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DISIDENCIA
Duelo con el peligro
Jorge Olivera Castillo
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- Los tiros repiqueteaban en la espesura de la
selva. Habían sido sorprendidos en la retaguardia
del enemigo. La metralla absorbía el silencio
agazapado en las copas de los árboles y
entre las hierbas erguidas, altas y gruesas que
suelen afincarse en gran parte de la geografía
africana.
Tras el fragor del repliegue, la vehemencia de
las balas trazadoras queriendo perforar la carne,
el empeño en truncar una carrera, la sed
por dejar en la jungla, inermes, a un puñado
de cubanos que estaban allí en el vórtice
de un conflicto, intenso y enervante.
En pocos minutos la evacuación. Un helicóptero
llegaba oportunamente para sacar a esos hombres
fuera del perímetro de los disparos. Ya
en el aire, gotas de sangre en el piso de la aeronave,
vienen de la espalda de uno de los combatientes.
No nota que tiene una bala alojada muy cerca de
la columna vertebral. La mochila rota, roída
por el fuego, herida como su dueño, pero
a salvo. Ambos libres de la muerte.
Transcurría 1981. El tiempo en Angola se
dejaba llevar por las tensiones y las incertidumbres.
En Huambo se podía morir despedazado por
una mina, también en las fauces de una
serpiente, por el paludismo concentrado en el
aguijón de los mosquitos o por los vómitos
de fuego proveniente de las emboscadas que la
UNITA preparaba con minuciosidad.
Ese mismo año culminaría la misión,
el regreso a la casa, más adelante el desencanto,
la rebelión del espíritu, el cese
de la anestesia que prodigan los dogmas, el salto
a las zonas vedadas por la propaganda del régimen.
"Los niños y el tigre" fue la
puerta para entrar a un mundo que le habían
escamoteado. Lo recuerda como el primer libro,
la fuente de inspiración, la llave para
abrir la mente a nuevas concepciones, el medio
con el cual revolucionar los sentidos y ver el
bosque desde una colina sin los lentes graduados
por los ideólogos del partido comunista.
Iniciaba el despegue, en 1995, hacia la disidencia.
En los inicios tuvo como fondo al Frente Democrático
Independiente. Allí consolidó las
lecciones que destrozaban la iconografía
del totalitarismo, supo de la larga estela de
arbitrariedades, vio de cerca los horrores de
la intolerancia y se convirtió en un paradigma
de la tenacidad, en un caballero del valor, en
uno de los ejemplos más emblemáticos
de la osadía.
En 10 años de activa militancia en pro
de la defensa de los derechos humanos, tiene en
su haber tres condenas a privación de libertad
por asumir, cabalmente, su papel contestatario.
Lo he visto inválido, pero inclaudicable.
Renqueante sobre su bastón y firme en su
lucha por echar del país todos los odios,
todas las perfidias que vuelcan las dictaduras
sobre los que ponen al descubierto sus falsedades.
Así percibo a este psicólogo que
ha sobrevivido a varias huelgas de hambre, en
protesta por los abusos contra él y sus
semejantes.
Le es imposible zafarse de las consecuencias de
la polineuropatía. Cojea, pero no declina
en sus aspiraciones de exigir para Cuba un estado
de derecho.
Es de la raza negra y cuenta con 6 pies de estatura.
Sufre de una alopecia generalizada debido a la
ausencia de Vitamina E. Otra de las secuelas de
las repetidas y prolongadas huelgas.
Ha perdido el cabello, las pestañas, las
cejas, pero no la fe en la democracia, ni el sentido
del deber. Se le ve jovial, humilde, locuaz y
forrado de ideas para edificar una sociedad no
excluyente y equilibrada.
Vive en el Condado, un barrio marginal de la ciudad
de Santa Clara, en el centro del país.
Por allá se le admira. Saben, con amplitud,
que es un hombre digno y amigable.
De eso estoy convencido y también de que
se llama Guillermo Fariñas Hernández,
el mismo que dirige la Agencia de Prensa Independiente
Cubanacán Press y la biblioteca independiente
"Roberto Ávalos". Un amigo que
el próximo 3 de enero cumple 43 años.
¡Felicidades!
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