PRENSA INDEPENDIENTE
Diciembre 29, 2005
 

HISTORIA
¡Ay, Carlota! (VI y final)

Raúl Soroa

LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org) - Mientras se desarrollaban los combates, la verdadera cara de la tragedia angoleña permaneció oculta. Mientras los oficiales cubanos se vanagloriaban de sus victorias, sus generales se iban de safari, construían mansiones con la madera preciosa de la selva africana, comerciaban marfil y diamantes, los soldados cubanos morían en las emboscadas tendidas por la guerrilla, fallecían víctimas de la fiebre palúdica o enfermaban de SIDA, regresaban a La Habana con una medalla en el pecho, y otros jóvenes les sustituían en el carrusel sin fin de la muerte y la destrucción.

Savimbi cambiaba armas por diamantes y se convertía en dios de los angoleños del sur. Hombre que vuela, serpiente, pez, demonio inmortal. Para los angoleños que le seguían y para los territorios bajo su dominio, era señor de vida y muerte. Dos Santos, el heredero de Neto, imponía sus dotes de marioneta soviética e intentaba trasplantar la "bella experiencia" del país de la GULAG a Africa.

La peor parte la llevaba el pueblo angoleño. El 90% del país permanecía oculto a las miradas de la comunidad internacional. Allí no llegaba la ayuda humanitaria ni la asistencia médica civil. Allí campeaban por sus respetos las huestes de uno u otro bando. Las personas morían de hambre en las calles, los desplazados deambulaban de pueblo en pueblo, famélicos y enfermos, sin asistencia alguna. Luanda, ciudad construida por los portugueses para albergar a 250 mil personas, llegó a acumular más de seis millones de desplazados. Los asaltos, las pandillas armadas, los asesinatos, se convirtieron en hechos cotidianos.

Ambos bandos en conflicto usaron desde siempre tácticas de terror mediante el saqueo de los pueblos, el asesinato de los pobladores, el incendio de los sembrados y de las casas. Muchos aldeanos fueron obligados a vivir en un estado de semi esclavitud acarreando municiones y pertrechos para las tropas. Muchas mujeres fueron convertidas en esclavas sexuales. Si llegaba la UNITA había masacre. Si llegaba la FAPLA había masacre. El único lenguaje que se escuchaba era el de las armas, y ambas partes buscaban eliminar las fuertes de abastos del contrario, destruir sus bases de apoyo, exterminar a los partidarios del enemigo.

El gobierno no dedicaba ningún recurso a la atención de la población civil. Las emergencias humanitarias eran ignoradas rutinariamente, y los civiles se veían en la línea de fuego de los dos bandos.

Una cuarta parte de los niños, según la organización Médicos sin Frontera, padecía de desnutrición. En Angola morían cinco de cada diez mil personas diariamente, uno de los índices más altos vistos en cualquier conflicto moderno.

Tras la muerte de Savimbi a manos de tropas gubernamentales y la firma del acuerdo del cese al fuego, las tropas rebeldes se fueron desarmando. Parecía que al fin llegaba para los angoleños la tan deseada paz. Sin embargo, los líderes del MPLA, triunfador de la contienda, controladores de la gran riqueza petrolera del país, poco han hecho por su pueblo, y se han enriquecido con los petrodólares. La industria petrolera angoleña produjo en 2001 entre 3 y 5 mil millones de dólares. Ni un centavo fue utilizado para aliviar la terrible crisis humanitaria que sufre el país después de más de 27 años de guerra.

¿Para eso fuimos los cubanos a Angola? Ya sabemos que cumplíamos los sueños mesiánicos de una superpotencia y satisfacíamos la egolatría de nuestro caudillo, pero ¿murieron nuestros hijos, hermanos y padres para que una pandilla se enriqueciera robándole a su pueblo? ¿Qué dejamos en Angola? ¿Muerte, destrucción, desplazados, hambre, desnutrición, una de las peores crisis humanitarias de la historia y a una cuadrilla de gente sin escrúpulos en el poder?

Según la ONC Testigo Global, entre tres y cuatro mil millones de dólares desaparecieron del presupuesto estatal en 2001. Los sobornos y el tráfico ilegal de diamantes son práctica común.

La verdadera escala de la devastación comienza a ser apreciada en la medida en que las organizaciones internacionales de ayuda humanitaria han podido penetrar en algunas limitadas zonas del país. En los pueblos en los que ha podido desarrollar su trabajo Médicos sin Frontera, las tasas de muerte superan cuatro, cinco y hasta siete veces los niveles de crisis. La organización considera que es la peor crisis con la que ha lidiado. Los civiles angoleños han sido las verdaderas víctimas de esta guerra que comenzó "Carlota" y que mantuvo por más de 15 años a nuestros soldados en territorio ajeno, cumpliendo el triste papel de protectores de un gobierno títere. Triste ejemplo para ser recordado. Triste realidad, suma y muestra del totalitarismo tropical capitaneado por la triste figura de un Napoleón de bolsillo. No hay nada que festejar, y sí mucho que pensar para que la historia no se repita.

¡Ay, Carlota! (I)
¡Ay, Carlota! (II)
¡Ay, Carlota! (III)
¡Ay, Carlota! (IV)
¡Ay, Carlota! (V)


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