|
ECONOMIA
Cantos de sirena o cantos de cisne (I)
Ana Leonor Díaz, Grupo Decoro
LA HABANA, febrero (www.cubanet.org) - Pobre
del que en Cuba pretenda analizar sus estadísticas,
a pesar de que el régimen dispone de una
súper oficina para esos fines.
Hace 24 meses el gobierno prometió divulgar
un cacareado censo de población y vivienda,
luego de 20 años sin efectuar uno. Parece
que los resultados fueron más pavorosos
de lo que esperaba, pues aún el público
y los expertos los están esperando.
Uno no descubre el agua tibia si afirma que cuando
de cifras se habla (cualquier cifra), en Cuba
tiene la marca indeleble de la manipulación.
Háblese de salud, vivienda, empleo, salario
o lo más simple: población. No en
balde el viejo adagio de que información
es poder, y en esta isla caribeña pocas
manos poseen información, y son las que
tienen el poder.
No en balde un prestigioso economista cubano
en el exilio, que por décadas ha estudiado
la economía cubana, se quejaba amargamente
de la poca fiabilidad de las estadísticas
en Cuba, y con tablas emitidas por el propio régimen
en distintos períodos, demostró
que son incompatibles, por ejemplo, a la hora
de analizar el esquema de empleo, el presupuesto
de gastos generales o el intercambio comercial
con el extranjero.
Es tal el desbarajuste de la economía
cubana que el régimen no se molestó
este año en publicar el siempre incompleto
proyecto de presupuesto de gastos del estado para
2005, ni tampoco cómo fue el ejercicio
financiero en 2004. Ya van para tres años
que no se divulgan datos esenciales de la macroeconomía,
como los gastos de cuenta corriente, el índice
de productividad por sector, o el control monetario
circulante para atajar la inflación, índice
del que tampoco se habla.
En 2004, el régimen, ahogado en su propia
ineficiencia, dictaminó en octubre la desdolarización
de la economía, más como reacción
a las medidas anunciadas en los Estados Unidos,
que a los consejos de los economistas cubanos,
quienes por más de una década advirtieron
los peligros que para las finanzas nacionales
tenía ese irresponsable flirteo.
A esta decisión, ya en el último
día del año, y sin someter la orden
a información de la domesticada asamblea
nacional, el Consejo de Ministros decretó
la creación de una cuenta corriente única
en divisas, y la obligación de todas las
empresas del país, aún las que comparten
capital extranjero (empresas mixtas) no sólo
de tributar todos sus ingresos a ese fondo, sino
también de solicitar a esa caja monopólica
el efectivo financiero para pagar sus obligaciones,
y aún la compra de equipos, materias primas
o mercancías para su comercialización,
pues en el saco de esta nueva inquisición
caben tanto las empresas productivas como las
de servicios.
El ciclo de la descentralización del comercio
exterior, que en 1999 sólo abarcaba a 19
empresas y organismos distintos del Ministerio
de Comercio Exterior quedó, de un plumazo,
cerrado. Un año antes, a fines de 2003,
el régimen había dado la primera
"vuelta de tuerca" al garrote económico,
obligando a las empresas cubanas a ajustar su
contabilidad financiera y el intercambio interno
a los nuevos pesos convertibles que el pueblo
ha bautizado con el nombre de "chavitos".
A pesar de ello, sectores del transporte, la
industria básica y la ya difunta industria
azucarera, que pagaba a sus trabajadores con un
por ciento del salario en divisas, no han podido
actualizar sus obligaciones, y deben varios meses
de atraso en el pago de moneda convertible, alegando
que dependen de la famosa caja central del estado.
La misma que dicta, desde el primero de enero,
quién cobra, quién gasta y cómo.
Y cuándo lo podrá hacer. En resumen:
una economía de bodega de barrio.
|