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El valor único de los
'periodiquitos' del exilio
Olga Connor / El
Nuevo Herald, 1 de febrero de 2005.
Esperanza de Varona, directora de la Colección
de la Herencia Cubana en la Universidad de Miami,
inauguró el jueves pasado Chronicling the
Cuban Exodus Cuban Exile Periodicals, 1959-2004.
Es una exposición de 1,456 títulos
y más de 100,000 ejemplares de revistas
y periódicos desde 1959, que fueron llamados
despectivamente ''periodiquitos cubanos'', aunque
son de un valor único, pues sirven para
la investigación de los que quieran conocer
la historia de este exilio.
Se gestaron principalmente en las asociaciones
de municipios, y organizaciones profesionales
y religiosas, dijo De Varona, y por falta de recursos
se imprimían en los hogares para luego
distribuirse en farmacias y mercados cubanos gratuitamente.
Aún siguen publicándose muchos de
ellos, como El Camagüeyano, Ideal y Libre.
El criterio que estableció De Varona para
incluir un título es que la publicación
tenía que estar dirigida o editada por
exiliados cubanos en cualquier parte del mundo.
Eruditos de varias ciudades han venido a la Biblioteca
de UM para investigar estos periódicos
y revistas antes de publicar libros sobre la historia
de Cuba, entre ellos Gerald Poyo y María
Cristina García, indicó De Varona.
La compañía ProQuest Information
& Learning, de Ann Arbor, Michigan, está
a cargo de microfilmar la colección, lo
que comenzó en julio del 2004. Lesbia Orta
Varona y Vicki Rivas-Váquez colaboraron
en la preparación de la exhibición,
y las primeras coleccionistas fueron Ana Rosa
Núñez y Rosita Abella.
Las 'lobregueces' Juan Cueto Roig
Fue una introducción breve y convincente
de Joaquín Fraxedas, autor de The Lonely
Crossing of Juan Cabrera y profesor universitario,
en parte porque es su sobrino y en parte porque
fue quien lo instigó a traducir los poemas
de E.E. Cummings. ''Comencé a pedirle traducciones
de Walt Whitman, de William Shakespeare, de William
Butler Yeats. Luego, con cierta picardía,
le mandé de 10 a 20 poemas de Cummings,
y todo fue tan bello, sublime y magnífico
que lo insté a que los publicara'', dijo
Fraxedas. ''Borges dijo que una traducción
es una nueva obra de arte, y puedes mirar el poema
18, que es mejor que el original en inglés''.
Se refería al libro En época de
lilas, de Cummings, 44 poemas traducidos del inglés
al español por Juan Cueto Roig en edición
de Verbum, de Madrid.
Todo sucedió en el Centro Cultural Español,
el jueves pasado, adonde acudieron muchos escritores
y pintores, entre ellos, Ramón Alejandro,
ilustrador de la portada y del libro de cuentos
Hallarás lobregueces (Miami Ultra Graphics),
también presentado ese día por Cueto
Roig.
El ufano autor dijo que la muerte fue en su casa
un temprano visitante y de ahí la base
de su ''fascinación por ese antiguo e indescifrable
misterio''. Para vengarse, se burla de ella en
Hallarás lobregueces, que se podría
subtitular Divertimentos fúnebres. Con
el poemario En época de lilas, tuvo varias
dificultades para conseguir los derechos, pero
mucho apoyo de amigos y del editor Pío
Serrano. Habló de vocablos difíciles
de traducir, como handsorgan, daffodils, baby,
y del poema en que ''flowers pick themselves''.
Por último, aludió a la filosofía
borgiana de la traducción, que él
aplicó, de la libertad creativa. Pero es
imposible reproducir aquí su sentido seco
y sardónico del humor que exhibió
ampliamente esa noche. Había que estar
allí.
Una noche con Teresa María Rojas
Teresa María Rojas estaba en su punto,
toda teatral y lírica al mismo tiempo,
cuando fue entrevistada por la escritora Uva de
Aragón para la serie Jueves de literatura,
auspiciada por el Instituto de Investigaciones
Cubanas (CRI) de la Universidad Internacional
de la Florida y el Latin Quarter Cultural Center,
de la Calle Ocho, que dirige Tony Wagner. ''Conocida
principalmente por su labor como actriz, directora
y profesora de teatro al frente del grupo Prometeo
en Miami-Dade College, Rojas es asimismo una escritora
de reconocidos méritos'', dijo De Aragón,
subdirectora del CRI.
''Ha publicado más de media docena de
poemarios, que van desde Señal en el agua
[1968] hasta Pozo de sed, presentado en la Feria
del Libro en noviembre de 2004'', expresó
De Aragón. Rojas contó, muy poéticamente,
que su caudal lírico nació en la
cuna, un día en que despertaba de una siesta
y vio la luz del sol del crepúsculo. Comenzó
a coleccionar poemas que trajo de Cuba, y fue
después de exiliada en Miami que la directora
de teatro María Julia Casanova la instó
a que le escribiera al poeta chileno Alberto Baeza
Flores, entonces en España, a quien le
envió un sobre con su colección
poética.
''Comenzamos una amistad epistolar, fue mi mentor'',
anotó Rojas. Más tarde, en Costa
Rica, Baeza pudo publicarle el poemario Señal
en el agua, con prólogo de Juan J. Remos.
Rojas confesó que de esa actividad poética
nació su paciencia para la vida teatral
con Prometeo. Después leyó de sus
libros Raíz en el desierto, La casa de
agua, Campo oscuro, Capilla ardiente (dedicado
a su hija Teresita), y de la antología
Hierba dura.
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La reunión Música para tres, en
el Latin Quarter el sábado, con el compositor
Robertico Lozano, la pianista Olga Díaz
y la cantante Jana Martínez tuvo una tónica
de intimidad poco común. La ambientación
del Palacio de los Capitanes Generales en La Habana,
en la primera parte, y de los trenes, en la segunda
parte, proyectados sobre telones por el foro,
más la suave oscuridad que envolvía
el ambiente, la música exquisita de cello
de Konstantin Litvinenko, de violín de
Gerardo Aguillón y la percusión
de Cuqui Díaz, contribuyeron a esa agradable
y sabrosa sensación, de música popular,
pero en ambiente de cámara.
Algunos de nosotros decidimos seguir la noche
en el restaurante Sinfonía (Granada y la
Calle Ocho), recién reinaugurado por su
nuevo propietario, el doctor Lázaro Fraga.
Allí se unió Sonia Corp a Lozano
haciendo descargas hasta las tantas, a las que
nos sumamos todos, porque Lozano es un virtuoso
que se adapta a cualquier tono, y levanta la voz
del más desafinado. Mientras que Corp se
sabe todas las letras de todas las canciones,
hasta de Tuya soy, de la cinta La mujer sin alma,
de María Félix, ¡qué
memoria y qué voz!
olconnor@bellsouth.net
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