PRENSA INDEPENDIENTE
Diciembre 28, 2005
 

HISTORIA
¡Ay, Carlota! (V)

Raúl Soroa

LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org) - Neto murió en 1979, y el liderazgo fue asumido por José Eduardo Dos Santos. Continuó la guerra contra las guerrillas de la UNITA, que contaban con el apoyo de incursiones militares de Sudáfrica en territorio angoleño, con la intención de perseguir a los insurgentes de Namibia y al mismo tiempo combatir el gobierno del MPLA, que los y les brindaba refugio y armas.

Las tropas cubanas se involucran de manera directa en los combates contra la guerrilla. Unidades especiales de "lucha contra bandidos" entrenadas por el régimen de La Habana combaten en el llamado frente Sur contra la UNITA, y en ocasiones escenifican cruentos enfrentamientos con los surafricanos.

La UNITA lleva a cabo una guerra de desgaste contra los ocupantes cubanos. Emboscadas, minas, francotiradores, trampas, veneno terminan con la vida de numerosos soldados y oficiales. La selva, los recodos del camino, la oscuridad, se convierten en símbolo de muerte. Las caravanas son emboscadas una y otra vez. No hay descanso, y los guerrilleros desaparecen como por arte de magia.

Angola es un sitio inseguro, peligroso para el ocupante extranjero, y poco vale la retórica marxista. Son enemigos, ocupantes indeseados. Ya los soldados cubanos no llaman camaradas a los angoleños, ahora son nativos. En el Sur es peor, allí Savimbi cuenta con el apoyo de la gran mayoría, y sus guerreros son ocultados, abastecidos y cuidados por la población. El Sur es la muerte.

Después de un largo período de cierto equilibrio asegurado por la presencia cubana, en los años 80 se incrementa la actividad de la UNITA, y el ejército de Sudáfrica penetra en Angola en varias ocasiones, cada vez a mayor profundidad.

El alto mando soviético decide establecer una defensa estática en torno a la localidad de Cuito Cuanavale e impedir el avance de los surafricanos. La Habana discrepa de este pensamiento táctico y propone atacar, pasar a la ofensiva, dar un golpe de gracia al apartheid. Con este fin concentra la mayor cantidad de tropas en su aventura africana -50 mil soldados- apoyados por unidades blindadas, artillería reactiva y aviación. Se construye un aeropuerto militar en las cercanías del frente para hacer más efectivo el uso de los Migs.

La situación se tornó verdaderamente peligrosa. Sudáfrica poseía armas nucleares y podía utilizarlas en caso de que sintiera amenaza sobre su territorio, y la gran concentración militar cubana no indicaba otra cosa. A pesar del consejo soviético, Castro continuó con sus planes. Sudáfrica amenazó con usar sus armas atómicas. El pueblo de Cuba desconocía el peligro que se cernía sobre sus soldados. Los combatientes desconocían el peligro, Castro lo ocultó. En caso de un golpe nuclear no disponían de medios para defenderse, y serían exterminados.

La historia siguiente es bien conocida. Al final, Sudáfrica no se decidió a utilizar sus bombas atómicas, y en la batalla de Cuito Cuanavale el ejército cubano, armado con lo último de la técnica militar soviética, les infligió una costosa derrota. "Los Migs nos partieron el corazón", escribía en un muro acribillado por la metralla un soldado anónimo surafricano.

Las bajas de ambos mandos fueron cuantiosas, la superioridad aérea y de tanques inclinó la balanza a favor de los cubanos. Nunca se han dado las cifras de bajas en esos duros días de combate, pero las huellas en el terreno, la destrucción y los cadáveres indicaban que la batalla fue de gran violencia.

En agosto de 1988, en las negociaciones realizadas por Angola, Sudáfrica y Cuba se acordó un plan de paz que incluía la independencia para Namibia. En mayo de 1991 abandonaron Angola las últimas tropas cubanas, y el gobierno central firmó un cese al fuego acordado con UNITA que sería supervisado por observadores de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En las elecciones celebradas en septiembre de 1992 el MPLA consiguió 129 de los 220 escaños del nuevo Parlamento, y UNITA obtuvo 70, mientras que Dos Santos derrotó a Savimbi en la votación por la presidencia. UNITA rechazó los resultados de las elecciones al considerarlos un fraude completo y reanudó su campaña militar. Un nuevo plan de paz respaldado por la ONU, negociado en Lusaka (Zambia) en 1994, fracasó en su intento de resolver el conflicto y poner fin a una de las guerras civiles con mayor número de muertos en el mundo.

Tras un período de estancamiento, el 1 de marzo de 1996 Dos Santos y Savimbi acordaron formar un gobierno de unidad, así como un único ejército antes de julio de 1996, aunque todo ello no se produjo hasta el 8 de abril de 1997, cuando el Parlamento angoleño aprobó un estatuto especial para Jonas Savimbi, y tres días después se constituyó un nuevo gobierno de unidad y reconciliación nacional que aparentemente puso fin a 19 años de guerra civil.

En octubre de 1997 la guerrilla de UNITA cedió al gobierno la ciudad de Cuango, al este de la provincia de Luanda Norte, muy cerca de la frontera con la República Democrática del Conto, y el control de la vecina mina de diamantes de Luzamba, una de sus principales fuentes de ingreso.

La desmovilización de tropas prevista para 1998 se vio obstaculizada por los continuos retrasos e incumplimientos por parte de MPLA. Así, durante el mes de julio se produjo un agravamiento de la situación en Angola, que meses más tarde degeneró en una situación bélica, con ataques a las refinerías petrolíferas y a las plantas industriales más importantes del país africano.

En diciembre de 1998 UNITA intensificó su ofensiva, y en enero de 1999 los observadores de la ONU se vieron obligados a abandonar el país sin lograr la paz, al mismo tiempo que la reanudación de los combates provocó desplazamientos de cientos de miles de angoleños y un auténtico desastre humanitario. El día 27 de ese mes, Dos Santos consideró roto el plan de paz acordado en 1994, y pocos días después asumió todos los poderes del Estado para hacer frente a la guerrilla, rearmada gracias al control que ejercía sobre diversas zonas diamantíferas.

La situación angoleña pasó en los primeros años del siglo XXI por dos nuevas y decisivas circunstancias. En agosto de 2001 Dos Santos anunció su intención de no presentarse a las elecciones que -dependiendo del curso de la guerra- tendrían lugar en 2002 ó 2003. Por otra parte, en febrero de 2002 Savimbi falleció en un enfrentamiento con tropas del gobierno. Los acontecimientos se precipitaron, y el 30 de marzo el general Geraldo Nunda, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, y Abreu Muengo Ukwachitembo (Abreu Kamorteiro), como cabeza visible de UNITA, sellaron un decisivo alto al fuego. El 4 de abril el gobierno y UNITA firmaron en Luanda un histórico acuerdo que, retomando el Protocolo de Paz de Lusaka (1994), ponía fin a las hostilidades y contemplaba la convocatoria de elecciones en un plazo máximo de dos años, así como la integración de los miembros de la guerrilla en el ejército.


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