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Entrevista con Adriana
Bosch
PBS,
21 de enero de 2004.
En esta entrevista, la directora Adriana Bosch,
de origen cubano radicada en EE.UU., describe
su trabajo en la realización de Fidel Castro.
Adriana Bosch ha escrito, dirigido y ha hecho
el montaje de varios aclamados documentales políticos
y sociales, por casi dos décadas. Se le
conoce por sus biografías de presidentes
realizadas para la serie La experiencia americana,
entre ellas, las de Ulysses S. Grant, Jimmy Carter,
Reagan y Ike, así como por su trabajo en
Los Rockefeller y Los Churchill. Sus otros créditos
incluyen Las Américas y México,
ser la productora asociada de dos programas de
la serie La guerra y la paz en la era nuclear,
y como editora asociada del Reporte especial de
primera línea: La crisis en América
Central. Adriana Bosch ha recibido numerosos premios,
entre ellos un Emmy Award para los programas de
mayor audiencia, el Christopher Award, y dos Peabody
Awards por Reagan y Ike.
Preguntas:
¿Qué sintió al realizar
un programa sobre Fidel Castro?
¿Guarda algunos recuerdos personales de
Castro?
¿Cuáles fueron algunos de los retos
que enfrentó como directora de cine?
¿Existe una clave para comprender el éxito
de Castro?
¿Por qué han llegado tantos cubanos
a los Estados Unidos?
Mirando hacia atrás, ¿Cómo
ve usted la revolución cubana?
¿Qué sentimientos tienen los cubanos
de hoy en día sobre la revolución?
¿Qué impresión le gustaría
que su programa dejara en la audiencia?
¿Qué sintió al realizar
un programa sobre Fidel Castro?
Castro me pareció la oportunidad de mi
vida. Después de haber hecho la película
sobre Carter y tantas otras biografías,
pensé que podría aplicar esas habilidades
a un tema que encierra un gran significado para
mí y que tiene mucha carga emotiva. Se
me presentaba la oportunidad de no solamente realizar
un trabajo analítico e inteligente, sino
algo mucho más personal... aunque permanezca
dentro de los lineamientos de La experiencia americana.
Salí de Cuba a los 14 años... viví
nueve años de esa revolución como
un ser consciente, y tengo experiencias vívidas
y recuerdos vívidos, no sólo de
lo que fue el proceso, sino de lo que se sentía
y lo que la gente cercana a mí sentía,
desde ambas perspectivas. Al principio mis padres
estaban muy, muy cautivados por Fidel Castro,
al igual que la mayoría de los cubanos,
la vasta mayoría de ellos. Pero después
de un breve período de tiempo, sufrieron
una gran desilusión.
¿Guarda algunos recuerdos personales
de Castro?
Mi primer recuerdo de Fidel Castro es de cuando
tenía cuatro años de edad. Recuerdo
cuando entró a La Habana... lo recuerdo
de verlo en la televisión, y yo solía
besar el televisor, darle besos, besos, y besos
a la tele cuando tenía cuatro años.
Cuando escuché que Fidel venía a
Santiago de Cuba, que es de donde yo soy -- y
creo que ya habían pasado tres, cuatro
semanas a partir de la revolución en el
año 59 -- mi papá me llevó
al aeropuerto... Yo estaba junto a las escalerillas
cuando [Castro] bajó. Y me cargó
y me dio un beso. Bueno, usted sabe que todos
los políticos besan a los bebés.
¿Cuáles fueron algunos de los
retos que enfrentó como directora de cine?
Uno de los retos más grandes de producir
esta historia fue tratar de capturar toda una
vida en un documental de dos horas. Esto es cierto
de la mayoría de los documentales de La
experiencia americana, con la diferencia de que
la mayoría de los presidentes están
en el poder durante dos períodos o un sólo
período. Castro ha estado en el poder [el
equivalente a] 12 períodos... De modo que
uno acaba con una historia casi inmanejable. Mi
manera de abordar el tema fue brincar a aquellos
sucesos que a mi parecer pondrían de relieve
no sólo su personalidad, sino también
los temas principales de su revolución.
La película depende mucho de los archivos
[secuencias filmadas]. Pensamos que sería
mejor mostrar en lugar de contar. Y también
le da mucho, mucho peso a Fidel. Fidel aparece
por todas partes. Fidel en la Plaza de la Revolución,
Fidel con los campesinos, Fidel haciendo esto,
Fidel en la O.N.U. y, si uno se fija bien, verá
a un personaje excepcional...
La primera hora comienza por explicar los orígenes
de Fidel Castro y los orígenes de la revolución
cubana. Y también, ¿cómo
fue que se convirtió en lo que fue? Escogí
una fecha, que es la apropiada para la consolidación
de su poder, y ésa es la Bahía de
Cochinos. De modo que la primera hora termina
con la Bahía de Cochinos, y eso fue en
abril de 1961. Ahora, entre abril de 1961 y el
año 2004, eso es una cantidad de años
por cubrir. Así que lo que hice fue brincar
a historias que a mi parecer resultaban las más
reveladoras sobre su persona. Por ejemplo, Fidel
Castro, el gran revolucionario de los años
sesenta. Fidel Castro, el estadista de los setenta.
Fidel Castro, el dictador despiadado alrededor
del tema de los derechos humanos en los ochenta.
Fidel Castro, el líder que se aferra tercamente
al poder y que tiene tales ansias de poder que
va a desafiar y a sobrevivirlo todo, incluso a
diez presidentes estadounidenses y el derrumbe
de la Unión Soviética que no sólo
subsidiaba a la economía cubana, sino además
le daba una legitimidad ideológica. Ése
es un logro excepcional... él ha estado
en el poder más tiempo que nadie, más
que cualquier otro líder del siglo XX.
Creo que quizá la Reina Elizabeth ha estado
en el poder más tiempo que él, pero
eso es todo.
¿Existe una clave para comprender el
éxito de Castro?
Hay algo que dijo su hija [Alina] que no usamos
en el programa, y que en retrospectiva pienso
que es algo muy importante: cómo él
mismo se sorprendió ante la reacción
del pueblo cubano. Cuando uno mira las secuencias
de su entrada a La Habana, la demostración
es totalmente abrumadora.
Había por supuesto la sensación
de liberarse de Batista... Batista quien insistía
en mostrar los cuerpos de la gente que había
sido torturada, los cuerpos de la gente asesinada.
Él creía que podía amedrentar
a los cubanos pero en lugar de eso, lo que les
hizo sentir fue asco. Y entonces creo que hubo
la sensación de una enorme liberación
cuando Batista fue derrocado. Toda Cuba, o la
mayor parte de Cuba, estaba en contra de Batista.
Pero eso va más allá. Creo que
los cubanos tienen un concepto de lo que es un
revolucionario... y llega Fidel y lo ven como
el Mesías, el salvador. Iba a liberar a
la gente e iba a conducir a Cuba a su verdadera
grandeza... Había fotos de Fidel colgadas
en todas las salas. Había letreros en todas
las casas, prácticamente en todas, que
rezaban, "Fidel, ésta es tu casa".
Cuando Fidel anunció que era comunista,
se inició una campaña y la campaña
simplemente decía, Si Fidel es comunista,
que me pongan en la lista. Yo también,
yo también, yo también. No importaba
qué Fidel fuera, los cubanos también
lo iban a ser, y había una sensación
avasalladora de que este hombre tenía todas
las respuestas.
¿Por qué han llegado tantos
cubanos a los Estados Unidos?
Siempre ha habido esta manzana de la discordia
acerca de la verdadera motivación por la
cual los cubanos han venido a Estados Unidos,
si son razones políticas o económicas.
Algunos dicen que es una migración económica.
Otros dicen, no, vinimos en busca de la libertad.
Bueno, pues ambas cosas. Ambas cosas son ciertas,
hasta cierto punto, para todos, porque no se puede
separar la política de la economía.
Pero es verdad que ha habido capas en la migración
cubana, y los que llegaron más recientemente,
sobre todo la gente que llegó en los años
ochenta, en barco desde Mariel, era otra clase
de gente de la que había llegado antes.
Esto no es totalmente cierto, pero es bastante
cierto.
Y se podría argumentar que esas personas
vinieron a los Estados Unidos por razones económicas,
pero si tienes un gobierno que maneja la economía
como la maneja el gobierno cubano, y la gente
abandona el país porque ya no soportan
como se vive allí, usted sabe, la manera
cómo es su cotidianidad, la falta de esperanza.
Están cansados de la escasez, están
cansados de trabajar, están cansados de
toda esa lucha. ¿Estamos entonces hablando
de política o de economía? Es decir,
se está rechazando a un gobierno que ha
empobrecido tu vida y por eso es muy difícil
distinguir entre la economía y la política.
Mirando hacia atrás, ¿cómo
ve usted la revolución cubana?
La revolución cubana hay que verla como
dos revoluciones distintas. Primero, está
la revolución contra Batista. Y esa fue
una revolución que básicamente incluyó
a todo el mundo en Cuba, excepto a la gente que
estaba con Batista... De todas las profesiones
y condiciones sociales. Usted sabe, desde los
dueños de los ingenios azucareros hasta
los limpiabotas. Y los negros y blancos y todo
el mundo.
Luego hubo una segunda revolución, que
fue una revolución social que tomó
lugar muy, pero muy lentamente. En el lapso de
un año o de dos es donde uno comienza a
darse cuenta que ésta no era una revolución
para todos. El programa identifica el momento
en el cual Fidel dice por primera vez... la reforma
agraria acaba de ser aprobada. Mira a la multitud
y dice, ésta es la democracia. Como la
de Atenas, pero mejor, porque ésta no es
la democracia de los oligarcas o de los militares.
Y entonces, dice, ésta es la democracia
del pueblo. Así es que de inmediato, en
ese momento, él se aparta. Ésta
no es una democracia para todos. Esa revolución
social es la segunda revolución, en la
cual él moviliza a una gran parte de las
clases bajas y a la juventud. Las tropas de asalto
de la revolución cubana fueron la gente
joven.
No le puedo dar la fecha exacta, pero creo que
cuando las nacionalizaciones comenzaron, cuando
empezaron las intervenciones, básicamente
las expropiaciones de los negocios, fue cuando
mucha gente se puso en contra de la revolución.
Y luego hubo una sensación creciente de
que éste también era un reino del
terror y que se daban arrestos arbitrarios...
Poco a poco, Fidel comenzó a abandonar
la idea de las elecciones. Una vez que la revolución
tomara el poder, iban a realizarse elecciones
dentro de 18 meses, pero luego él empezó
a alejarse de esa idea. Los periódicos
se vieron bajo mucha presión.
Pero creo que el detalle principal que hace que
[algunas] personas se pongan en contra del gobierno,
es la idea de éste va a ser un país
comunista. En esa época, el comunismo era
una palabra muy mala y tenía implicaciones
muy, muy desfavorables.
¿Qué sentimientos tienen los
cubanos de hoy en día sobre la revolución?
Existen narrativas conflictivas sobre la revolución
cubana. Está la narrativa de Fidel Castro,
la narrativa de la revolución romántica,
y luego está la narrativa de la comunidad
de exiliados cubanos... Mi objetivo fue romper
con eso y tratar de tomar de cada narrativa lo
que a mí me parecía históricamente
acertado, para así tratar de construir
otra narrativa distinta que tomara en cuenta [todas]
las partes... Dentro de cada narrativa hay pizcas
de verdad. Y lo que intenté hacer fue rescatar
esas verdades y luego alejarme lo más posible
de algunas de las imputaciones más disparatadas
de ambos bandos.
No soy una revolucionaria cubana. Soy una exiliada
cubana. Pero al mismo tiempo, reconozco que hay
ciertas verdades en la narrativa de la revolución
cubana desde la perspectiva de los revolucionarios,
y que éstas merecen estar en el programa
porque, a menos que estas cosas se incluyan, acaba
uno con una imagen parcializada e inexplicable
de lo que fue esa revolución. ¿Cómo
entender, cómo comprender la cantidad de
apoyo popular que tuvo Fidel? Y no me refiero
a 1959 cuando subió al poder, sino en los
años sesenta y hasta en los años
setenta. La comunidad de exiliados y la narrativa
de la comunidad en el exilio es incapaz de explicarlo
y pensé que había que traerlo a
cuento.
A la vez, cuando uno habla con la gente de la
revolución cubana, [según ellos]
no hubo oposición al régimen. [Los
opositores] eran todos unos traidores, unos imperialistas,
creados por los Estados Unidos, y eso está
muy, muy mal. Había una oposición
genuina, local, compuesta en su mayor parte de
gente que alguna vez se había opuesto a
Batista. Los que estaban con Fidel se voltearon
en su contra porque deseaban otro tipo de revolución.
Y fue algo muy, pero muy generalizado.
¿Qué impresión le gustaría
que su programa dejara en la audiencia?
Fue muy difícil decidir cuál sería
el final de la película. No queríamos
juzgar de manera severa, habíamos mantenido
una objetividad bastante cuidadosa... Y al final,
uno espera un juicio. Y eso es algo duro. Así
es que al productor ejecutivo, Mark Samels, se
le ocurrió una gran idea, que fue terminar
la película donde había comenzado.
La película termina con la noción
de que en Cuba hubo un día en que todo
parecía ser posible, y que fue cuando las
esperanzas de todo un pueblo se colocaron en manos
de un sólo hombre. Me gustó mucho...
porque lo deja a uno con la pregunta, de si ¿eso
fue bueno o malo?... Y creo que el espectador
es quien tiene que decidirlo.
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