|
HISTORIA
¡Ay, Carlota! (VI y final)
Raúl Soroa
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- Mientras se desarrollaban los combates, la verdadera
cara de la tragedia angoleña permaneció
oculta. Mientras los oficiales cubanos se vanagloriaban
de sus victorias, sus generales se iban de safari,
construían mansiones con la madera preciosa
de la selva africana, comerciaban marfil y diamantes,
los soldados cubanos morían en las emboscadas
tendidas por la guerrilla, fallecían víctimas
de la fiebre palúdica o enfermaban de SIDA,
regresaban a La Habana con una medalla en el pecho,
y otros jóvenes les sustituían en
el carrusel sin fin de la muerte y la destrucción.
Savimbi cambiaba armas por diamantes y se convertía
en dios de los angoleños del sur. Hombre
que vuela, serpiente, pez, demonio inmortal. Para
los angoleños que le seguían y para
los territorios bajo su dominio, era señor
de vida y muerte. Dos Santos, el heredero de Neto,
imponía sus dotes de marioneta soviética
e intentaba trasplantar la "bella experiencia"
del país de la GULAG a Africa.
La peor parte la llevaba el pueblo angoleño.
El 90% del país permanecía oculto
a las miradas de la comunidad internacional. Allí
no llegaba la ayuda humanitaria ni la asistencia
médica civil. Allí campeaban por
sus respetos las huestes de uno u otro bando.
Las personas morían de hambre en las calles,
los desplazados deambulaban de pueblo en pueblo,
famélicos y enfermos, sin asistencia alguna.
Luanda, ciudad construida por los portugueses
para albergar a 250 mil personas, llegó
a acumular más de seis millones de desplazados.
Los asaltos, las pandillas armadas, los asesinatos,
se convirtieron en hechos cotidianos.
Ambos bandos en conflicto usaron desde siempre
tácticas de terror mediante el saqueo de
los pueblos, el asesinato de los pobladores, el
incendio de los sembrados y de las casas. Muchos
aldeanos fueron obligados a vivir en un estado
de semi esclavitud acarreando municiones y pertrechos
para las tropas. Muchas mujeres fueron convertidas
en esclavas sexuales. Si llegaba la UNITA había
masacre. Si llegaba la FAPLA había masacre.
El único lenguaje que se escuchaba era
el de las armas, y ambas partes buscaban eliminar
las fuertes de abastos del contrario, destruir
sus bases de apoyo, exterminar a los partidarios
del enemigo.
El gobierno no dedicaba ningún recurso
a la atención de la población civil.
Las emergencias humanitarias eran ignoradas rutinariamente,
y los civiles se veían en la línea
de fuego de los dos bandos.
Una cuarta parte de los niños, según
la organización Médicos sin Frontera,
padecía de desnutrición. En Angola
morían cinco de cada diez mil personas
diariamente, uno de los índices más
altos vistos en cualquier conflicto moderno.
Tras la muerte de Savimbi a manos de tropas gubernamentales
y la firma del acuerdo del cese al fuego, las
tropas rebeldes se fueron desarmando. Parecía
que al fin llegaba para los angoleños la
tan deseada paz. Sin embargo, los líderes
del MPLA, triunfador de la contienda, controladores
de la gran riqueza petrolera del país,
poco han hecho por su pueblo, y se han enriquecido
con los petrodólares. La industria petrolera
angoleña produjo en 2001 entre 3 y 5 mil
millones de dólares. Ni un centavo fue
utilizado para aliviar la terrible crisis humanitaria
que sufre el país después de más
de 27 años de guerra.
¿Para eso fuimos los cubanos a Angola?
Ya sabemos que cumplíamos los sueños
mesiánicos de una superpotencia y satisfacíamos
la egolatría de nuestro caudillo, pero
¿murieron nuestros hijos, hermanos y padres
para que una pandilla se enriqueciera robándole
a su pueblo? ¿Qué dejamos en Angola?
¿Muerte, destrucción, desplazados,
hambre, desnutrición, una de las peores
crisis humanitarias de la historia y a una cuadrilla
de gente sin escrúpulos en el poder?
Según la ONC Testigo Global, entre tres
y cuatro mil millones de dólares desaparecieron
del presupuesto estatal en 2001. Los sobornos
y el tráfico ilegal de diamantes son práctica
común.
La verdadera escala de la devastación
comienza a ser apreciada en la medida en que las
organizaciones internacionales de ayuda humanitaria
han podido penetrar en algunas limitadas zonas
del país. En los pueblos en los que ha
podido desarrollar su trabajo Médicos sin
Frontera, las tasas de muerte superan cuatro,
cinco y hasta siete veces los niveles de crisis.
La organización considera que es la peor
crisis con la que ha lidiado. Los civiles angoleños
han sido las verdaderas víctimas de esta
guerra que comenzó "Carlota"
y que mantuvo por más de 15 años
a nuestros soldados en territorio ajeno, cumpliendo
el triste papel de protectores de un gobierno
títere. Triste ejemplo para ser recordado.
Triste realidad, suma y muestra del totalitarismo
tropical capitaneado por la triste figura de un
Napoleón de bolsillo. No hay nada que festejar,
y sí mucho que pensar para que la historia
no se repita.
¡Ay,
Carlota! (I)
¡Ay,
Carlota! (II)
¡Ay,
Carlota! (III)
¡Ay,
Carlota! (IV)
¡Ay,
Carlota! (V)
|