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SOCIEDAD
Muy insólito
José Antonio Fornaris, Cuba Verdad
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- No existe prácticamente un día
del año que no escuche decir que en Cuba
disfrutamos de educación y atención
médica gratuitas.
Lo primero que hay que alegar al respecto es
que no nos pasamos todo el tiempo enfermos y estudiando.
Pero sin entrar en un análisis del precio
tan grande en servidumbre que hay que pagar por
esos dos servicios sociales, de gratuitos no tienen
absolutamente nada.
Suponiendo que en Cuba la instrucción
y la atención médica hubiera que
pagarlas directamente a través de una tarifa
establecida, ¿de qué forma, con
los salarios que se devengan, se podrían
atender los gastos de la inversión?
En Cuba hubo una época en que se habló
mucho de la economía política del
soviético Nikitin. No existe un cubano
de más de cuarenta años que no haya
escuchado la palabra plusvalía. En la Isla
el estado es dueño absoluto de los medios
de producción y servicios. Y se queda con
una plusvalía que abarca el 100 por ciento
de lo creado, y con todo lo que tenga algún
valor.
En una situación así, todo lo que
el estado le brinde a los ciudadanos ya está
de antemano varias veces pagado. Además,
recordemos que ningún gobierno puede dar
verdaderamente algo gratuito.
Independientemente de eso, cuando los estudiantes
pasan a formar parte de la vida laboral, por la
misma razón de lo ínfimo que son
en Cuba los salarios -que no alcanzan ni remotamente
para encarar las necesidades básicas-,
en el acto comienzan los estudiantes a pagar por
la preparación académica que recibieron
y por la atención médica.
Además, la educación, desde pre-escolar
hasta la universidad, está totalmente politizada.
Se puede asegurar que lo que el estado realiza
en esos menesteres son gastos de propaganda política
a su favor.
Si de otra forma, los medios que se utilizan
para costear esos servicios sociales salen de
la venta de los recursos naturales del país,
esos recursos pertenecen a todos los cubanos,
aunque el estado, por su modo de actuar, crea
que son de su entera y exclusiva propiedad.
No existe referente histórico; por eso
el término puede sonar absoluto. Pero el
día que un régimen totalitario dé
algo, no ya gratuito porque eso es imposible,
sino simplemente de manera desinteresada, seguramente
Dios vendría a ver algo tan insólito.
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