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SOCIEDAD
Jo vorrei inparare l'italiano
Miguel Saludes
LA HABANA, febrero (www.cubanet.org) - La muchacha
permanece parada en la esquina de una calle colonial
de La Habana. Cerca de ella un policía
comprueba su identificación a través
del intercomunicador. Las miradas de los transeúntes
se posan sobre la figura grácil de la joven
mulatica que con sus grandes ojos, quizás
ahora más de lo que realmente son a causa
de esta eventualidad, observan al vigilante.
Danay ha cometido el terrible pecado de parase
a conversar con unos extranjeros. Nadie sabe qué
habló con ellos, pero todos presumen que
lo ha hecho en virtud de un acto de jineterismo.
Tal vez no sea ésta la categorización
acuñada por el uniformado, pero indudablemente
algo sospechoso en la actitud de la joven ha llamado
su atención cuando la vio interpelar a
los extranjeros. Por lo menos debe de existir
el delito de acosar a un turista que ha tenido
que interrumpir su placentero paseo para escuchar
¿una propuesta indecorosa? ¿Una
simple charla informal? ¿O el deseo de
un estudiante de idiomas de poner en práctica
los conocimientos aprendidos?
En estos últimos meses, a la luz de la
campaña desplegada por las autoridades
cubanas sobre su intención de hacer del
pueblo de la isla el más culto del mundo,
se han creado dos canales dedicados fundamentalmente
a programas educativos, con el propósito
de elevar los conocimientos de la población.
Uno de estos proyectos incluye cursos de diferentes
idiomas.
La primera de las lenguas escogidas fue la inglesa.
Para impartir el lenguaje de Shakespeare, se emplearon
los conocimientos de brillantes profesores que
durante dos cursos impartieron lecciones de gran
calidad. Después le tocó el turno
a Víctor Hugo. Los amantes de la romántica
dicción francesa contaron igualmente con
la enseñanza impartida por un grupo de
excelentes profesores, así como materiales
de video donados por la Alianza Francesa de la
Lengua. En todos los casos se vendieron tabloides
auxiliares con ejercicios, gramática y
un resumen de cada clase para que los alumnos,
trabajadores y amas de casa pudieran hacer un
seguimiento mejor de estos estudios.
Pero la cosa no quedó restringida a estas
dos importantes modalidades del habla internacional.
El portugués y el italiano ocupan ahora
los espacios semanales de estos programas educativos.
Durante una fugaz incursión en los estudios
del alemán, el profesor que impartía
las clases insistía a los alumnos para
que realizaran una práctica constante de
este complejo idioma. Cuba habría sus puertas
al mundo para recibir a cuantos vacacionistas
de occidente quisieran venir a conocer nuestros
encantos y cultura. Las calles de la ciudad comenzaron
a llenarse de personas con acento diferente, y
los alemanes eran entonces el grupo más
nutrido. La idea de aquel creativo maestro era
escoger un día de la semana para ir con
todos los estudiantes a la Plaza de la Catedral
y allí se desenvolvieran practicando lo
aprendido.
Me pregunto si cuando Danay se acercó
a los alegres turistas su intervención,
alejada de cualquier otro tipo de propuesta, fue
para preguntar: Sono loro italiano? Lo que viniera
después no se sabe, pero es mejor pensar
bien de la gente, al menos hasta que no se compruebe
lo contrario. Hasta entonces esta muchacha y muchas
otras, podrán alegar su inocencia pues
el idioma necesita ser practicado. Si no ¿para
qué lo aprenden?
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