que ser informado por mí, de lograrse el objetivo
trazado. La fecha señalada para conocerle fue el 26 de Julio, fecha
de gran significado patriótico, que iba en correspondencia -- según,
Wilfredo--, con el trabajo que se me había asignado. Me esperaría
en el Hotel Habana Libre a las 8 de la tarde. Yo debía ir vestida modernamente,
por lo cual, días antes de la cita, me entregó un Jeans, una blusa,
un par de sandalias altas y artículos de aseo personal. Fui puntual
y allí se encontraba el Oficial esperándome. Después de realizar
una llamada telefónica me dijo que Julio (blanco, alto, apuesto), vestido
con pantalón oscuro y guayabera beige, se encontraba sentado en la barra
del Bar del Hotel Colina, a dos manzanas exactas de donde nos encontrábamos.
Me sugirió que utilizara mis armas de mujer para llamar su atención
y me deseó éxito. Hacia allí encaminé mis pasos llena
de incertidumbre y con los nervios a flor de piel. Lo identifiqué
enseguida, me senté cerca de donde estaba y pedí un Mojito. Después
me dirigí a él, pidiéndole que me prestara su mechero, cosa
que hizo con suma amabilidad. Iniciamos una amena conversación y nos trasladamos
para una mesa. Me invitó a cenar en el restaurante del hotel. En
la medida que la noche avanzaba, me cautivaba más aquel --objetivo-- de
la Seguridad, que podía ser hasta un agente de la CIA, como me había
dicho --Wilfredo--. En mi mente surgía, con una certeza que nunca más
he vuelto a tener, el pensamiento de que aquel hombre era el hombre que yo había
buscado durante toda mi vida. Hubo un momento en que nos quedamos mirándonos
fija y largamente... fue entonces cuando me dijo: "Hace mucho tiempo que
te buscaba". A partir de ese preciso momento, desde ese mismo instante, no
sólo surgió una amistad, sino también, una HISTORIA DE AMOR
colmada de dicha, ternura, complicidad, alegría, felicidad, preocupación,
pecado, arrepentimiento, silencio, sufrimiento, tristeza, fidelidad, promesa,
miedo. Al siguiente día, --Lianne-- redactó su primer informe...
pero Raquel Norbert sentía una profunda preocupación. "Lianne"
no había informado a pie juntillas, textualmente --como era de esperar
de una revolucionaria militante--, todo lo que Julio había conversado con
ella. Y esa fue la tónica de todos los informes que redactó. Tenía
muy presente matizar inteligentemente, para no llamar la atención de los
Oficiales, cuanto Julio expresaba. Jamás contar nada que pudiera perjudicar
a quien se iba convirtiendo en una de las personas más importantes de su
vida. Transcurrieron unos cinco meses de amorincrescendo, de dudas y de
incertidumbre. Observaba a Julio con sumo interés en todos los aspectos
y algunas cosas llamaron mi atención... un día le dije que yo no
creía la historia que me contaba de su trabajo en la Embajada de Venezuela;
que por sus gestos, expresiones religiosas y cuidados que tomaba para que no nos
vieran abrazados, ni expresándonos nuestro amor en lugares públicos,
pensaba que era un Cura. De lo contrario, era un hombre casado. Le exigí
que me dijera la verdad. Me confesó que era sacerdote. De --Wilfredo--,
pasó a atenderme el Oficial "Marcos" (teléfono 29-1634),
y más tarde el Oficial "Fermín" (teléfono 3-7691),
ya fallecido. A este Oficial le comuniqué todas las preocupaciones que
tenía en cuanto a Julio. Le pedí que se me hablara claro, ya que
no creía en lo que se me había dicho inicialmente y que sospechaba
que estaba saliendo con un cura (nunca le dije que ya Julio me lo había
confirmado). Me dijo que trasladaría mi petición a la Jefatura y
que me daría respuesta. Y mientras esperaba por ella, Julio aprovechó
para darme, silenciosamente, un indicio de vínculo con los Oficiales que
me habían atendido. Sólo me dijo al oído las siguientes letras:
"W", "M" y "F". Recordé, entonces, que un
día le había visto unos moretones en un hombro y que al preguntarle
por la causa, me dijo que había estado de cacería. Se me unió
el cielo con la tierra y lloré desconsoladamente. Cuando fui citada
para darme la respuesta prometida, no me resultó demasiado sorpresivo lo
que allí me comunicaron. El lugar de reunión fue en un edificio
de la calle 0 del Vedado, (Edificio Someillán), muy cerca del Hotel Nacional,
en el piso de una señora que le decían "La China". Me
llevó en su coche "Fermín" y allí se encontraban
"Wilfredo" (debo decir que este hombre tenía un hermano Pastor),
y dos Oficiales más que yo no conocía. Si no recuerdo mal uno se
nombraba "Hiram" y el otro, de más alto rango, "Máximo".
La China nos abrió la puerta y desapareció. Al cabo de unos
15 minutos llegó Julio. Entonces, el tal "Máximo" me dijo:
"Te presento al Padre Manuel Antonio de Jesús Ortega Hernández
y al, también, Teniente "Ramiro" del Departamento de la Seguridad
del Estado. Y fueron muchas las palabras elogiosas hacia el compañero "Ramiro",
hacia la Revolución y hacia mi persona. Me felicitó por mi inteligencia
al darme cuenta de cuál era le verdadera profesión de Julio y por
haber cumplido con el trabajo que se me había asignado, instándome
a llorar de emoción y orgullo revolucionario, pero yo ya había llorado
desconsoladamente y no por orgullo precisamente. También "Máximo"
me comunicó que, como ya conocía toda la verdad, yo pasaba a ser
P.C. (Persona de Confianza) de la Revolución Cubana. Debía tener
presente que había firmado un Juramento de Silencio y que si no cumplía
con él, se consideraba Traición a la Patria, ya que el tema era
considerado un Secreto de Estado. Estaba seguro de que, si era descubierto, Cuba
se vería envuelta en un escándalo internacional, donde intervendría
directamente el Vaticano. Ya no tendría que redactar más informes.
Sí seguiría identificándome como "Lianne", si llamaba,
por alguna cuestión importante, al Oficial que me estuviera atendiendo
ya como la mujer de "Ramiro". Nos fuimos de aquel lugar Julio,
es decir, Manuel Ortega, alias "Ramiro" y yo juntos, rumbo a las playas
del Este de La Habana, buscando hablar al aire libre. Desde aquel momento se nos
acrecentó el miedo de hablar en lugares cerrados por el temor de que se
nos estuviera grabando. Digo acrecentó, porque instintivamente siempre
habíamos tenido ese temor. Nos hicimos más cómplices, nuestro
Amor se hizo más inmenso y también el miedo de que trataran de separarnos.
Sabíamos que nuestra aspiración de unión nunca sería
aceptada porque significaba el fin del trabajo que la Seguridad le había
encomendado a él. Teníamos claro que, pese a su sincera y
ferviente fe religiosa, el sacerdote Manolo podía "colgar los hábitos".
Pero al Teniente "Ramiro", quien recibía entrenamiento militar
en Barbosa, cerca de La Playa Santa María del Mar (por eso sus moretones
en un hombro), no se le permitiría jamás que renunciara por ninguna
causa --menos por amor-- , a su condición de agente de la Seguridad del
Estado. Y días más tarde, pudimos comprobar que estábamos
en lo cierto... Nos reunimos con "Máximo", en un plano
mucho más familiar, en una casa del Casino Deportivo. Allí me enteré
que su verdadero nombre era Miguel Sautié. Estuvo hablando a solas con
nosotros. Nos dijo que nuestra relación de amor tenía que ser muy
bien llevada, que teníamos que mantener una discreción absoluta,
debido a que Manolo era un sacerdote "episcopable", por lo que la Seguridad
aspiraba a que llegara a ser Obispo, Cardenal y hasta Papa. Que nunca se nos perdonaría
si ese trabajo se echaba a perder por causa de nuestra relación, o por
cualquier otra causa. Lo primero para un revolucionario tenía que ser la
Revolución. Seguimos el transcurso de nuestras vidas y nuestro inmenso
amor, lo más prudentemente posible (más por parte mía que
por parte de Manolo), pues sus escrúpulos de conciencia se iban haciendo
mayores y, por tanto, su rechazo hacia aquel trabajo. Cada día nos amábamos
más y él confiaba más en mí. Creo que influyó
en esto, el hecho de haber podido leer, en sus reuniones como Agente (en una casa
situada en Altahabana), los informes que entregaba "Lianne". Se había
dado cuenta de que en ellos nunca aparecían los comentarios que me hacía
sobre cosas que podían ser comprometedoras y perjudiciales para él.
Lo tomó como una prueba de amor y fidelidad de parte mía. Así
me contó toda su historia, la que trataré de resumir aquí
en pocos renglones: Procedía de la provincia de Las Villas, exactamente
de la calle Conyedo, 60 entre Luis Estévez y Maceo, Santa Clara. Hijo de
padre español y madre cubana profundamente religiosa. Su núcleo
familiar era muy pequeño: un solo hermano, casado, con dos hijos, su abuela
y su tía (maternas), casada ésta última, nadie más. Entró
al Seminario para hacer la carrera Eclesiástica desde muy pequeño.
Fue alumno brillante y ejemplar. Como muchos seminaristas, experimentó
las crisis de índole vocacional, características de este tipo de
estudiante. Abandonó el Seminario en dos ocasiones por diferentes causas,
una de ellas, su vocación por la carrera de Medicina, la otra, sus dudas
ante el Celibato. Era un jovencito de ideas progresistas, de alma noble
y solidaria y una personalidad sumamente dinámica, entusiasta y alegre.
Asistía con sus compañeros a los cortes de caña programados
por el Seminario. Allí fue donde conoció a Miguel Sautié
y éste, percatándose de las cualidades que adornaban a aquel adolescente,
le siguió los pasos, se ganó su confianza y se hizo su amigo y protector. Asistió
al Encuentro Cristianos por el Socialismo, realizado en Chile en el mes de abril
de 1972. A su regreso ya tenía programadas reuniones con su "padrino"
Miguel Sautíé y Felipe Carneado, Jefe de la Oficina de Asuntos Religiosos
del Comité Central, teléfono 79-6511, pero no sospechaba aún
que era "objetivo" de la Seguridad del Estado. En una de las ocasiones
en que Manolo dejó el Seminario, Miguel Sautié le ayudó a
entrar en la Facultad Obrero Campesina "Julio Antonio Mella", situada
en la Calle L, entre 23 y 25, en el Vedado, ya que los estudios realizados en
el Seminario no le servían para entrar en la Facultad de Medicina de la
Universidad de La Habana. Estudiaba en dicha Facultad por las noches y trabajaba
por el día en el Policlínico de Coco y Rabí, en la barriada
de Lawton. Miguel Sautié le resolvió ese trabajo para que estuviera
vinculado al Ministerio de Salud Pública, condición que le daría
el derecho de hacer la carrera deseada sin cuestionamiento alguno. También
tendría la ayuda del entonces Decano de la Facultad de Medicina, un tal
Vila, conocido o amigo suyo. Eso le decía... Los padres de Manolo
veían a Sautié como el hombre que quería y cuidaba de su
hijo por las excelentes cualidades humanas e intelectuales que poseía.
Lo veían como el Padrino que velaba por el bienestar y el futuro de Manolito.
Viviendo
en la Iglesia de la Caridad, muy unido al Padre Benigno, hizo amistad con unas
ancianitas que vivían en: Calle 39 #4212 entre 42 y 44, Marianao. Para
allí se trasladó a vivir y las ancianas le hicieron un testamento,
dejándole el apartamento. Pasó el tiempo y la ayuda de Miguel
para que Manolo comenzara sus estudios de Medicina nunca se materializó.
Así retorna nuevamente aquel joven soñador a su Seminario. Con la
alegría que produce el regreso de un hijo querido a su hogar, fue recibido
por sus maestros, compañeros y amigos del Seminario de San Carlos. Miguel
le animó para que siguiera su carrera Eclesiástica. Y seguramente
fue un día feliz para él. Manolo retomaba el rumbo adecuado a sus
intereses. Dada la certeza y cercanía de la Ordenación de Sacerdote
de su "querido" Manolito, podría darle a conocer el verdadero
objetivo que lo había motivado a prodigarle tanto cariño, desvelo
y promesas durante no pocos años. Estaba por terminar una larga y paciente
labor que le reportaría muchos méritos en su trabajo. Cuando
ya era inminente la Ordenación, citó a Manolo para hablar sobre
un asunto muy serio. Comenzó diciéndole que Curas con las condiciones
de él no había. Se refería a la inclinación de Manolito
hacia la izquierda, por su participación en el ya mencionado Evento realizado
en Chile. Elogió su inteligencia, su vocación, su gran amor hacia
sus padres y sus aspiraciones de tenerlos bien, de traerlos para La Habana, y
un largo etcétera. Le prometió darle una casa en el Casino
Deportivo bajo la fachada de una permuta de dos por una: la casa paterna de Santa
Clara y la que le habían dejado las ancianitas, para que trajera a toda
su familia. Se incluía ayuda discreta en la reubicación laboral
de su hermano y cuñada. También se le asignaría un salario
de 650.00 pesos y 600 litros de gasolina mensuales para sus desplazamientos. Le
dijo que, como lo del celibato era uno de los aspectos que más le habían
hecho dudar al tomar la decisión de hacerse Sacerdote, tendría las
mujeres que deseara (presentadas por él), con habitaciones en hoteles,
en casas del Reparto Hatabey, La Veneciana, en Centros turísticos de las
Playas del Este, etc., reservadas para sus encuentros. Le pagarían todos
los gastos y le garantizarían absoluta discreción. Todo esto
y más se le daría si él aceptaba trabajar, dentro de la Iglesia,
para la Seguridad cubana --que lo pensara, y que pensara también, en las
consecuencias que podía traerle, dada su condición de creyente,
negarse a cumplir con una Misión asignada por la revolución cubana. Manolo
no lo pensó mucho. Era cierto que siempre había sentido inclinación
hacia la izquierda y que sentía simpatía por la Revolución,
ya que admiraba los logros alcanzados por ella. Todo lo prometido representaba
ver cumplidas sus más caras aspiraciones en cuanto a bienestar de su familia
se refería. Además, sintió miedo por las consecuencias que
podía traerle el negarse a realizar la "sugerente" misión
revolucionaria. Aceptó cuanto le había propuesto su "bueno
y preocupado amigo". Manolo, ya bautizado como "Ramiro" (segundo
nombre de su único hermano), en presencia de la Seguridad Cubana --que
tomó todas las fotos de la Ceremonia--, se Ordenó de Sacerdote,
el día 12 de diciembre de 1976, en la Catedral de La Habana, junto a Ramón
Suárez Polcari, René Ruiz Reyes y Norberto A. López Rey. Comenzó
su "doble vida" el ingenuo y por qué no, cobarde joven cubano,
de corazón noble y carácter entusiasta y alegre. Fue situado en
la Parroquia de San José, en el pueblo de Güira de Melena, en la Provincia
Habana. Oficiando también su Ministerio en La Salud y El Gabriel, alternativamente.
La feligresía de esos pueblos le adoraba. Muy pronto comenzó
a sentir ciertos escrúpulos de conciencia, pero que aliviaba pensando que
el Socialismo era el sistema que posibilitaba la igualdad del ser humano. El acceso
a la educación, la salud y la cultura era un derecho de cada ciudadano;
todo lo contrario de lo que había visto en su visita a Chile. Representaba
el bienestar y el progreso de todos los hijos de Dios. Sin embargo, no tardó
en descubrir que todo lo que le animaba y le hacía sentir menos "sucio",
se lograba a cambio del derecho más esencial del hombre: su libertad. Se
arrepentía desde lo más profundo de su corazón del paso que
había dado, pero sabía que no había marcha atrás.
Siguió su camino de pecador, sonriendo públicamente y llorando lágrimas
de sangre en la soledad de su Casa Parroquial. Y cuando llegué yo a su
vida, sobre mi regazo, mi pecho, mis hombros... ¡¡¡cuánto
sufrimiento en aquel hombre!!! ¡Qué pena tan profunda le embargaba! Con
el transcurso del tiempo, conocí a otros oficiales: "Roberto"
(teléfono 32-2337 y 30-0455) y "Dámaso", con alto rango
militar en Villa Marista (teléfono 32-2285 y los de LaGuardia: 7-1774,
32-8844 y 32-3986). Aquí cabe decir, que cuando se le dio la casa del Casino
Deportivo a Manolo y su familia, le fue entregado el apartamento heredado por
Manolo en Marianao al Oficial "Dámaso". Se acercaban a mí
para saber cómo marchaba nuestra relación y para que yo aconsejara
a Manolo para que no cometiera imprudencias que pudieran afectarle en el buen
ejercicio de su "trabajo", como Sacerdote y como Agente de su Departamento. Seguimos
nuestras vidas lo más inteligentemente posible: nos cuidábamos de
la Iglesia y de la Seguridad. El Amor nos brotaba por cada poro ... nos sentíamos
felices de que Dios, pese a lo pecadores que éramos, nos hubiera dado la
oportunidad de conocernos y amarnos. Cada martes (su día de asueto como
solía decir él), de todas las semanas, de todos los meses, de todos
los años que estuvimos unidos, nos íbamos para los lugares que la
Seguridad nos seleccionaba para nuestros encuentros. Pero, después, todo
el tiempo libre de que disponíamos, también lo pasábamos
juntos. Lo mismo estábamos en mi apartamento de Playa, que en su casa del
Casino Deportivo, que en la Casa Parroquial de Güira de Melena. Siempre pensamos
que la Seguridad no conocía de esto, pues nunca nos llamaron la atención,
cosa que era de esperar, porque podía traerle problemas a Manolo en la
Iglesia. Mientras, Manolo hacía la carrera de Teología a distancia.
Desde Madrid le llegaban, a través de la Iglesia, las carpetas con las
materias que debía estudiar, desarrollar y examinar. Yo hacía de
alumna y profesora a la vez, según lo requiriera él. Sus notas fueron
sobresalientes. Siempre admiré la capacidad que tenía para asimilar
los estudios, pese a las circunstancias que marcaban su vida. La propuesta de
venirse a España a estudiar no se hizo esperar y con ella llegó
la única oportunidad que tenía para desertar de las filas de la
Seguridad, de escapar de aquel "cerco maldito", que le hacía
sentir repugnancia de sí mismo. Lo primero que hizo Manolo fue plantearle
a la Seguridad que quería que yo me viniera a España con él.
Que se inventara cualquier pretexto que justificara mi viaje. Era nuestro sueño.
Manolo estaba dispuesto a "colgar los hábitos" para casarnos
y dar a conocer públicamente los vínculos que lo habían unido
a la Seguridad cubana. No fue aceptada su petición, pero sí
se le prometió que me mandarían a España para verle. Ante
esta posibilidad, acordamos que iría haciendo la carrera de Derecho Canónico
propuesta, mientras esperaba que yo me uniera a él. Si no sucedía,
al terminarla, él se iría a Miami y nunca hablaría del tema
en cuestión, para que no me prohibieran salir de Cuba cuando se me diera
la oportunidad. Claro que yo tendría que mantener la más absoluta
discreción antes y después de su deserción. Era muy importante
lograr que la Seguridad siguiera confiando en que esa historia jamás saldría
de mi boca. Seguiría su vida de Sacerdote y trataría de convivir
con el sufrimiento que le provocaría el no tenerme y el miedo a las represalias
que pudieran tomar por su actitud. Pensaba que podían llegar a asesinarlo
y me hizo prometerle que haría pública nuestra HISTORIA si esto
pasaba, o si la muerte le llegaba por designio de Dios. Tendría que hacer
todo lo posible por llevar al Vaticano, ante el Papa, los Hábitos que usó
el día de su Ordenación y pedirle que perdonara sus pecados. Quería
que le pidiera al Santo Padre que bendijera esos Hábitos y que siempre
los tuviera conmigo... ellos representarían su Amor a Dios y a mí,
aún después de muerto. Para lograr todo esto, me dijo que
buscara siempre a una persona que merecía toda su confianza, un amigo de
Seminario que residía en Madrid al cual busqué en el mes de junio
de 2003, me reuní con él y le conté la historia. Me llevó
ante un compañero de Partido y me indicaron que escribiera todo y que buscara
testigos. (Cumplí con lo indicado, pero cuando le volví a llamar
me dijo que ya no le interesaba porque consideraba que hacer pública toda
esta historia dañaría la imagen de su amigo sacerdote, que defraudaría
a muchos feligreses que creyeron en Manolo...él es un feligrés activo.
Nunca más le volví a llamar, y es por esa razón que estoy
buscando nuevas vías... ). Manolo y yo inventamos el lenguaje que
utilizaríamos en nuestras conversaciones telefónicas y en nuestra
correspondencia para referirnos a la Seguridad y a los Oficiales. Le pusimos nombres
de personas a diferentes partes de nuestros cuerpos. Pertenecían a personajes
de una novela brasileña que era transmitida en la TV cubana en esa época...buscábamos
decirnos las cosas más íntimas lo más disimuladamente posible.
Quedamos en que yo debía insistirle en que fuera a Cuba a verme en cuanto
pudiera y que al terminar la carrera regresara de inmediato. El también
debía de comentar su ansiedad por el regreso y lo que padecía estando
lejos de su Cuba y de mí. Insistiría, sobre todo, en la falta que
yo le hacía en Madrid. Sabíamos que la correspondencia y las llamadas
iban a estar controladas por la Seguridad y no podíamos despertar ningún
tipo de sospechas. Y como siempre dudamos de que la Seguridad me mandara a España,
dábamos casi por hecho que él, finalmente, se iría para Miami.
Ya allí, sólo nos mantendríamos en contacto a través
de personas de mi confianza que viajaran allá. Eliminaríamos las
llamadas y la correspondencia... yo, viviendo en Cuba, tenía la obligación
de apartarme del DESERTOR. Siempre se preocupó en grado sumo por
mi bienestar y el de mi familia, principalmente de mi hija y mis padres. Cuando
nos conocimos yo vivía en un apartamento pequeño, que un hermano
mío (miembro de las F.A.R.), nos había conseguido en Calle 21 #5211,
Apto-1, entre 52 y 52, Municipio Playa. El quería dejarme, en mejores condiciones
de vida... Por esta causa habló con su hermano y su cuñada para
permutar la casa del Casino Deportivo por dos: una para ellos y la otra para mí. Su
hermano, profundamente disgustado, buscó las dos casas y le ofreció
a Manolo la peor. Manolo no la aceptó y seleccionó la mejor para
mí. Esto trajo como consecuencia la ruptura de su relación con nosotros,
hasta tal punto, que tuvo que salir de Cuba sin despedirse de su corta y querida
familia. Más sufrimiento para su pobre corazón. Y para mí,
la pérdida de la parte, que de Manolo, quedaba en Cuba, menos consuelo
para el dolor que su partida provocaría en mí. Un mes antes
de la fecha señalada para su partida, Manolo trasladó todas sus
pertenencias para nuestra casa, que también era en el Casino Deportivo.
Lo hizo imprudentemente, pues se valió de la ayuda de algunos feligreses
de Güira de Melena. Incluso le pidió a la señora que cuidaba
de él en la Casa Parroquial que se quedara cuidando de mí. Ella
ya me conocía, aceptó y vivió en mi casa durante varios años.
Alguien que participó en la mudanza lo comentó en el Obispado. La
Seguridad nos llamó la atención por tal osadía. Tuvo
una reunión el día antes de su salida, si mal no recuerdo, con el
Oficial "Marcos" o "Roberto". No me enteré de lo que
hablaron. Sólo sé que el Oficial abrió, leyó y volvió
a cerrar, una carta que un Dentista de apellido Marrero --que le había
arreglado la boca a Manolo--, mandaba para España. Y que en una agenda
y en la memoria de Manolo, quedaba escrito y grabado el nombre de Anabel Rodríguez
--hija de Carlos Rafael Rodríguez-- y su número de teléfono
en Madrid. El Oficial "Dámaso" me haría llegar el
salario mensual de "Ramiro". También podía recoger en
la gasolinera, sita en Santa Catalina y Mayía Rodríguez, los bonos
de la cuota de gasolina que le tenían asignada, ya que él también
me dejaba una moto para mi uso personal. Manolo salió rumbo a Madrid
el día 13 de septiembre de 1986. Llorando todos, los despedimos mi hija,
mi padre (fallecido el año 2001) y yo, ¡¡¡cuánta
tristeza invadió mi vida!!! Los años que pasó en Madrid
fueron muy duros, me comentaba que no sabía como era capaz de sacar sus
exámenes. Se sentía muy solo y no se adaptaba a estar sin mí.
Dudaba si lograría cumplir con lo que habíamos acordado; quiso ir
a Cuba, pero ni la Seguridad ni la Iglesia dieron su visto bueno... en fin, las
llamadas eran diarias entre nosotros y nuestro sufrimiento era espantoso. Yo estaba
en manos de Psiquiatras y él me comentaba que se sentía algo raro
en el corazón. En la medida que pasaba el tiempo nos íbamos convenciendo
de que nuestra separación era para siempre. Nuestras vidas, lejos el uno
del otro, eran un verdadero calvario... El estado anímico de Manolo
había empeorado debido a lo mal que lo había pasado por causa de
una deuda grandísima que había adquirido con Telefónica por
las llamadas que me hacía y porque el Cura Pedro González Capdevila
había descubierto nuestra relación y se lo había comunicado
al Obispo de La Habana, Jaime Ortega Alamino. No obstante, cuando terminó
sus estudios, tal y como lo habíamos acordado, Manolo se fue a Miami... Fue
a verme "Dámaso" para pedirme que utilizara toda la influencia
que mi Amor podía ejercer sobre él, para hacerlo volver a Cuba aunque
fuera por unos pocos días. Que le dijera que ellos necesitaban reunirse
con él y que se valoraría la posibilidad de mi salida de Cuba para
que me tuviera cerca... Yo le prometí que lo haría y lo hice
a través de una llamada telefónica, pero le mandé a decir
con alguien que fue a Miami que no volviera ni loco. Durante un tiempo,
no muy largo, siguió haciéndome llegar el salario de Manolo y siempre
me insistía en que no estaba obrando bien y que le pidiera que viniera
a Cuba, a lo que yo le decía que ellos sabían que ya casi no teníamos
comunicación para cuidar su imagen de Sacerdote que se había visto
seriamente dañada por haberse descubierto nuestra relación... Un
día "Dámaso" quedó en recogerme en la esquina de
mi casa para hablar conmigo. En su propio coche me comunicó que "Ramiro"
había desertado de las filas de la Seguridad cubana, que era un TRAIDOR.
Había traicionado la confianza que la Patria y la Revolución habían
depositado en él. Yo le dije que no creía lo que me estaba diciendo,
que Manolo era incapaz de hacer tal cosa; que yo consideraba que lo estaban apartando
de mí por sus propios intereses y que le iba a escribir a Abelardo Colomé
Ibarra para contarle que no habían cumplido con la promesa que nos habían
hecho de llevarme a España a verlo... Y de verdad le hice una carta al
Ministro pidiéndole una entrevista... pero nunca me respondió. No
sé no porqué dije todo aquello; creo que fue buscando proteger a
Manolo. Tenía mucho miedo a las represalias... No volví a
ver a "Dámaso". Con la misma persona que le mandé
mi primer mensaje, Manolo me mandó su dirección para que se la entregara
a su hermano, diciéndole que allí estaba para lo que le hiciera
falta. Habían pasado cuatro años durante los cuales no habían
tenido relación alguna. Me pedía que aprovechara la ocasión
para restablecer mi relación con su familia. Visité a Pepe, le entregué
la dirección enviada y le dije lo que Manolo quería. Me atendió
educadamente y sostuvimos una larga conversación sobre todo lo acontecido
entre nosotros, pero nunca más nos volvimos a ver. Pasado un tiempo, me
enteré que había ido con su mujer de visita a Miami y se habían
quedado, reclamando a sus dos hijos con posterioridad. Yo no lograba aceptar
la ausencia de Manolo. Con él se había ido la parte derecha de mi
cuerpo, la más importante porque soy diestra. Me encontraba con tratamiento
psiquiátrico permanente debido a mis estados depresivos y de ansiedad.
Hice muchas cosas a sus espaldas para irme a Miami: contraté una salida
clandestina, invirtiendo una gran cantidad de dinero que perdí sin enterarme
nunca si me habían estafado o qué había pasado... mi mente
no me daba para averiguarlo, me contentaba con la suerte de no ser descubierta
por la Seguridad. Aunque ya no tenía contacto con Oficial alguno, siempre
me sentía vigilada. También le pedí a una buena amiga que
residía en Miami, después de contarle mi historia de amor con el
sacerdote, que me mandara una carta de invitación para viajar allá.
Así lo hizo, pero la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana,
me negó la visa. Para estos gastos compré cierta cantidad de dólares
a una persona de Miami. Un compañero de trabajo y gran amigo mío,
que iba a salir de Cuba como refugiado político, se casó conmigo
para ayudarme a lograr mi objetivo. Conocía perfectamente en qué
estado me encontraba desde la partida de Manolo. Los funcionarios norteamericanos
argumentaron que no había hablado de la relación que mantenía
conmigo en su primera entrevista y que me reclamara al año de encontrarse
en territorio de Estados Unidos. Lo hizo y nuevamente me negaron la visa. Tal
parece que Dios, no permitía que nos volviéramos a encontrar. Cuando
este amigo y "esposo" mío llegó a Miami, enseguida se
puso en contacto con Manolo. Ellos eran amigos y Manolo le contó la parte
que no conocía de nuestra relación y le pidió que mantuvieran
una discreta amistad (por su propio bien), debido a la circunstancia en que se
encontraba. Por esa época, Manolo estaba escribiendo un libro sobre nuestro
amor. Mi amigo tuvo la suerte de ver el manuscrito. Se veían esporádicamente
y siempre le notaba muy nervioso. Nuestro Gran Amigo se llama Roberto Uría
Hernández. Conocí a un español, que me propuso matrimonio.
Había llegado mi oportunidad de salir de Cuba. Era la más idónea
porque no abandonaba el país por problemas políticos. Desconfiando
en que me autorizaran la salida, localicé al Oficial "Wilfredo"
a través de la misma amiga que nos había presentado. Le planteé
el asunto y me felicitó por haber "olvidado" al TRAIDOR. Me dijo
que él creía que no tendría dificultad, que seguramente el
Ministerio del Interior me investigaría como a cualquier ciudadano cubano
que abandona el país temporalmente, pues yo solicitaba permiso de residencia
en el exterior por matrimonio. Me divorcié de Roberto, utilizando
unas cuartillas en blanco que me dejó firmadas antes de abandonar el país,
por si se me presentaba una oportunidad como ésa. Me casé con José
López Gil, no sin antes haberle contado mi Historia de Amor solamente.
No le oculté mi situación sentimental porque no quería engañarle. Llegué
a España el 27 de octubre de 1997. Roberto Uría se lo dijo y Manolo
le entregó cierta cantidad de dinero para mí, que en muy pocas ocasiones,
he utilizado. En enero hará dos años que abandoné a José.
Por más que lo intenté, no pude rehacer mi vida... Manolo siempre
ha estado en mi corazón y en mi mente... A principios del mes de
agosto de 1999, recibo una llamada de mi hija dándome la noticia de su
fallecimiento. No tengo palabras para expresar lo que sentí...La noticia
había llegado a Güira de Melena y la señora que él había
dejado haciéndome compañía en nuestra casa, la llamó
para decírselo... Ha sido la única ocasión en que mi
hija me ha llamado desde que vivo en España, pues siempre ha esperado a
que sea yo la que le llame. Ya había verificado la noticia con Alfredo
Petit, sacerdote de la Iglesia de Paula, en la Víbora, muy cercana a mi
casa y adonde acudía mi nieto Manolito todos los domingos. Mi gran amor
había muerto el día 25 de julio en Miami, víctima de un infarto. Unos
días después mi hija me hizo llegar la dirección de Pepe.
Le escribí, pero nunca respondió mi carta. Roberto hacía
un tiempo que no se encontraba con Manolo y se enteró de su muerte por
una llamada mía. En cuanto me otorgaron la nacionalidad española
viajé a Miami. Fue Roberto quien llamó a Pepe para decirle que yo
me encontraba allí y que me interesaba hablar con él. Hablamos por
teléfono. Me contó que Manolo había comenzado a sentirse
mal y que había ido al médico. Este le había descubierto
que tenía en muy mal estado el corazón y le mandó a realizar
un cateterismo. Manolo no quiso hacérselo y se negó a recibir cualquier
tipo de tratamiento hasta que falleció. Al preguntarle yo cómo él
le había permitido que hiciera eso, me dijo que no lo podía obligar
y que la relación entre ellos jamás volvió a ser igual. Pepe
había recibido mi carta, pero me comentó que no se había
sentido en condiciones de contestarme. Me dio los datos del Cementerio. Roberto
me llevó al otro día a ponerle un ramo de rosas amarillas... fue
cuando tuve realmente consciencia de que Manolo había muerto. Se hizo más
fuerte y permanente mi necesidad de cumplir con su deseo para que descanse en
Paz, la Paz que perdió desde que se convirtió en el Agente "Ramiro". El
Sistema cubano arruinó nuestras vidas... Quiero, además, hacer
pública esta HISTORIA, en memoria de todos los cubanos que han encontrado
la muerte, ya atravesando, en precarias embarcaciones, las 90 millas que separan
a Cuba de las costas de la Florida, ya fusilados por Fidel Castro, por buscar
una solución para sus vidas... y porque creo, firmemente, en que será
el grano de arena que, Manolo y yo, podemos aportar en beneficio de los cubanos
que se encuentran encarcelados por su lucha en pos de la instauración de
la Democracia en Cuba, y en el de los millones que tienen irremediablemente arruinados
sus espíritus y sus vidas... En septiembre pasado volví a
Miami para hablar con Roberto y otro amigo nuestro que también conoce la
historia ... fui a rogarle sus testimonios para lograr mis propósitos.
Roberto me lo ha enviado y está dispuesto a caminar, codo con codo, conmigo
hasta donde haga falta. Mi otro amigo parece que se ha arrepentido, tiene hijos
y pienso que quizás por ellos haya cogido miedo. Le respeto su decisión,
por supuesto. Yo siempre he tenido miedo de hacerlo, pero el transcurso
de los años me ha convencido de que no puedo tener ni presente, ni futuro,
si no cierro totalmente mi pasado. Siento que ha llegado el momento. Busco, con
este acto de "exorcismo", poder encontrarle un sentido útil a
mi vida... Raquel Norbert". *Félix José Hernández
es un exiliado cubano residente en Francia. Es profesor de Civilización
de América Latina en la Universidad de Marne-la-Vallée. Copyright
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