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HISTORIA
¡Ay,
Carlota! (V)
Raúl Soroa
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- Neto murió en 1979, y el liderazgo fue
asumido por José Eduardo Dos Santos. Continuó
la guerra contra las guerrillas de la UNITA, que
contaban con el apoyo de incursiones militares
de Sudáfrica en territorio angoleño,
con la intención de perseguir a los insurgentes
de Namibia y al mismo tiempo combatir el gobierno
del MPLA, que los y les brindaba refugio y armas.
Las tropas cubanas se involucran de manera directa
en los combates contra la guerrilla. Unidades
especiales de "lucha contra bandidos"
entrenadas por el régimen de La Habana
combaten en el llamado frente Sur contra la UNITA,
y en ocasiones escenifican cruentos enfrentamientos
con los surafricanos.
La UNITA lleva a cabo una guerra de desgaste
contra los ocupantes cubanos. Emboscadas, minas,
francotiradores, trampas, veneno terminan con
la vida de numerosos soldados y oficiales. La
selva, los recodos del camino, la oscuridad, se
convierten en símbolo de muerte. Las caravanas
son emboscadas una y otra vez. No hay descanso,
y los guerrilleros desaparecen como por arte de
magia.
Angola es un sitio inseguro, peligroso para el
ocupante extranjero, y poco vale la retórica
marxista. Son enemigos, ocupantes indeseados.
Ya los soldados cubanos no llaman camaradas a
los angoleños, ahora son nativos. En el
Sur es peor, allí Savimbi cuenta con el
apoyo de la gran mayoría, y sus guerreros
son ocultados, abastecidos y cuidados por la población.
El Sur es la muerte.
Después de un largo período de
cierto equilibrio asegurado por la presencia cubana,
en los años 80 se incrementa la actividad
de la UNITA, y el ejército de Sudáfrica
penetra en Angola en varias ocasiones, cada vez
a mayor profundidad.
El alto mando soviético decide establecer
una defensa estática en torno a la localidad
de Cuito Cuanavale e impedir el avance de los
surafricanos. La Habana discrepa de este pensamiento
táctico y propone atacar, pasar a la ofensiva,
dar un golpe de gracia al apartheid. Con este
fin concentra la mayor cantidad de tropas en su
aventura africana -50 mil soldados- apoyados por
unidades blindadas, artillería reactiva
y aviación. Se construye un aeropuerto
militar en las cercanías del frente para
hacer más efectivo el uso de los Migs.
La situación se tornó verdaderamente
peligrosa. Sudáfrica poseía armas
nucleares y podía utilizarlas en caso de
que sintiera amenaza sobre su territorio, y la
gran concentración militar cubana no indicaba
otra cosa. A pesar del consejo soviético,
Castro continuó con sus planes. Sudáfrica
amenazó con usar sus armas atómicas.
El pueblo de Cuba desconocía el peligro
que se cernía sobre sus soldados. Los combatientes
desconocían el peligro, Castro lo ocultó.
En caso de un golpe nuclear no disponían
de medios para defenderse, y serían exterminados.
La historia siguiente es bien conocida. Al final,
Sudáfrica no se decidió a utilizar
sus bombas atómicas, y en la batalla de
Cuito Cuanavale el ejército cubano, armado
con lo último de la técnica militar
soviética, les infligió una costosa
derrota. "Los Migs nos partieron el corazón",
escribía en un muro acribillado por la
metralla un soldado anónimo surafricano.
Las bajas de ambos mandos fueron cuantiosas,
la superioridad aérea y de tanques inclinó
la balanza a favor de los cubanos. Nunca se han
dado las cifras de bajas en esos duros días
de combate, pero las huellas en el terreno, la
destrucción y los cadáveres indicaban
que la batalla fue de gran violencia.
En agosto de 1988, en las negociaciones realizadas
por Angola, Sudáfrica y Cuba se acordó
un plan de paz que incluía la independencia
para Namibia. En mayo de 1991 abandonaron Angola
las últimas tropas cubanas, y el gobierno
central firmó un cese al fuego acordado
con UNITA que sería supervisado por observadores
de la Organización de las Naciones Unidas
(ONU). En las elecciones celebradas en septiembre
de 1992 el MPLA consiguió 129 de los 220
escaños del nuevo Parlamento, y UNITA obtuvo
70, mientras que Dos Santos derrotó a Savimbi
en la votación por la presidencia. UNITA
rechazó los resultados de las elecciones
al considerarlos un fraude completo y reanudó
su campaña militar. Un nuevo plan de paz
respaldado por la ONU, negociado en Lusaka (Zambia)
en 1994, fracasó en su intento de resolver
el conflicto y poner fin a una de las guerras
civiles con mayor número de muertos en
el mundo.
Tras un período de estancamiento, el 1
de marzo de 1996 Dos Santos y Savimbi acordaron
formar un gobierno de unidad, así como
un único ejército antes de julio
de 1996, aunque todo ello no se produjo hasta
el 8 de abril de 1997, cuando el Parlamento angoleño
aprobó un estatuto especial para Jonas
Savimbi, y tres días después se
constituyó un nuevo gobierno de unidad
y reconciliación nacional que aparentemente
puso fin a 19 años de guerra civil.
En octubre de 1997 la guerrilla de UNITA cedió
al gobierno la ciudad de Cuango, al este de la
provincia de Luanda Norte, muy cerca de la frontera
con la República Democrática del
Conto, y el control de la vecina mina de diamantes
de Luzamba, una de sus principales fuentes de
ingreso.
La desmovilización de tropas prevista
para 1998 se vio obstaculizada por los continuos
retrasos e incumplimientos por parte de MPLA.
Así, durante el mes de julio se produjo
un agravamiento de la situación en Angola,
que meses más tarde degeneró en
una situación bélica, con ataques
a las refinerías petrolíferas y
a las plantas industriales más importantes
del país africano.
En diciembre de 1998 UNITA intensificó
su ofensiva, y en enero de 1999 los observadores
de la ONU se vieron obligados a abandonar el país
sin lograr la paz, al mismo tiempo que la reanudación
de los combates provocó desplazamientos
de cientos de miles de angoleños y un auténtico
desastre humanitario. El día 27 de ese
mes, Dos Santos consideró roto el plan
de paz acordado en 1994, y pocos días después
asumió todos los poderes del Estado para
hacer frente a la guerrilla, rearmada gracias
al control que ejercía sobre diversas zonas
diamantíferas.
La situación angoleña pasó
en los primeros años del siglo XXI por
dos nuevas y decisivas circunstancias. En agosto
de 2001 Dos Santos anunció su intención
de no presentarse a las elecciones que -dependiendo
del curso de la guerra- tendrían lugar
en 2002 ó 2003. Por otra parte, en febrero
de 2002 Savimbi falleció en un enfrentamiento
con tropas del gobierno. Los acontecimientos se
precipitaron, y el 30 de marzo el general Geraldo
Nunda, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas,
y Abreu Muengo Ukwachitembo (Abreu Kamorteiro),
como cabeza visible de UNITA, sellaron un decisivo
alto al fuego. El 4 de abril el gobierno y UNITA
firmaron en Luanda un histórico acuerdo
que, retomando el Protocolo de Paz de Lusaka (1994),
ponía fin a las hostilidades y contemplaba
la convocatoria de elecciones en un plazo máximo
de dos años, así como la integración
de los miembros de la guerrilla en el ejército.
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