PRENSA INDEPENDIENTE
Febrero 2, 2005
 

SOCIEDAD
Hay que bañar al verraco

Amarilys Cortina Rey, Cuba Verdad

LA HABANA, febrero (www.cubanet.org) - La lucha por la subsistencia ha obligado a los cubanos de la Isla a convivir dentro de sus hogares con animales que en otros tiempos habitaban establos, potreros o corrales. Pero el hambre, que no tiene la cara bonita, ha hecho que cada quien resguarde lo suyo de la voracidad de los que roban para comer y vender.

Tal es el caso de Cuquita, una cerda de raza canadiense que comparte con su dueña la pequeña cocina de una humilde casa situada en la calle San Isidro, en Managua, un pueblo de la periferia de la ciudad de La Habana.

Cuquita fue un obsequio, la mascota que Mercedes siempre quiso tener, y como tal la crió desde muy pequeñita, cuando solía ser simpática, correteando en el patio común de varias viviendas, llevando zapatos y trastes de un sitio a otro, sin descansar.

Como su hábitat sería dentro de la casa, para protegerla de los depredadores humanos, la mascota era bañada dos veces por día, cepillando su lomo, hocico, patas y partes traseras, las que según su dueña eran más proclives a enmugrecerse.

Un recipiente de lata servía para que el animal, enseñado y acostumbrado con el transcurso de los meses, depositara sus orines y heces fecales. Sólo un poco de intranquilidad bastaba para hacer notar su deseo.

En ese ambiente de higiene llegaron sus trescientas libras y el primer celo, y con el celo el primer novio por quien su dueño pediría cien pesos o un cerdito de la camada por la monta.

Cuando estuvo bien a punto, según el criterio de un veterinario, Cuquita esperaba amarrada a un árbol con una soga muy corta, pero nada la pudo aguantar cuando vio que aquel verraco (macho apto para la cópula) sucio y apestoso le trataba de poner sus patas encima.

Muy molesta por lo que se pretendía, tiró fuerte de la cuerda hasta partirla, refugiándose en su lugar de costumbre dentro de la casa. Mercedes, al ver la misma reacción de su mascota después de varios intentos infructuosos para la monta, le dijo al dueño del puerco: "Infante, baña al verraco".

Infante, que es un viejo malhumorado y poco amante de los animales, prefirió, aunque refunfuñando, bañar al puerco antes que perder los cien pesos que habían convenido. Entonces, algo incrédulo y desconfiado por la actitud de la novia, retornó con el verraco más asequible a las exigencias de Cuquita.

A los dos meses nacían siete cerditos, seis varones y una hembra, los que rápidamente encontraron compradores. 500 pesos cada uno al tiempo del destete.

De las peripecias y malos ratos que ha pasado Mercedes para "resolver" alimentos a Cuquita es mejor no hablar, para no entristecer el relato.

A pesar de tener que convivir con el animal dentro de la casa, o construir un fuerte muy próximo a ésta, donde enfrentar a los ladrones, el negocio de la cría y venta de cerdos es uno de los más comunes, socorridos y menos perseguidos en la Cuba de nuestros días.


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