|
SOCIEDAD
La isla de los ricos
Oscar Sánchez Madan
MATANZAS, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- Joel, un joven que cambia chavitos (pesos convertibles)
por pesos en las calles de Matanzas, tiene que
estar muy atento a los operativos policiales ya
que, según dice, las cosas en Cuba no andan
nada bien.
Él, como muchos cubanos, siente sobre
sus hombros el peso de una batalla que, dice el
gobierno, se libra contra la corrupción.
Por su parte Manuel, un septuagenario vendedor
de bolsas de nylon, tiene que escoger entre la
muerte por inanición o las elevadas multas
de los inspectores que acuden diariamente al agro
mercado La Plaza a hacer su trabajo. Los inspectores
estatales y los agentes del orden califican sus
esfuerzos por sobrevivir como actividad económica
ilícita porque no posee la licencia que
entregan a quienes ellos quieren, los gobernantes
de la Isla.
El "Chino", un tímido muchacho
al que no le gusta dar su nombre a desconocidos,
chofer de una empresa, dice que ya no puede sustraer
combustible del auto que conduce, porque desde
que el jefe supremo dio la orden de atacar a los
nuevos ricos, la cosa en el país se puso
mala para la gente de abajo. Y su otro jefe, el
inmediato superior lo excluyó del viejo
y lucrativo negocio de gasolina del que ambos
se beneficiaban.
Mercedes, Roberto y Miguel, vecinos del reparto
Los Mangos lamentan no poder comprar la carne
de res que les vendía un amigo, y que gustosamente
digerían sus hijos. Ahora dicen que en
el combinado cárnico la cosa está
que arde.
Mara, la costurera de Pueblo Nuevo, se come las
uñas de los 10 dedos de sus manos porque
el máximo líder ordenó que
se le aprieten más las clavijas a quienes
reciben ayuda económica del extranjero.
Su esposo Gerardo no deja de echar palabrotas
ante el inusitado incremento de las tarifas eléctricas.
Con indignación afirma que los comunistas
no dejan que la gente prospere en Cuba.
Así las cosas, la relación de los
"nuevos ricos" es extraordinariamente
extensa. Ellos, perennes buscadores de riquezas,
no cuentan con la abundancia material de los viejos
ricos, los que gobiernan, dirigen y controlan
la industria, la agricultura y todos los bienes
del país. Ellos no viajan con sus hijos
al extranjero ni viven en palacetes de zonas francas,
ni andan por las ciudades en autos con aire acondicionado,
ni guardan millones de dólares en bancos
suizos. Su riqueza está allí, en
ese lugar inhóspito donde se mezclan la
lucha por la sobrevivencia y la esperanza de que
algún las cosas cambien en Cuba.
|