| SOCIEDAD
Hay que bañar al verraco
Amarilys Cortina Rey, Cuba Verdad LA HABANA, febrero (www.cubanet.org)
- La lucha por la subsistencia ha obligado a los cubanos de la Isla a convivir
dentro de sus hogares con animales que en otros tiempos habitaban establos, potreros
o corrales. Pero el hambre, que no tiene la cara bonita, ha hecho que cada quien
resguarde lo suyo de la voracidad de los que roban para comer y vender. Tal
es el caso de Cuquita, una cerda de raza canadiense que comparte con su dueña
la pequeña cocina de una humilde casa situada en la calle San Isidro, en
Managua, un pueblo de la periferia de la ciudad de La Habana. Cuquita fue
un obsequio, la mascota que Mercedes siempre quiso tener, y como tal la crió
desde muy pequeñita, cuando solía ser simpática, correteando
en el patio común de varias viviendas, llevando zapatos y trastes de un
sitio a otro, sin descansar. Como su hábitat sería dentro
de la casa, para protegerla de los depredadores humanos, la mascota era bañada
dos veces por día, cepillando su lomo, hocico, patas y partes traseras,
las que según su dueña eran más proclives a enmugrecerse. Un
recipiente de lata servía para que el animal, enseñado y acostumbrado
con el transcurso de los meses, depositara sus orines y heces fecales. Sólo
un poco de intranquilidad bastaba para hacer notar su deseo. En ese ambiente
de higiene llegaron sus trescientas libras y el primer celo, y con el celo el
primer novio por quien su dueño pediría cien pesos o un cerdito
de la camada por la monta. Cuando estuvo bien a punto, según el criterio
de un veterinario, Cuquita esperaba amarrada a un árbol con una soga muy
corta, pero nada la pudo aguantar cuando vio que aquel verraco (macho apto para
la cópula) sucio y apestoso le trataba de poner sus patas encima. Muy
molesta por lo que se pretendía, tiró fuerte de la cuerda hasta
partirla, refugiándose en su lugar de costumbre dentro de la casa. Mercedes,
al ver la misma reacción de su mascota después de varios intentos
infructuosos para la monta, le dijo al dueño del puerco: "Infante,
baña al verraco". Infante, que es un viejo malhumorado y poco
amante de los animales, prefirió, aunque refunfuñando, bañar
al puerco antes que perder los cien pesos que habían convenido. Entonces,
algo incrédulo y desconfiado por la actitud de la novia, retornó
con el verraco más asequible a las exigencias de Cuquita. A los dos
meses nacían siete cerditos, seis varones y una hembra, los que rápidamente
encontraron compradores. 500 pesos cada uno al tiempo del destete. De las
peripecias y malos ratos que ha pasado Mercedes para "resolver" alimentos
a Cuquita es mejor no hablar, para no entristecer el relato. A pesar de
tener que convivir con el animal dentro de la casa, o construir un fuerte muy
próximo a ésta, donde enfrentar a los ladrones, el negocio de la
cría y venta de cerdos es uno de los más comunes, socorridos y menos
perseguidos en la Cuba de nuestros días. |