PRENSA INDEPENDIENTE
Diciembre 28, 2005
 

SOCIEDAD
Apuntes del tiempo perdido

José Antonio Fornaris, Cuba-Verdad

LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org) - El ómnibus, de los que en Canadá y Estados Unidos se utilizan para transportar escolares, pero que en La Habana están al servicio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), como iba casi vacío se detuvo en la esquina más transitada de la barriada Managua, donde había decenas de personas esperando algo en qué transportarse, a recoger pasajeros.

El inspector popular del transporte, persona que tiene la facultad de parar a los vehículos estatales, exceptuando a algunos, como los de las FAR, para que recojan a algún pasajero, estaba situado a cuarenta metros de donde se detuvo el ómnibus. Se acercó a reclamarle responsabilidad al conductor del vehículo. El chofer le dijo que él paraba donde le daba la gana. El inspector, ni corto ni perezoso, le lanzó un golpe al chofer por la ventanilla. El agredido se levantó de su asiento, pero ya con un cohete en la mano, arma que evidentemente lleva siempre consigo para cualquier percance que se presente.

El inspector, al ver la reacción del conductor, comenzó a buscar piedras en los alrededores para lanzarlas al chofer. A su vez, algunas personas de las que estaban en el ómnibus, asustadas, trataban de bajar, mientras que otras, que tal vez pensaron que era mejor aprovechar el ómnibus que asustarse, intentaban subir. Una señora, muy nerviosa, gritaba que la dejaran bajar, que había ido a la policlínica porque tenía la presión alta y que le iba a dar un infarto.

Algunos de los militares que viajaban en el ómnibus calmaron a los contrincantes. No obstante, el inspector fue a quejarse a un policía, pero éste, sabiamente, no reprimió, sino que sirvió de mediador.

Por fin, el ómnibus echó a andar, no sin antes golpearse el chofer a sí mismo, en la cara, con el ánimo de contener su ira.

Cuarenta minutos después, en el reparto Eléctrico, un "camello" (camión con arrastre para el transporte público) llegó a su primera parada. Se dirigía al Vedado con catorce personas ocupando casi la mitad de los treinta asientos con que cuenta este tipo de transporte.

Como era 16 de diciembre, vísperas de San Lázaro, uno de los santos más venerados en Cuba, el gobierno reforzó las rutas de ómnibus que se dirigen hacia la zona donde está el santuario a San Lázaro, sacando carros de las demás líneas. Por lo tanto, éstas se encontraban más críticas que de costumbre.

Previendo situaciones desagradables, fueron situados inspectores en los sitios donde las congestiones son más serias. Una inspectora exigió que bajaran del "camello" diez de los empleados que venían ocupando asientos, pues según lo establecido por la empresa de ómnibus, sólo deben ser cuatro.

Algunos de los empleados se negaron a bajar, alegando que el M-6 estaba pasando con una frecuencia de dos horas. La discusión que se armó (amenizada por palabrotas y la invitación de la inspectora a una pasajera a fajarse, porque quería continuar sentada) fue tal, que daba la impresión de que la estructura metálica del "camello" se estremecía.

Por fin, después de diez minutos en ese ajetreo, y ante la amenaza de la inspectora de que retiraría el derecho de continuar viaje al carro, la propia tripulación del "camello" (chofer y cobradores), le pidieron a sus compañeros que se bajaran.

Una hora después me encontraba en una casa de cambio de divisas (CADECA) de la calle Belascoaín, municipio Centro Habana, y de pronto, la gerente le dijo a la empleada que atendía en la ventanilla que detuviera su trabajo.

De inmediato apareció otra empleada con una torta de chocolate y un frasco de perfume. La jefa dijo que se trataba de un presente que sus compañeros le hacían por su cumpleaños.

Me uní al coro que le deseó felicidades a la empleada, y dije, sin que nadie me preguntara mi opinión, que era muy bueno que hiciéramos este tipo de cosas.

Todavía quedan en Cuba algunos reductos de buenas costumbres y gestos amables. Tal vez no todo se haya perdido.


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