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CULTURA
"Sagrado y profano"
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- En La Habana colonial de Leal, a pocos metros
de la real, en la hermosa y remozada Plaza Vieja,
puede apreciarse una muestra de 48 fotografías
de Robert Mapplethorpe. Concebida y producida
por Phillip Larrat-Smith y coordinada por Pamela
Ruiz como curadora adjunta, la exposición
deviene otro gancho de atracción turística,
que pasan por alto muchos habaneros.
La muestra, con título "Sagrado y
profano", ha sido posible por la colaboración
de algunas instituciones, como la Fundación
Ford de México D.F., la Andy Warhol Foundation
for the Visual Arts de New York y la Easten Foundation,
también de New York, entre otras. La expo
se mantendrá desde el 14 de diciembre hasta
el 14 de febrero, día del amor, en que
concluirá. Todo un símbolo para
el artista, para su muestra y para una ciudad
semi destruida por una combinación irresistible
de odio, desidia e intolerancia.
Robert Mapplethorpe (1946-1989) es sin lugar
a dudas un icono de la contracultura que arranca
desde los 60. Su arte se integra a las corrientes
contestatarias que tuvieron lugar en ese controvertido
periodo. Una buena parte del arte producido en
aquel momento obedece a algún tipo de compromiso
social de crítica o de denuncia. Surge
de minorías étnicas o grupos sociales
rebeldes, marginados o ambos.
Entre los grupos que surgieron con sus demandas
a partir de los 60, ocuparon lugar relevante los
homosexuales, ya sea gays o lesbianas. Estos se
unieron a las masas juveniles que ansiaban ser
oídas, y el fenómeno fue mundial.
Los Estados Unidos le imprimieron un sello muy
especial al periodo, a pesar de su carácter
totalizador. La impronta de los Beatles marcó
el ritmo y la pauta de aquella época inolvidable
e irrepetible.
Esa fue precisamente la época de oro para
el régimen y la aureola internacional de
Fidel Castro. Era glorificado y ensalzado en el
extranjero por los mismos, a los que su régimen
reprimiría sin miramientos a escala doméstica.
Tanto el arte de Mapplethorpe como el de Warhol
y otros iconos de la época, fueron velados
bajo siete sellos por el gobierno de Fidel Castro.
Pocos conocieron en su momento el trabajo que
éstos desarrollaban. Las vacas sagradas
de la cultura miraban a Europa con la atención
detenida en el neorrealismo italiano y la nueva
ola francesa, de la posguerra. No consiguieron
evolucionar porque les paralizaba su antinorteamericanismo.
El régimen consiguió aislar a la
Isla del mundo y su tónica por largos años.
Este aislamiento, marca a la muestra de Mapplethorpe
en la Plaza Vieja de La Habana.
Las 48 fotografías expuestas son arte.
Rebosan homo erotismo, desafío, pero más
allá una sensibilidad fuera de serie. Son
imágenes para no olvidar. Las fotos de
los famosos como las del actual gobernador de
California Arnold Schwarzenegger, en su etapa
juvenil y fisiculturista o la de una deliciosa
y sensual Susan Sarandon, juvenil y sin la procacidad
izquierdista del presente, son un remanso, al
igual que sus bien logradas naturalezas.
Junto a ellas, los autorretratos y los retratos
de los que llenaron el mundo afectivo del artista.
Ante la mirada habanera, Patti Smith, Holly Solomon,
Lisa Lyon y los amigos leales o amantes ocasionales
del artista.
Mapplethorpe tuvo su visión muy personal
de los negros, que aparecen en su obra estereotipados
como homo atletas sexuales o como fetiches homosexuales.
Las tendencias sado masoquistas del artista están
presentes en la muestra habanera. En ella, y a
pesar de su escasa concurrencia, predominó
el elemento gay, al punto de hacerme sentir marginado
y fuera de lugar.
Fuera de los turistas, agradablemente sorprendidos
por el evento, los extranjeros con residencia
e información sobre el tema, la farándula
habanera y el mundillo gay, Robert Mapplethorpe
es un perfecto desconocido en La Habana.
La muestra que se exhibe de su quehacer mueve
a algunas reflexiones. Una de ellas podría
ser el carácter eternamente oportunista
de la dictadura de Fidel Castro. Otra, su capacidad
camaleónica para pasar por alto abusos
y barrabasadas, como si éstos nunca hubieran
ocurrido. La otra, sobre secuelas que las torpezas
y las crueldades del régimen han dejado
en el alma de la nación, ya sea por comisión
o por omisión.
La Fototeca de Cuba en la Plaza Vieja, más
que la exhibición de una muestra de Robert
Mapplethorpe, realiza otra tardía apertura
al mundo del que nunca debimos ser apartados.
El gesto se une a la estatua de Lennon y a los
conciertos de rock escenificados en el horrible
Protestódromo de Malecón: Un buen
intento, pero demasiado tarde.
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