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ECONOMIA
Cantos de sirena o cantos de cisne (II)
Ana Leonor Díaz, Grupo Decoro
LA HABANA, febrero (www.cubanet.org) - Si sorprendente
fue que el régimen de Cuba lograra llegar
-eso sí, boqueando- al final del año
2004, asombro y conmoción causó
el anuncio gubernamental de que la maltrecha y
agonizante economía cubana creció
un cinco por ciento.
Hasta los expertos de la Comisión Económica
para América Latina (CEPAL), conocidos
por su inclinación filocubana, habían
pronosticado en diciembre pasado un crecimiento
del producto interno bruto (PIB) de la economía
isleña, a lo sumo de 1,9 por ciento, cifra
bastante generosa si se analiza lo que ocurrió
en realidad.
En agosto y septiembre dos ciclones de gran intensidad
arrasaron viviendas, sembrados, industrias y almacenes,
además de torres de alta tensión,
lo que condujo a la paralización de centrales
eléctricas. El régimen calculó
unos 2 mil millones de dólares en pérdidas,
sin conocerse aún cuánto y cómo
se podrá recuperar.
Justamente en septiembre estalló la crisis
de la generación eléctrica, con
la virtual paralización de esa industria
y la cadena de apagones que, más o menos
prolongados, habían comenzado a sufrirse
en todo el país en fecha tan temprana como
el mes de febrero. Este desastre de gestión
obligó al cierre de la planta productiva
del país en el segundo semestre del año,
y la reducción del horario de todas las
actividades laborales, tentativamente hasta febrero
de 2005.
Difícilmente con estas medidas de ahogado,
y en las malas condiciones en que quedó
el occidente del país tras los huracanes,
pudo registrarse un aumento del crecimiento del
PIB, que no es más que la suma de los valores
producidos en un año, comparados con el
anterior. Entonces, ¿de qué crecimiento
se habla?
Al disloque de la generación eléctrica
se sumó el grave fenómeno de la
sequía que ya lleva 10 años afectando
el oriente del país, y que comenzó
a extenderse a Camagüey y a la provincia
Sancti Spíritus, regiones que en 2004 registraron
los más bajos promedios de lluvia, con
la consecuente ruina de las cosechas, la muerte
del ganado bovino, caprino, y la baja producción
de carne de cerdo y de ave; así como de
huevos y leche, lo que obligó a aumentar
la compra de alimentos en el exterior.
Los magros ingresos generados por un turismo
"pesetero", por el bajo precio de los
paquetes de viaje, básicamente de europeos
y canadienses tras la suspensión de viajes
de cubano-americanos dictada por la administración
norteamericana, obligó al régimen
cubano a cerrar numerosos hoteles en los principales
polos turísticos de La Habana y Varadero.
Mientras, la industria pasó el año
en constante remodelación empresarial,
a causa de los sucesivos escándalos de
corrupción que se destaparon a finales
de 2003, y llevaron a un cambio de ministro y
a la concentración más centralizada
de las empresas del ramo.
Otro ingreso importante del país, afectado
por el capital fresco que dejó de percibir
en remesas familiares tras las medidas de Estados
Unidos, fue la modesta industria del níquel,
cuyos altos precios en el mercado mundial compensaron
la tendencia a la baja en la producción
de un mineral con escaso proceso industrial o
valor agregado.
El régimen vociferó en su prensa
cautiva haber alcanzado menos del dos por ciento
del índice de desempleo, pese a las cifras
de dos dígitos que hace un año afectaba
a la provincia oriental Granma y la conversión
en pueblos fantasmas de unos 80 bateyes de los
centrales azucareros que fueron desmantelados
en los últimos tres años, a causa
de la reestructuración del sector. El subterfugio
tras el cual se esconde esta realidad es el "invento"
de los cursos de recapacitación para los
trabajadores azucareros, y la creación
de filiales universitarias en 160 municipios del
país, a la sombra del cual el estado continúa
pagando sueldos de miseria en pesos devaluados
para que, digamos, un técnico de laboratorio
se entrene como operario de computación,
lo cual amplía el círculo de la
ineficiencia productiva, trasladando este fenómeno,
característico de la economía centralizada,
de una rama productiva a una de servicios.
El año 2004 concluyó con uno de
los gastos millonarios propios del socialismo
cubano, con la realización de ejercicios
militares que abarcaron las 14 provincias del
país. Además de las tropas profesionales,
participaron las formaciones paramilitares del
Ministerio del Interior y de las milicias, integradas
por reservistas. Era como vivir la pesadilla de
los años 80 en plena guerra fría.
Sólo que ahora "la defensa" del
socialismo se reduce a los estrechos confines
de una isla del Caribe, cuyo supuesto enemigo
ha reiterado que no tiene intenciones de atacar.
Entonces, ¿para qué ese gasto?
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