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SOCIEDAD
Ojalá no bombardeen los americanos
Guillermo Fariñas Hernández,
Cubanacán Press
SANTA CLARA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- Quienes se decidieron a construir una vivienda,
pero no tienen a nadie que les mande dólares
o euros, y viven o tienen amigos en el barrio
La Chirusa, o en la parte sur de la barriada El
Condado, tienen que negociar con Barbarito.
Barbarito es un "destructor", término
con que se denomina a las personas que, a bajísimos
precios, se dedican a vender acero para las construcciones.
Los productos constructivos, como cemento y acero,
se pueden comprar en las tiendas recaudadoras
de divisas, pero allí los precios son prohibitivos
para el bolsillo del trabajador cubano.
Pero Barbarito, al igual que muchos otros, no
trabaja en una empresa de la construcción
o en un almacén donde se acumulen esos
productos tan demandados. Tampoco tiene la menor
conexión con empleado alguno cercano a
estos codiciados insumos.
Barbarito es combatiente de la guerra de Angola
y alcohólico. Sobrevive en el mar de sus
desgarramientos hasta que la muerte le haga el
favor de acogerlo en sus brazos. Trató
de adaptarse a la "sui generis" construcción
del socialismo y trabajó durante una década
en el contingente de la construcción que
levantó los hoteles en la zona turística
de Cayo Largo del Sur. Un buen día tuvo
la sensación de que era un esclavo, y regresó
a Santa Clara, donde había nacido.
Lo único que se avenía a sus intereses
en los años 90 del pasado siglo era convertirse
en un "destructor", para así
garantizar diariamente dos botellas de "chispa
e´tren", el ron de los fracasados.
El "destructor" se dedica a martillar
sobre los elementos pre-fabricados para el montaje
de edificios, sacándoles las cabillas que
llevan dentro para después venderlas a
bajos precios a quienes edifican o amplían
sus domicilios.
¿Dónde se encuentran las piezas
pre-fabricadas utilizadas en sus labores por los
"destructores", como Barbarito? La respuesta
es sorprendente: en los túneles construidos
para librar "la guerra de todo el pueblo".
El gobierno cubano intentó desviar la
atención de la ciudadanía con respecto
a los errores económicos, políticos
y sociales del régimen anunciando una inminente
confrontación armada con los Estados Unidos,
por lo que se construyeron cientos de túneles,
ahora abandonados.
Los vecinos de Barbarito esperan a que esté
bien borracho y le gritan:
- ¡Mañana nos van a invadir los
americanos!
A lo que Barbarito responde con una sonrisa pícara
entre sus labios:
- ¡Ojalá que nunca bombardeen, porque
los túneles nos caerán arriba!
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